El país, desesperado y angustiado, ya no sabe cómo escapar a la distopía obsesiva y en bucle de la pandemia y ha encontrado en la llamada “telebasura” un oasis de libertad en medio de tanto espanto, tanto dolor y tanta muerte. Nos habían vendido la idea de que el confinamiento iba a servirnos para leer más a los clásicos, para ponernos al día en las sesudas series de Netflix y para probar nuevas recetas de cocina, y al final resulta que millones de españoles se han enganchado otra vez a Telecinco para seguir de cerca la última hora sobre el culebrón del tertuliano político Alfonso Merlos y la misteriosa señorita que se paseaba en cueros por el salón de su casa. El episodio está arrasando en las redes sociales −ya ha sido trending topic mundial en Twitter−, y por lo visto también ha destrozado las audiencias de televisión.

Los datos sobre cuotas de pantalla del sábado noche, con todo el país encerrado en sus hogares, suponen un experimento sociológico demoledor. Según los sondeos de las empresas demoscópicas televisivas, el programa Sábado Deluxe arrasó con un 20 por ciento de share, lo que supone que más de tres millones de espectadores estaban pendientes de las andanzas del triángulo amoroso formado por Alfonso Merlos, Alexia Rivas y Marta López. La quinta entrega más vista de la historia solo superada por el regreso de Belén Esteban a los platós. De lejos, el programa de Jorge Javier Vázquez fue el más visto del sábado y aportó el 33 por ciento de toda la audiencia de la cadena ese día, un dato apabullante, sobre todo si tenemos en cuenta que esa misma noche, en La Sexta, era entrevistado el vicepresidente segundo del Gobierno, Pablo Iglesias, quien dio cuenta de los últimos avances contra la pandemia. El líder de Unidas Podemos, otro animal televisivo, nada pudo hacer contra el poderoso culebrón de Telecinco sobre la pillada sexual más antológica de la historia, y se quedó en apenas un ocho por ciento de cuota de pantalla. Lo cual demuestra, una vez más, que a los españoles les interesa más el morbo y el cotilleo de un sucio affaire sentimental que la aburrida política.

El asunto Merlos viene a demostrar varias cosas. La primera que Jorge Javier Vázquez, un presentador astuto y avezado siempre atento al filón de la bragueta del famoso, ha estado rápido a la hora de explotar el último entremés romántico de la fauna hispana e incluso ha sabido trabajarse el producto para venderlo como el caso que “pone en jaque a la derecha mediática”. Vázquez sabe jugar con los sentimientos de sus fans y en estos momentos de zozobra mundial mezclar sexo con política es pura dinamita para las audiencias. Su fórmula basada en dotar de un respirador artificial a la sociedad, de una válvula de escape para los problemas de la gente, sigue funcionando tan eficazmente como la de la Coca Cola. Si en el Decamerón de Boccaccio los personajes aterrorizados por la peste bubónica se refugiaban en una villa a las afueras de Florencia para contarse cuentos de todo tipo, también eróticos, Jorgeja entretiene a la parroquia con sus relatos verdes evasivos. Al fin y al cabo la naturaleza se mueve por dos pulsiones: amor y destrucción. O como dijo Faulkner: “El sexo y la muerte: la puerta de adelante y la puerta de atrás del mundo”.

“No me parece lógico generar más ansiedad”, asegura Vázquez, el rey Midas de Telecinco, que estos días lleva en danza varias pistas trepidantes como Sálvame, Supervivientes y Sábado Deluxe, reductos en los que han decidido refugiarse muchos españoles aterrados y ansiosos por evadirse de la enfermedad y del gran drama nacional. “Me siento incapaz desde mi posición, muchísimo más privilegiada respecto al resto de la población, de salir cada tarde y estar bombardeando con noticias negativas. No me parece lógico que a esa gente que acude a ver un programa de entretenimiento le introduzcas más ansiedad y más miedos. Cuando pones Sálvame, sabes lo que vas a ver”, insiste en una reciente entrevista.

Pero en segundo lugar, más allá del crudo análisis televisivo, no podemos pasar por alto la interpretación sociológica. Lo raro que es este bendito país que cada tarde, a las ocho en punto sin falta, sale al balcón para volcarse en solidarios aplausos a su personal sanitario mientras por la noche se deja seducir por la frivolidad, la basura y el morbo. El español es ángel y diablo, siempre capaz de lo mejor y lo peor. Solo Pedro Sánchez ha podido resistir la ofensiva rosa de Telecinco, mucho más virulenta y contagiosa que la epidemia de coronavirus, y en sus últimas apariciones televisivas ante los españoles ha logrado acercarse a esos deseados tres millones de espectadores que tienen la llave del poder, lo que demuestra que el presidente sigue teniendo gancho y sexapil. Cuesta trabajo asumir que en medio de la tragedia que vive el país, en medio del festín de muerte que se está dando el bicho de Wuhan, el flirteo de un periodista de la caverna rancia y marginal con una exgranhermana que hasta hoy estaba más perdida y olvidada que el baúl de la Piquer pueda movilizar tanto interés y curiosidad. Pero así somos. Y así nos va.

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