Me lees, así que haciéndome spoiler, ya sabes que sobrevivo y aún así, necesito contártelo como terapia, quizás, para sacar si queda algo de la tensión acumulada en algún recóndito lugar de mi cuerpo.

Lo peor suele estar en nuestra mente, en esos previos llenos de «¿y si…?», de escenas de pelis que quedaron grabadas en tu exceso de empatía.

Amenazaba cambio en el tiempo, pero con la ilusión de la optimista, ¿cómo no se iban a abrir las nubes a la hora de cruzar el charquito, para que el sol se desparramara sobre unas aguas que calmarían un oleaje previsto de 2,5 m?

En las dos noches previas, mis sueños se llenaron de olas estilo «La tormenta perfecta» capaces de engullir al mismísimo George Cloney, pero imposibles para este trocito de mar que separa Tabarca de Santa Pola. Al despertar, mi mente racional me insiste que esta gente de mar, ni se plantearía sacar las barcas si realmente hubiera peligro, y en ese caso, me ahorraría hacer el ridículo plantándome, prefiriendo perder la reserva del hotel a jugarme el pellejo. Pero no, compramos los tickets del barco con un «no hay peligro» sonriente.

Lo de menos es el mareo. A tu alrededor, las olas juegan con tu serenidad aunque no dejas de ver la isla ahí enfrente y tu lado sensato te recuerda que aquí, ni pirañas ni serpientes, puede que alguna medusa y algún pececito… pero está tan oscuro hay abajo ¿y si algún tiburón despistado es arrastrado hacia aquí? Ya sé que son buenos, pero…¿ y si éste es de los malos?

Con la fuerza de las olas, ya puede venir «La liga de la Justicia» al completo para rescatarnos como el barquito bambolee un poco más. Mis dedos se aferran con tensión a la butaca y a la ventana, mientras intento disimular hablando de las gaviotas felizmente posadas sobre el agua y es entonces, cuando mis hijas me cogen la mano para decirme que no pasará nada… la tensión me rompe, como copa de cristal que estalla en lágrimas contenidas, silenciosas bajo unas gafas tan fashion, tan azules… y da igual, ni soy famosa ni hay paparazzis.

El destino cada vez más grande, nos permite ver con claridad cómo la espuma de mar choca contra sus muros, respiro hondo.

Ya casi está, mis pesadillas no se cumplirán, nos queda mucho por recorrer.

Llegamos justo antes de que empeore, ya no saldrán mas barcas. Mañana sale el sol de verdad para regresar con el otro lado de la moneda.

Mis pies en tierra y mi cabeza con quienes se juegan la muerte en travesías, buscando vidas nuevas mientras yo tengo la suerte de viajar por placer. Y no hay suficientes Open Arms, esa liga de superhéroes reales que seguro también lloran en la intimidad.

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