El ser humano siempre ha querido ejercer una superioridad sobre los demás para que su vida así le resulte más fácil, sí, para aprovecharse de ellos con una cierta ventaja de dominación o meramente para destacar sobre ellos (por crear socialmente una importancia a su favor).

Desde la noche de los tiempos, el ser humano nunca paró en conseguir un control o una supeditación del medio para sus propios intereses, eso es, inclinado a un antropocentrismo inevitable pero siempre, por defecto gregario, determinando él unos beneficios aventajados para un ego concreto en prioridad (consciente o inconsciente).

Por ello, en su comunidad, consigue primero la obvia supeditación de la mujer totalmente a sus ambiciones-deseos-caprichos; y luego consigue la supeditación de otros seres humanos débiles o de los que no tenían ése poder o tanto poder que él sí ejercía sobre los demás.

En claro, solo era en realidad posible la supeditación a través de un poder-superioridad; no obstante, tal poder (que actúa él solo por una posicionalidad superior o superioridad ejercida sobre otros) podía ser de origen físico (de fuerza física) o, bien, podía también ser de una acumulación de recursos vitales o de unos recursos de presión comunal que solo estaban en manos de alguien en concreto.

Eso era (y es, aun ahora) el tener un poder, por el cual siempre había unas consecuencias de imparables beneficios hacia la voluntad “altanera” de un ser humano. Sí, porque el poder de supeditación (ése muy definido que se aprovecha de una desventaja-debibilidad ya de los demás) solo racionalmente se distingue en que incide en la voluntad de otros, y los pone cada vez más “a sus pies”, ¡siempre!, los pone que aguanten ciertas cosas, a que consientan todo el Sistema “tal como está”, a que sean bobos-sumisos-sirvientes nunca cuestionando un establecido “tener formas” conductuales que objetivamente beneficia en inmoralidad solo a unos, ¡exacto!

El tener poder es que cierta voluntad (“una” con ciertas ventajas irracionales) se beneficia en sociedad, en un sí o sí, aunque otras voluntades se contrapongan a ello.

El tener poder es que un “yo” se contrapone a que otros “yoes” influyan socialmente (aun sin avalarse por razón) más que él mismo; pero, en ésa contraposición, además vence-triunfa.

El tener poder es que algo social (una regla, una infraestructura o una inercia social) sigue irracionalmente prevaleciendo solo porque unos tienen dinero o tienen más voz (ellos más que los demás) o tienen influencias (ellos más que los demás) o tienen más derechos (ellos más que los demás) o tienen informaciones-desinformaciones (ellos más que los demás) o tienen complicidades con el mal-error (ellos más que los demás) o tienen licencias para no ayudar al que razona (ellos más que los demás) o tienen mentiras hasta en la sopa (ellos más que los demás) o tienen….  ése miserable vacío de conciencia en sus inhumanas vidas.

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