Imagen de la librería Hydria, que cerró sus puertas hace tres años.

La seña de identidad de la librería Hydria, durante cerca de 40 años en la culta y limpia ciudad de Salamanca, dejó un poco huérfanos a los amantes de los libros en papel hace tres años. El cerrojazo de Carletes primero  -librería infantil de los hermanos Rodríguez Iglesias, también dueños de Hydria -donde podemos dar fe que se encontraban los libros para niñas y niños más mágicos del mundo – ya apuntaba malos tiempos para la lírica de la lectura a esa sociedad que marcó la vida de miles de lectores de todas las edades y condiciones.

Hoy, Carlos, un joven de 24 años, el hijo de Juan José, al que en la librería todos conocían como Sese, uno de los dos hermanos socios de Hydria, lanza un mensaje a través de la plataforma gofundme.com para lanzar un SOS y evitar el desahucio de su familia. Aún tenían pendiente del pago de 60.000 euros por las inmensas deudas que generó el negocio tras la crisis de los últimos años. La Justicia ya ha puesto plazo al pago de la misma o tendrán que abandonar su vivienda.

Solidaridad

Pocos días después del lanzamiento del mensaje de socorro, miles de salmantinos -con pequeñas aportaciones la mayoría, aunque ha habido donaciones puntuales más importantes- han logrado ya superar la cantidad necesaria para pagar la mitad de la deuda.

Como explica Carlos en el vídeo, “Mis padres y yo estamos viviendo un momento crítico y desesperado, debido a que quieren embargarnos nuestra única casa y desahuciarnos”. “Nos quedamos en la calle. Provocada por el cierre de la librería de mi padre, que trató de mantener a flote, pero que no se pudo salvar”.

Añade Carlos también que “lo único que nos queda es la casa donde vivimos, por esto os pido ayuda, cada uno con la donación que esté a su alcance o compartiendo esto para que llegue a la mayor parte de gente posible”.

Amor por la literatura

Los hermanos Rodríguez supieron luchar, arriesgar, y dar trabajo e invertir en una provincia conservadora donde hay una cultura más ahorradora que inversora. Retaron la suerte, ganaron algunos años, y perdieron otros muchos. Pero aportaron cultura, ilusión, dignidad y amor a la literatura, los libros y sus autores. Supieron también marcharse con dignidad tras cuatro décadas de historia y haber conocido en persona a grandes autores de la literatura española.

El primer año de vida de Hydria en 1980 ya marcó el futuro de una forma distinta de dirigirse a los amantes de los libros. Allí se invitaba a café e infusiones para que los clientes y lectores pudieran ver con calma las obras y decidir cuál sería su compra. En los últimos años, se retomó esa idea y se transformó en una zona de encuentro cultural del  mundo del libro, pero también con  música e incluso obras de teatro, presentaciones de nuevas obras y firmas de autores muy conocidos.

Trataron de salvarla, pero no fue posible, tras dar trabajo a más de 20 personas y colabora en la difusión por los libros como jamás podrá hacerlo plataforma alguna de venta online.

La historia podría haber acabado mejor, pero ni tan siquiera el cierre de ambas librerías -la infantil primero y la otra después- fue suficiente para el fin de la pesadilla.

Porque Hydría aportó luz, poesía, fue un referente cultural e hizo que todo el mundo se sintiera bienvenido al laberinto infinito de la literatura universal -y especializado también- merecen sus creadores un donativo -por pequeño que sea- de los amantes de los libros. Desde Diario16 animamos a colaborar en esta causa para evitar el desahucio de una familia que todo lo dio por los libros. Que no tengan, por ello, hasta que perder su casa.

Forma de donar: https://www.gofundme.com/f/21walx142o/donate

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Directora Diario16.com Periodista en cuerpo y alma, licenciada en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco, tras 15 años en medíos de comunicación, creó Comunica2 con su compañero de vida y también periodista, Sergio Arestizabal, para demostrar que otra forma de comunicar es posible. Tras sufrir censura y presiones de los poderes públicos en el ejercicio de su profesión, hoy es libre. Durante años ha asesorado personas y empresas en crisis o injustamente juzgados por la opinión pública y publicada. Hoy tiene el reto de que el Periodismo abra un profundo debate interno sobre cómo recuperar la honorabilidad de aquellas personas a las que por error enturbió su imagen pública. Inconformista y crítica, como debe ser una periodista.

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