No es fácil hablar de Sonia Vivas sin notar un pellizco de emoción en el gaznate, sin sentir que estamos ante una persona admirable, elogiable, sin dobleces, transparente y entregada en cuerpo y alma a una causa que pertenece a todas y todos sin excepción. La del feminismo, a secas, sin apellidos. Resulta inevitable alabar de principio a fin todo lo que esta “mujer, lesbiana, policía, denunciante de corrupción policial, catalana y de izquierdas” (así se presenta en Twitter) viene haciendo por y para las mujeres, todas ellas sin distinción, y especialmente aquellas que sufren o han sufrido algún tipo de violencia machista.

Desgraciadamente, no son muchas las mujeres que miran directamente a los ojos de la violencia machista y se colocan, como ella, en primera línea, en el frente de la causa, sin miedo a nada ni a nadie. Para corroborarlo, acaba de publicar Vivas nos queremos. Manual de autodefensa (Montena), precedido de un emocionante prólogo de la actriz y activista feminista Leticia Dolera. Si aún no lo han leído ya están tardando. Lo agradecerán. Pocas veces una lectura puede noquear tanto y dejar tan buen regusto en la corteza cerebral, ese rincón infranqueable del ser humano donde se ponen en marcha la percepción, la imaginación, el pensamiento, el juicio y la decisión.

Coincidiendo con las palabras de Dolera, las reflexiones de Vivas en este estremecedor y clarificador libro –que no cabe duda que quedará como título de referencia en la historia reciente de la bibliografía feminista en España– nacen “de ahí, de una rabia contenida que al ser trasladada al papel se transforma en esperanza”. Nada mueve a la duda en el mensaje con mayúsculas de Sonia Vivas. Dispara al corazón, y lo hace con una cabeza tan rabiosa como serena, que calcula al milímetro cada palabra, para no errar el disparo, para no herir. Para concienciar, en definitiva.

Sonia Vivas dispara al corazón, y lo hace con una cabeza tan rabiosa como serena, que calcula al milímetro cada palabra, para no errar el disparo, para no herir

Cada palabra escrita, cada frase, cada reflexión llevan “mucho tiempo latiendo en su pecho y rumiando en su estómago, esperando el momento y la forma de ser compartida”, apunta la prologuista. Por ello y mucho más, aquella noche de enero de 2016, “toda removida”, Sonia Vivas se desató. “Porque lo necesitaba, porque me lo debía, porque les debía a todas las víctimas a las que he tenido en mi hombro llorando el poder hacerles este homenaje de transformación”.

El lector no podrá dejar de emocionarse cuando se sitúa en el lugar de la propia Vivas mientras ejercía como policía. “Tengo una deuda con todas las que venían a comisaría en mitad de la noche, destrozadas por dentro y algunas también por fuera; con todas las que pronunciaban la frase tantas veces hecha verbo, esa de ‘Denuncio para que no les pase a otras’… Frase que repetían mujeres sin conexión que no se conocerán nunca, pero que deja ver un hilo conector de afecto y protección entre ellas, lazo que las une en un ejercicio de sororidad innata, que conmovía mi tuétano”.

Por ellas y solo para ellas Vivas ha escrito este libro desde sus entrañas, un regalo repleto de sororidad y consejos prácticos, tremendamente prácticos, para luchar contra el terrorismo machista. La activista barcelonesa nos ilumina en este sentido: la violencia de género no es una “lacra”, ya que esta es un defecto o vicio social, y la violencia sobre las mujeres es terrorismo machista, “no un hábito o una costumbre”. Gracias, Sonia, también por detalles tan aparentemente nimios pero tan importantes como este.

Su cuenta de Twitter registra más de 60.000 seguidores desde que se sumara a la famosa red social del pajarito en septiembre de 2016. Son legión de admiradoras y admiradores los que aguardan cada tuit mañanero de la activista, que encabeza su cuenta personal con este mensaje, publicado el 6 de enero de 2019 casi a medianoche, el germen de lo que ahora ha florecido en Vivas nos queremos: “Ningún hombre muere con la ropa interior en la boca, ni con la ropa interior estrangulándole, ni semidesnudo y violado en un pozo o desnudo y entre unos arbustos. Si un hombre muere así… es a manos de otro hombre. El problema es evidente”. Una carta de presentación que no admite ningún género de dudas.

Sus palabras son como puños que se incrustan en la boca del estómago y remueven conciencias y mucho más. Por todo ello no deja indiferente a nadie

Sus palabras son como puños que se incrustan en la boca del estómago y remueven conciencias y mucho más. Por todo ello no deja indiferente a nadie, ni siquiera a los incontables trolls de la caverna negacionista, que se afanan con sus malas artes habituales en hacerle mella sin éxito en su principal empeño: que esta sociedad sea más justa, igualitaria y exenta de violencia sobre las mujeres.

Vivas nos queremos se presenta con un aparente provocador subtítulo: Manual de autodefensa feminista. La concejala y ex policía marca a fuego las líneas rojas del machismo, y para ello presenta prácticos ejemplos –tremendamente prácticos– para que las mujeres sepan defenderse a sí mismas de este terrorismo y a detectar todo aquello que no pueden ni deben detectar a su alrededor. Porque para superar el miedo ancestral que atenaza a muchas mujeres por culpa de la garra implacable de la violencia machista, la autodefensa que plantea Vivas implica también, además de recurrir a los derechos que les pertenecen a todas las mujeres, saber cómo actuar y emplear todas las herramientas a su alcance. Y sobre todo andar con pies de plomo, porque el “sistema”, ese ente abstracto que aún pone zancadillas miserables a estas mujeres, es la más de las veces el peor de los enemigos en vez de un cómplice aliado.

Hija contestataria de obreros extremeños

Barcelonesa nacida en 1978, de padres obreros emigrantes procedentes de Extremadura, la condición de clase le corrió por las venas prácticamente desde niña. La pasión por la literatura hizo el resto. Su formación en Educación Social, Pedagogía, ciencias forenses y derecho sanitario va unida a su experiencia profesional durante tres lustros como policía en Palma de Mallorca, donde creó la primera unidad policial de gestión de la diversidad.

Actualmente ejerce en la capital balear como concejala de Justicia Social, Feminismo y LGTBI por Podemos. Si como agente de policía luchó para la verdadera democratización del cuerpo aunque ello le supusiera la ira (machista) –y algo más– de compañeros de uniforme, allí también tomó conciencia para su actual trabajo público como concejal en el Ayuntamiento de Palma de la urgencia de cambiar de paradigma: situar al ciudadano en el centro de las preocupaciones y objetivos y no como satélite de la propiedad privada, epicentro evidente de todos los desvelos institucionales. Está en ello, y no descansa. Su compromiso es inquebrantable. Se puede dar fe sin duda de todo lo anterior.

 

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1 Comentario

  1. Una relacion de pareja, es una eleccion, un mono, por tanto machista y potencialmente violento, solo lo elige una mosca, por tanto machista. Las cosas, son asi. La basura, solo atrae y se siente atraida por la basura

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