El estrés es ya la enfermedad del siglo XXI, según los expertos. Una enfermedad que puede agravar cualquier otra patología de nuestro organismo, duplicando así el problema. Aparece cuando vivimos alterados o trabajando bajo presión y tiene tres fases: de alarma, resistencia y agotamiento. Sin embargo, este proceso se ha acelerado en los últimos años con el llamado tecnoestrés. ¿Lo conoces?

El tecnoestrés es concretamente un trastorno que aparece cuando nos pasamos todo el día enganchados a la tecnología. Cuando de la utilidad de vivir conectados pasamos a la obsesión por que nos suene el móvil o nos llegue un e-mail o un WhatsApp. O cuando deseamos permanentemente intercomunicarnos mediante Facebook, Twitter, Linkedin o con aquellas apps que sirven para ligar. Existen diferentes tipos o formas de tecnoestrés, como la tecnofobia, tecnofatiga, tecnoadicción o tecnoansiedad, que es la aparición de ansiedad y malestar en el trabajador cuando tenemos que utilizar alguna TIC en el trabajo.

También el tecnoestrés nos puede producir irritabilidad, nerviosismo, dolores de cabeza, trastornos gastrointestinales, episodios de frustración, falta de concentración, dolores de espalda, trastornos de sueño e insomnio.

Según el doctor Agustín Sánchez-Toledo, que ha dirigido el primer estudio hecho en España sobre el impacto del tecnoestrés,  “la tecnología está cambiando continuamente, a una gran velocidad, y no nos paramos a reflexionar sobre las consecuencias negativas que acarrea”. Lo alarmante es que “el móvil es un alargamiento de la persona”. Es como si apareciera una subespecie de homínido: “el hombre oficina”.

En dicho estudio, elaborado por el Observatorio PRI y la Universitat Jaume I de Castellón, participaron 855 personas –55,5% de nuestro país y el resto de otros de América Latina–. De ellos, más del 97% admitieron que usaban las tecnologías de la información (TIC) para trabajar, pero no exclusivamente, ya que el 73% confesó que las empleaba para entretenerse y un 64% en el ámbito académico.

El dato preocupante es que el 54,55% de los encuestados aseguró que usaba permanentemente las tecnologías y el 54%, que el abuso de ellas les producía problemas físicos y anímicos, como un bajo rendimiento en el estudio o trabajo; falta de concentración; tensión y fatiga visual; estrés y ansiedad; posturas inadecuadas; discusiones de pareja; aislamiento social; adición y necesidad de estar conectado permanentemente; pérdida de horas de sueño con sus correspondientes consecuencias; accidentes laborales, etc.

El doctor Sánchez-Toledo considera además que los efectos negativos de las TIC son más grandes cuanto mayor es la edad del usuario. “No es lo mismo la visión de una persona de 40 años, que la de otra de 65”, considerando que el tamaño de los dispositivos suele ser reducido. Además las capacidades de adaptación a las nuevas tecnologías también son diferentes. Unos han nacido con ellas, otros han tenido que incorporarse obligatoriamente.

El estudio indica que el dispositivo más perjudicial, más adictivo, sigue siendo el teléfono móvil con un 53,4%. Le siguen a corta distancia el uso de las redes sociales (53,1%) e internet (47,9%) y ya muy por debajo los videojuegos. Aunque la mayor parte de los encuestados (86,9%) considera su relación con las tecnologías de forma positiva, bastante positiva o muy positiva. La conclusión del estudio es que el uso de las TIC agiliza el trabajo de los usuarios y solo les perjudica en su salud y relaciones sociales cuando abusan de ellas, que suele ser fuera del ámbito laboral.

Para Sánchez-Toledo, el origen del problema se encuentra en la propia ignorancia de la sociedad que “no lo ha identificado como un riesgo”. Aunque piensa que, tarde o temprano, las empresas tendrán que diseñar algún descanso tecnológico para sus trabajadores, por el bien de todos: “Al final las organizaciones tendrán que adoptar algún tipo de medida porque si seguimos así, cada vez va a haber más bajas laborales relacionadas con el abuso de las tecnologías”. Además a veces la tecnología no implica una mayor eficiencia empresarial, ya que algunas compañías confiesan que distrae a los empleados en lugar de hacerlos más productivos.

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