Pedro Sánchez empieza a encontrarse ciertamente solo en su nueva aventura para formar Gobierno. Al presidente en funciones le ponen palos en las ruedas por todos los flancos, a izquierda y a derecha, por el centro y por la periferia, unionistas e indepes. Es como si todos se hubiesen conjurado contra él y así la misión de la investidura se antoja más imposible que nunca. A estas horas, a falta de unos días para que empiecen las rondas de conversaciones, podría decirse que el futuro de Sánchez en la Moncloa sigue siendo oscuro tirando a negro.

Pablo Casado ya ha dicho que el PP no se abstendrá para que haya un Gobierno socialista. No se aprecia ni un ápice de sentido de Estado en el líder de la fragmentada oposición. En la misma línea se ha manifestado Ciudadanos, el partido que a pesar de encontrarse inmerso en un proceso de derribo y liquidación tras el descalabro del 10N sigue instalado en el “no es no” a Sánchez. Mientras tanto, en Cataluña, ese lejano poblado irredento donde el Obélix Torra sigue hostigando a las tropas hispanorromanas, nada se mueve y nada parece indicar que las fuerzas soberanistas vayan a favorecer una investidura. Junts per Catalunya sigue con el raca raca del referéndum de autodeterminación (órdenes de Waterloo) mientras ERC, maniatado como está, tiene poco margen de actuación. Lo último es que el partido de Gabriel Rufián someterá la decisión última a su militancia en una consulta con una pregunta tal que así: “¿Estás de acuerdo con rechazar la investidura de Sánchez si previamente no hay un acuerdo para abordar el conflicto político con el Estado a través de una mesa de negociación?” Solo les ha faltado añadir una nota aclaratoria al margen que diga: “Todo aquel que vote a favor de la investidura de Pedro es un botifler, que lo sepa”. Y es que lo asambleario, en los tiempos vertiginosos y atomizados que vivimos, lo está complicando todo un poco más.

Pero al candidato socialista no solo le están poniendo velas negras fuera de su casa para que fracase. También dentro, en la misma sede de Ferraz. No extrañaría que algunos barones socialistas incluso le estén haciendo el vudú para que no pacte finalmente con Pablo Iglesias y Unidas Podemos. A la seria advertencia de Felipe González de hace unos días, cuando criticó que se hubiera empezado la negociación por los “sillones para Juanito” y no por los programas, se unen las declaraciones de ayer del siempre excesivo e incontenible Alfonso Guerra, quien ha advertido de que Podemos no es un partido “demócrata” y ha reclamado no darle “legitimidad” política a los morados, ya que a su juicio lo que buscan es “sustituir el sistema democrático”.

Guerra ha estado duro, lo que demuestra el nivel de preocupación e inquietud en el ala conservadora socialista. “El de Podemos sabe lo que quiere, pero es hipócrita y no lo dice (…) Quiere sustituir el sistema democrático, terminar con el régimen del 78”, ha sentenciado. Guerra confiesa que hará todo lo posible y lo que esté en su mano “para que no lo logren”, es decir, que el boicot y la conspiración contra Sánchez ya no se oculta y el candidato haría bien en mirar a su espalda cuando camine por los oscuros pasillos de Ferraz, no vaya a ser que le ocurra como cuando se la jugaron en aquel histórico Comité Federal en el que fue navajeado a conciencia, con premeditación y alevosía.

Todo son emboscadas, trampas, argucias y sucias celadas alrededor de Sánchez. No cuenta con el apoyo de casi nadie (de hecho tiene un tigre morado en su cama dispuesto a saltar sobre él y devorarlo en cualquier momento) y lo que es aún peor: los poderes fácticos empresariales y financieros ya le han dicho que con Iglesias no. Un ejemplo: la patronal CEOE ha emitido un comunicado de urgencia en el que pide que “se exploren opciones de Gobierno que garanticen estabilidad política y moderación”. Más claro agua.

No lo va a tener nada fácil el presidente del Gobierno en funciones para construir su muñeco de Frankenstein. A estas horas podría decirse que, más allá de Unidas Podemos, solo cuenta con el apoyo de Revilla, quizá (quién sabe) con el PNV, con Teruel Existe (siempre que cumpla su promesa de llevar el AVE por aquellas tierras dejadas de la mano de Dios) y poco más. Escaso bagaje para presentarse con garantías de éxito en la Zarzuela.

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