La escritora María Reig presenta su segunda novela, Una promesa de juventud. Foto: Paco Navarro.

La escritora barcelonesa María Reig (1992) se formó como periodista, pero desde muy pronto, apenas tenía 24 años, decidió que quería probar suerte en el siempre complejo mundo de la literatura. Su primera experiencia con la novela Papel y tinta supuso de entrada el espaldarazo que necesitaba para una prometedora carrera. En febrero de 2018 se embarcó en una campaña de captación de crowdfunding para recaudar fondos para la promoción de su libro. En 24 horas el objetivo estaba cumplido y el sueño de ser escritora nada más que había hecho empezar. Ahora, con su segunda novela, Una promesa de juventud (Suma de Letras), confirma los mimbres de una escritora con nervio y las ideas muy claras.

Después del original nacimiento de Papel y tinta, que la catapultó con su primera novela en el siempre difícil universo de la literatura, ¿todo ha ido más fácil con Una promesa de juventud, o todo lo contrario, le ha exigido más esfuerzo y compromiso con sus lectores?

Hay una parte innegable que ha sido mucho más fácil y es tener a un equipo editorial que confía previamente en mí. Pero es cierto que, tras una primera novela, tienes que lidiar con el miedo a decepcionar, a no cumplir expectativas. Comencé a escribir Una promesa de juventud mucho antes de que Papel y Tinta llegara a las librerías, así que no partía de un folio en blanco. Sin embargo, en las últimas fases de trabajo, sí había muchos días en los que pensaba, de pronto: ¿y si la gente se espera otra cosa? Al final, me recordaba a mí misma la máxima con la que escribo desde siempre: disfrutar de lo que hago. Estaba pasándomelo igual de bien que con Papel y Tinta, aprendiendo, creando, poniendo el mismo mimo en cada detalle. Lo demás, a fin de cuentas, es incontrolable.

El internado femenino en la Suiza de 1939 “era como una Sociedad de Naciones en miniatura”

Su nueva novela la lleva hacia la neutral Suiza en pleno inicio de la Segunda Guerra Mundial. ¿Dónde halló el germen de su historia?

Había una imagen en mi mente desde los trece años: dos internados, un bosque. En la etapa final de Papel y Tinta, reflexioné muchísimo sobre esta idea y analicé posibles contextos y localizaciones. El concepto internado me llevó enseguida a Suiza y, de ahí, retrocedí en el tiempo y me detuve en uno de los episodios que más han marcado a la humanidad en la Historia reciente: la Segunda Guerra Mundial. Comencé a buscar información, a encajar piezas y di con ese contexto tan particular: colegios con alumnado internacional en un país neutral pero que se halla en el epicentro de Europa, cada vez más rodeado por influencia de Hitler.

Un colegio internacional femenino y su misterioso cierre acaparan la atención de una investigadora de Oxford. ¿Qué puede haber de intrigante en un lugar tan peculiar como ese en un momento histórico crucial?

El secretismo. Caroline está obsesionada con su investigación, adora la Historia y siente especial atracción por la Segunda Guerra Mundial por motivos familiares. Encontrarse con puertas cerradas a cal y canto siempre deja una sensación de que se está ocultando algo. Y ella necesita saber, necesita comprender. Por varios motivos. Uno en concreto la lleva hasta Zúrich, donde se reúne con Charlotte, una antigua alumna que aumenta la intriga e incógnitas que siente Caroline, a la vez que retroceden juntas en el tiempo a ese último curso, el de 1939-1940.

Algo que destaca de Una promesa de juventud, al igual que se aprecia en su primera novela, es su obsesión casi por la minuciosidad y el detalle histórico. ¿Sin una buena base es imposible que se sostenga ninguna historia?

Yo creo que cada autor tiene su forma de trabajar, pero, para mí, es muy importante tener una base de documentación antes de comenzar a escribir. Me gusta, dentro de la ficción, tener siempre un hilo de conexión con la realidad. ¡Lo hace todo más emocionante!

Imagino que el trabajo de documentación habrá ocupado una parte importante en el proceso de escritura de su novela. ¿Es así?

Sí. Hubo una parte previa y otra que se extendió durante todo el proceso de creación. Me gusta seguir consultando datos conforme avanzo. Como te comentaba, comencé a trabajar en Una promesa de juventud hace tiempo, a mediados de 2017. Aunque lo he alternado con las últimas correcciones de Papel y Tinta y todo su lanzamiento, he dedicado periodos extensos de estos tres años a trabajar en ella en exclusiva.

¿Qué ambiente se respiraba en estos colegios internacionales?

Una de las fuentes que consulté fue un libro conmemorativo que editó el colegio Brillantmont International School por su 120 aniversario. En él comentaban que, en vísperas del inicio de la guerra, el internado era como una Sociedad de Naciones en miniatura. Creo que es un concepto que refleja bastante bien el ambiente tan especial que existió: alumnos de países diversos –beligerantes o no– dialogando, conviviendo, construyendo vínculos que el fluir de la Historia, después, cuestionaría.

El temor a una invasión nazi siempre estuvo presente entre los suizos y usted recoge en su novela detalles de la operación Tannenbaum. ¿Cree que fue fruto sólo de la casualidad que Hitler no decidiera finalmente invadir Suiza?

Bueno, no considero que las casualidades existan. Pienso que se priorizaron otros frentes, a nivel militar, y que, desde el punto de vista económico, a todo el mundo le interesó tener su dinero a buen recaudo, en un país neutral. También es cierto que, al margen de la estrategia de la Alemania nazi, Suiza era un país con una compleja topografía y suponía un enorme desgaste para un territorio no demasiado extenso. Pienso que eso determinó que lo pospusieran. Después, en el 41, con el giro en la guerra, Suiza debió de ir bajando posiciones en la lista de objetivos.

Su novela es un canto a la intolerancia por encima de banderas e ideologías. ¿Seguimos sin aprender la lección casi un siglo después?

Hay lecciones que se nos resisten a los seres humanos… Quiero pensar que avanzamos, pero sigue siendo extremadamente tentador culpar al distinto de todos los males, verlo como contrario, como el enemigo.

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