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Triodos, el “banco ético” que racanea a sus clientes

El "banco ético" holandés ha sido condenado por dos juzgados, en Pamplona y en Barcelona, a devolver el dinero aportado por los clientes que suscribieron los llamados CDA, unos productos financieros que se vieron afectados por la crisis de la COVID-19

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análisis

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Triodos, el “banco ético” holandés, que dice defender las inversiones ecológicas y sostenibles, y la responsabilidad social corporativa por encima de los beneficios que pueda obtener, ha sido condenado por dos juzgados, en Pamplona y en Barcelona, a devolver el dinero aportado por los clientes que suscribieron los llamados CDA, unos productos financieros que se vieron afectados por la crisis de la COVID-19. A raíz de la situación generada por la pandemia, la entidad financiera decidió bloquear estos depósitos que reportaban dividendos a sus titulares, sin derechos de negociación de los mismos, ya que estos derechos se reservan a la fundación propietaria.

En la última sentencia conocida, el juez de Barcelona es rotundo y declara que la nueva situación generada tras la crisis de la COVID-19 ha provocado que los clientes que adquirieron CDA “estén sufriendo la materialización de unos riesgos imprevistos en el contrato, esto es, la imposibilidad de recuperar sus ahorros en el momento en que los necesiten y una pérdida de valor patrimonial inaceptable”. En este caso, Triodos tiene que devolver 16.228 euros más los gastos de custodia y los intereses.

Miles de clientes del banco se encuentran atrapados sin poder recuperar el dinero invertido debido a que sus participaciones no pueden negociarse en estos momentos. Triodos considera que los contratos que suscribieron no les obligan a ejecutar esas devoluciones. Los jueces que les han condenado consideran que el banco incumplió dichas obligaciones.

Los títulos que suscribían los clientes se contrataban como participaciones indirectas en el banco que las utilizaba para financiar sus proyectos. Se cobraban dividendos, pero no suponían derecho a voto en las decisiones de la entidad, potestad que se reserva exclusivamente a la fundación propietaria.

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A raíz del estado de alarma generado por la pandemia, que prácticamente paralizó la actividad financiera, el banco suspendió el mercado interno de cotización de los CDA. Una vez pasada la crisis, al reabrir dicho mercado, había muchos más clientes que querían vender los títulos que opciones de compra. Ello obligó a la entidad a buscar una alternativa consistente en la puesta en marcha de un mercado similar a una bolsa de valores donde se podrían intercambiar estos títulos. Pero para entonces muchos clientes vieron que los títulos habían perdido gran parte de su valor, lo que se tradujo en varias demandas en los juzgados contra Triodos.

El banco se niega a devolver ese dinero. Sostiene que no tienen obligación alguna de hacerlo porque el contrato no señala nada al respecto. Para ellos este producto son similares a unas acciones. Si por circunstancias del mercado, pierden su valor, es el inversor el que pierde, nunca el depositario de esos títulos. Un argumento que, hasta ahora, los jueces rechazan. Consideran que este es un producto financiero y, como tal, está protegido por la legislación vigente.

Lo que ocurre, en realidad, es que el banco captó muchos fondos a través de este producto. Unos fondos para financiar sus famosos “proyectos verdes”. Esos de los que tanto presume la entidad que se autodenomina “banca ética”. “Otra forma de hacer banca es posible”, es su slogan publicitario. “Cada vez más clientes optan por un banco diferente, personas que saben que es posible transformar el mundo desde las finanzas. Por eso, con el dinero de nuestros ahorradores e inversores solo financiamos proyectos sociales, medioambientales y culturales. Porque otra manera de hacer banca es posible” reza su ideario.

La realidad es bien diferente. En España han financiado algo más de 21.000 viviendas que califican de “sostenibles” pero, al final, han tenido que renunciar a las bonificaciones hipotecarias que ofrecían debido a los bajos tipos de interés. Sus objetivos, de momento, han tenido que ser aparcados. Y eso se nota en su cuenta de resultados y, por lo tanto, en los dividendos ofrecidos a través de sus productos.

Los clientes se sienten engañados y exigen la devolución de sus inversiones. Y el caso es que los juzgados les están dando la razón. Ahora hay que ver si estas sentencias adquieren firmeza una vez se hayan estudiado los recursos presentados por la entidad holandesa.

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