Las hermanas Mirabal nunca hubiesen comprendido que, para luchar contra una dictadura que maltrata a las mujeres de todo un país, y casi un continente, se eligiesen los privilegios como instrumentos de esa lucha para apoyar su libertad a cambio de sumas inmensas de euros a favor de equipos de fútbol multimillonarios y de la propia RFEF.

Ese dinero ni justificaría el acto en sí, ni siquiera si la totalidad de lo recaudado fuese destinado al fútbol femenino.

Lo que ayudaría de verdad a igualdad real sería si una cantidad igual se recibiese de los clubes, o de las beneficiadas empresas multimillonarias, y me quedo aquí por ahora, de los presidentes de dichos clubes de fútbol para poner a disposición de quien fuese preciso medios eficaces para defender las vidas de las mujeres maltratadas a manos de dictadores machistas que, en todas sus formas, son los dirigentes del país al que van a exaltar con este acontecimiento deportivo, pero, en realidad, no es coherente ni digno intentar desde la demagogia más cruel hacer creer, que la decisión la fundamentan en «un apoyo a la libertad de las mujeres saudíes». Afirmar esto es una tremenda osadía, un insulto a la inteligencia del pueblo español en general.

A los que sustentan la hoguera de sus vanidades y su patrimonio les vendrá bien, tanto económicamente como en su guerra contra la LFP. Y, sin duda, seguro que también les irá muy bien personalmente, como siempre a los presidentes de los equipos participantes y a quienes lo hacen posible, porque se les abre la posibilidad de hacer negocios paralelos de las empresas que presiden, ya muy conocidas y no precisamente por defender la igualdad real, los derechos humanos y la diversidad, porque en Arabia los reyes, no los magos, se lo agradecerán.

Lo que es incomprensible es que el equipo insignia de Cataluña, con su república a cuestas, pueda aceptar ser utilizado en este juego de tronos. Del resto, es fácil comprenderlo.

La celebración de la Supercopa de España en Arabia Saudí es un blanqueo de la violencia contra las mujeres que está institucionalizada en el Reino.

El régimen saudí, por ejemplo, utiliza la huella digital de los teléfonos móviles para localizar a las mujeres que huyen de la represión que sufren en el Reino. Estas acciones de la inteligencia han conseguido repatriar forzosamente a muchas de estas mujeres que no quieren vivir bajo la dictadura del patriarcado más criminal que las obliga a contar con el permiso de un pariente masculino para la toma de cualquier tipo de decisión.

Otro ejemplo de la vulneración de la violencia que sufren las mujeres en el país donde el fútbol español desea exculpar su falta de libertad o dictadura con su cómplice silencio son las condenas a muerte por lo que en el Reino denominan como «crímenes contra la moralidad»:

En este sentido, la represión contra las mujeres es de tal calibre que la dictadura saudí, donde la Federación ha obligado a jugar a los clubes españoles por unos cuantos millones de euros (qué barata se vende la dignidad), oculta las cifras de mujeres ejecutadas en público, tanto por esos delitos contra la moralidad como por su activismo en la lucha por los derechos de las mujeres.

En otro orden, ¿qué ocurrirá con las mujeres periodistas que vayan a cubrir el torneo? ¿Se les permitirá vestir con libertad o se las obligará a colocarse una abaya o un niqab a pesar de que la ley islámica no debería aplicarse a los extranjeros? ¿Qué ocurrirá si alguna periodista se le ocurre realizar algún alegato a la violación de los derechos de la mujer? ¿Se la detendrá o ejecutará? ¿Qué hará entonces la Federación? ¿Lo permitirá porque ya ha cobrado por ello?

En un día como el que se conmemora hoy, el hecho de que un evento haya sido vendido por la Federación Española de Fútbol por treinta piezas de plata a una dictadura patriarcal que maltrata a las mujeres es la muestra de que por muy poco dinero se puede comprar la dignidad de cualquiera.

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