domingo, 5diciembre, 2021
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Solo intentarlo no sirve…

La mañana del 22 de Setiembre del 2021 estaba camino de ir cosiendo parte de mi aventura, recorrer 5.000 km por las carreteras de España y Portugal en mi moto tipo Custom Honda Shadow 750 de 16 años de antigüedad, antigua por cierto como yo en edad, que no en ilusiones, en Setiembre cumplí los 78 años. Este es mi relato para mis lectores

Félix Lareki Garmendia
Félix Lareki Garmendia es donostiarra afincado en Bizkaia. Licenciado en Ciencias Económicas por la Universidad de Bilbao. Su carrera profesional fundamentalmente la ha desarrollado en Xerox España S.A.U. Posee una profunda experiencia en recursos humanos, formación y dirección de grupos de trabajo. Ha impartido múltiples seminarios orientados al desarrollo de habilidades relacionadas con la gestión y el conocimiento de personas así como de la comunicación. Ex profesor de la Escuela Superior Universitaria de Marketing en la Cámara de Comercio de Bilbao, del Master de Marketing y de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad del País Vasco UPV - EHU. Durante 8 años ha estado en política en el País Vasco. Miembro de federaciones deportivas y activo deportista, presidente de asociaciones cívicas, Vice presidente de la Asociación Internacional Aulamar para personas discapacitadas para el disfrute por las mismas de la navegación a vela, a través de una goleta bergantín adaptada específicamente para ellas. Tiene publicados varios libros con ESIC Editorial. Su lema es “pasión por el arte y las personas”, lector empedernido, escritor y analista social. Desde hace tres años y medio colabora con Diario16 como articulista habitual, sobre temas sociales, políticos y de opinión.
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El suceso comenzó en Bilbao el domingo 19,  me levantaba de la cama en el hotel Villa de Verín un hotelito pequeño, discreto pero muy limpio en el mismo centro de la ciudad de 13.500 habitantes, perteneciente a la provincia gallega de Orense. Hay muchos hotelitos en España como este, gallego, que son simples pero muy efectivos para el cliente que llega para una o dos noches sin otra pretensión que encontrarse con una habitación y una cama cómoda para dormir, sin restaurante, lo que no es un problema pues están en el centro de la ciudad y muy próximos a ellos hay una calle peatonal con varios restaurantes, cafeterías o tascas para degustar alguna banderilla típica gallega, como el delicioso pulpo o zamburiñas que están divinas.

Monté en mi moto, después de sacarla de un pequeño garaje junto al hotel y superar una cuesta con algo de piedrilla, lo que supuso algún esfuerzo tanto para mí como para ella. Medí el nivel de aceite, giré el encendido y oí el rugir de sus motores. Recién le había pasado la ITV, cosa que hago cada dos años, además el largo recorrido hacía necesario ponerla a punto. El comportamiento de Bilbao hasta Verín era el correcto. No tenía porque no suceder lo mismo en las siguientes etapas.

Que podría decir de Verín, que es una localidad y un municipio español localizado en el sureste de la provincia de Orense, en la comunidad autónoma de Galicia, a orillas del río Támega. Es conocida, por sus aguas minerales que fueron patrocinadores de la selección española de fútbol (Fontenova, Cabreiroá y Sousas), por el castillo de Monterrey que lo preside, y por su parador nacional.

Es un municipio situado en el cuadrante suroriental de la provincia, lindando por el sur con la frontera portuguesa. Tiene una superficie de 93,9 km². El pueblo, localizado en el corazón de la fértil comarca del Valle de Monterrey, surgió al pie de una importante fortaleza medieval y constituye el más principal y próspero núcleo urbano de la provincia y de los más dinámicos de la comunidad gallega. Es además, paso obligado hacia Portugal y la región leonesa, además de tradicional lugar de veraneo por la calidad de sus aguas medicinales de Fontenova, Cabreiroá y Sousas. Fuente: Wilpedia.

Sé que Verín me acogió con el cariño, que pude testificar al entrar en el Hotel Villa de Verín.

Después de un pequeño callejeo tomé la Avenida de Portugal despidiéndome de la ciudad para dirigirme a la frontera portuguesa, en un largo recorrido de unos 6 kilómetros en una recta infinita. El día era estupendo, yo me encontraba algo cansado todavía de las anteriores etapas, pero comencé a silbar como buen presagio del viaje que continuaba, ahora debía dirigirme hasta Chaves a 8 km de la frontera, primera población portuguesa después de superarla.

Debo decir para el lector que el procedimiento todavía para tener asegurado el tránsito por las autopistas portuguesas no está todavía muy claro para cualquier conductor. Simplemente unas indicaciones en el suelo decían “Extranjeros”, esa vía te llevaba hasta una pequeña garita negra total que supuse estaba vacía, sin percatarme que tenía en un lateral una rendija por donde meter la tarjeta de crédito y asegurarte así el paso por los controles. Me despisté.

No la vi, por tanto pasé de largo y me dirigí a Chaves al punto kilométrico cero de la Strada nacional 2 portuguesa, punto de origen de una carretera que surcaba el centro de Portugal como una espina de pez para recorrerlo hasta su finalización en Faro después de 780 kilómetros y de haber transitado por un Portugal tradicional, genuino, diverso y humanizado, libre del turismo masivo y que  descubre su pasado.

Hay un libro, escrito por el portugués Sergio Amaro Bastos, licenciado en geografía por la Universidad de Coimbra que se titula “ESTRADA NACIONAL 2 sobre rodas” de “Edicoes Vieira Da Silva” en su segunda edición, en homenaje robusto y auténtico a todas las personas afectadas por los incendios de 2017, para los amantes de la Estrada Nacional 2 y para sus compañeros de aventura en dicha ruta. Además es momento quizás para apuntar que cuando uno viaja en moto, huele todos los aromas de las flores situadas junto a la carretera. Eso es impensable si el viaje lo realizamos en coche, aunque es posible que vayamos más cómodos.

Pero iré por partes. Llevaba tres años -antes del COVID- pensando en este viaje de larga distancia, me fascinaba recorrer toda la costa española, acercándome en su tramo portugués al inicio de la NACIONAL 2, entonces en vez de recorrer la costa de norte a sur lo haría desde Chaves a Faro por el centro, fuera del turismo habitual.

Foto: El SIL encañonado a su paso por Orense

El reto era atractivo más aún pensando en mi edad y aunque no tuviera que demostrar nada a nadie pues lo primero sería la satisfacción personal, culminar el recorrido de 5.000 km ayudaría a visibilizar a la gente mayor que como yo sigue teniendo motor para muchas aventuras, cuantas personas todavía estudian en las universidades a estas edades, sin olvidar el pequeño homenaje a mi manera que haría a tantos miles de personas fallecidas tristemente en las residencias del País.

No obstante las dudas me iban surgiendo, pero con los amigos y mi familia había que demostrar ilusión y firmeza para comenzar una aventura solo y que se prestaba un tanto difícil y complicada.

La preparación fue ardua, 17 etapas compondrían la aventura, con distancias que no excederían de los 380 a 450 kilómetros. Así se irían desgranando los finales de etapa como un gran Tour,  Rivadeo, Verín, por Portugal, Chaves, Viseu, Abrantes, Aljustrel y Faro, nuevamente en España, Cádiz, Motril, Cartagena, Guardamar, Benicasim,  Castelldefells, Berga, Barbastro, Puente La Reina, con final en Berango (Bizkaia). También calculé la posibilidad de detenerme un par de días en alguna de ellas, por cansancio o cualquier otra circunstancia.

Elaboré una lista de hoteles pero no los reservé a medio plazo, ni tan siquiera a corto. El procedimiento sería siempre hacer reservas desde el día anterior, en esta época del año no hay problemas en encontrar una habitación para una persona sin necesidad de gastarse más de 30 o 40 euros en un alojamiento decente. Llegaba a un sitio y reservaba para el siguiente.

Dos  semanas anteriores ya tenía un cierto cosquilleo en el estómago. Tuve que aplazar la salida en dos ocasiones, debido a la entrada de borrascas por Galicia, que es donde normalmente penetran. Meteored me orientó con el tránsito de las nubes, vi un hueco precioso para iniciar el viaje el domingo 19 de Setiembre. Las dudas en cualquier aventura como esta, están siempre presentes. Además cumplir este reto solidario y deportivo le tiene a uno preocupado por los cambios en la climatología y principalmente por que el viaje lo hago solo y en caso de alguna dificultad no tengo ayuda de nadie. Mi móvil y yo. Eso siempre pesa a la hora de valorar las dificultades. Pero continúo….

Comencé a publicarloen redes sociales, como siempre hago con mis colaboraciones periodísticas. Hay muchas personas que me han animado con sus palabras de estímulo, cuando termina cada día previo al viaje me lleno de valor por muchos de los apoyos de mis lectores que asiduamente leen mis artículos en el Periódico digital DIARIO16, con el que llevo colaborando más de tres años y medio. A todos he prometido un resumen de mi viaje con las historias recogidas y ahora me encuentro en ello. Hacerlo de esta manera en vez de utilizar un procedimiento más reservado suponía un plus de responsabilidad, pero soy bastante cabezón y sabía que algo así no puede fallar. La ilusión es un artífice poderoso. Además quería llevar un mensaje de estímulo a toda la tercera edad. Hay muchas personas que pueden a pesar de los muchos años, porque de alguna manera lo desean y tienen los estímulos suficientes para por ejemplo hacer andando el Camino de Santiago y otros retos.

Por fin el día había llegado. Debo reconocer que mi preparación no fue intensa precisamente. Algunos días, alguna salida hasta Donostia y también hacía Santander, en distancias de 230 Km por día, otros días trayectos cortos. Excesivamente concentrado en la ruta, en lo climático, en los posibles alojamientos, en los posibles imprevistos -que pueden ser numerosos-, en la ropa a llevar que debería ser la mínima, además de mi traje de cuero motero, mi conmutador para el casco integral con el fin de oír las posibles llamadas, en mi póliza de seguro de viaje que también he cerrado oportunamente. También en el estado de la moto.

Llevaba las alforjas llenas, las dos laterales, también un maletín posterior y otro maletín/bolsa encima del depósito que es muy utilitario aunque un poco engorroso. Todo muy bien preparado, excepto quizás mi cuerpo que fuera bien hidratado en todo momento, con las calorías oportunas, las paradas oportunas y el régimen alimenticio oportuno. Alguien podrá criticarme por ello, más aún cuando mi vida ha estado sembrada de actividad deportiva constante y  habría que darle la razón.

LA SALIDA.- Eran las 9,30 de la mañana y salía con la idea de hacer unos 4500 km, cosa que se completó satisfactoriamente hasta la bella ciudad de Ribadeo, en la muga de Asturias con Galicia. Situado en la costa orensana, no muy lejos de la playa de las Catedrales de una belleza singular. Ya hace cuatro años pude viajar hasta allí igualmente en moto y el lugar es impresionantemente bello. Castropol, Vegadeo y Ribadeo, Foz, Tapia de Casariego, unos parajes sublimes con sus rías adentrándose en las marismas.

Foto: Mi Shadow 750, compañera inseparable.

Ahora recuerdo que no me ha llovido en toda esta primera etapa, aunque unas nubes amenazadoras me han seguido permanentemente. El paso por la Costa Cantábrica siempre es una suma de emociones que genera la naturaleza con sus encantos, El encuentro del mar con la montaña crean un encuentro dichoso para cualquiera que ame la belleza y la hermosura. Recuerdo el paso entre Llanes y Rabadesella, dejando a mi derecha el mar y a mi izquierda la cadena montañosa  de Picos de Europa, Uno no podía dejar de lado la observación de la carretera y de algún caminante a Santiago en este año que llaman Jacobeo, sentía la presencia de unas montañas que se elevaban hacia el cielo con una magnitud y fuerza visual impresionante. Pareciera que se iban a precipitar sobre uno. Ellas estaban allí y me acompañaban en mi viaje también. Este se hacía en algunos momentos por autopista en distancias largas para no incurrir excesivamente en la duración del viaje. Por otro lado tiempo habría para buscar las “nacionales”. También oí como si fuera hoy, el rugir de la gente en la celebración del día de las piraguas en Arriondas. Con ese gran espíritu de pertenencia a un gran País, el Asturiano.

En una parada para repostar, pues mi Honda-Shadow 750 no tiene más allá de los 220 kilómetros de autonomía, pude conversar en forma agradable con un equipo de 8 personas ex mineros jubilados que se habían dejado el pellejo durante muchos años en las profundidades de la mina. Ellos completaron la información que yo tenía de algunas particularidades de mi viaje. Ahora son unos amigos que conforman su peña motera. El deje asturiano descubría a los paisanos de la tierra. Tomé un simple café, nada de hidratantes, ni galletas energéticas que quizás hubiera sido lo correcto. Bilbao, Castro Urdiales, Santoña, Colindres, Solares, Santander, San Vicente de la Barquera, Llanes, Ribadesella, Villaviciosa, Gijón, Avilés, Cudillero, Luarca, Tapia de Casariego, Castropol y Ribadeo. Un glosario de ciudades y pueblos de 10. Cerca de 450 km los recorridos.

De pronto al entrar en Ribadeo me sorprendí gratamente pues el hotelito VOAR aparecía delante de mis ojos, sin recovecos de entrecalles. Me encontraba cansado, serían sobre las 15,30 y a pesar del tiempo empleado en la recepción y en la toma de habitación pudieron atenderme con un magnífico plato de garbanzos con callos. Si me lo hubiera pensado mejor posiblemente hubiera optado por un alimento más digestivo, por ejemplo un caldito gallego y un muslo de pollo asado. Siempre he sido amigo de la alimentación equilibrada, pues no en vano he  practicado deporte. Ahora parecía no darme cuenta de ello y optaba por una alimentación no muy adecuada. Inicio de ciertas dificultades estomacales. Pero debo decir que el cuenco me lo comí muy a gusto con una gratificante cervecita.

Quise conocer la ciudad y en vez de hacer lo razonable como hubiera sido tomarme una siestecita reconfortante. Salí a conocerla, es coqueta y encantadora, sus edificios de piedra de granito de canterías cercanas, palacetes, un bonito teatro y un puerto espectacular con unas vistas de la ciudad grandiosas. Me aleje en la distancia y al final calcule que habría hechos unos tres kilómetros andando, a mi regreso al hotel me cogí una buena chupa de agua fué un calabobos que debilitó mis energías y pudo terminar en un constipado a evitar con lo que me quedaba por delante.

Tuve la oportunidad también de charlar con algunos empleados del hotel y con un guardia civil que se hallaba cerca en su la furgoneta de atestados. Me acerqué para algunas preguntas y surgió una charla que bien duraría media hora larga. Él también era conversador, me sugirió la mejor ruta hacia Lugo, etapa que recorrería al día siguiente hasta completarla en Verín. Se acordaba de su ingreso hacía ya más de 30 años, los primeros un tanto exigentes y duros por el trato que se le daba a la tropa base que supuso más de un suicidio. Ahora reconocía el favorable cambio que se había dado a la Institución armada, aunque no era partícipe de algunos de sus estatutos todavía militares, de su fundador el II Duque de Ahumada a la sazón Francisco Javier Girón y Ezpeleta. Admitía que en los últimos años había mejorado bastante sus ingresos.

El viaje de Ribadeo hasta Lugo fue lluvioso, con curvas continuas, lo que me hizo llegar a la ciudad de Lugo, pasándola de largo bastante cansado, con los hombros algo cargados. El cielo camino de Orense iba abriéndose, dejando paso a un sol gratificante. Me despojé de mi ropa de lluvia y reposté nuevamente. Evité la autopista que pasa por Mondoñedo pues en un viaje anterior a Santiago, me dijeron que allí se cortaba la autopista durante tres mes al año por nieblas. Preferí no arriesgarme, lo que por un lado celebré pues el recorrido sinuoso y espectacular permite disfrutar de la moto. Por otro lado hace que dicho recorrido se prolongue excesivamente. Pero no había prisa. Uno pasa por un paraje magnífico la Sierra de Meira, con la población de Meira y la población de Teixeiro antes de pasar por Lugo.

El siguiente paso fue Orense en dirección a Verín, pasando por el Alto de Allariz, obras gigantescas de ingeniería salpican los riscos y valles, el viento dominante del noroeste azuzaba de lo lindo lo que hizo que mi posición sobre la moto estuviera bastante inclinada, lo que producía una cargazón en la parte posterior del cuello y en las cervicales, debía de descansar y en una curva del camino pude ver anunciado una terraza panorámica. Paré junto con otros vehículos que allí se encontraban, el espectáculo no podía ser mejor sobre esta área llamada la Ribera Sacra. El rio SIL que nace en el punto más alto de la provincia de León, La Cueta y discurre por las provincias de Lugo y Orense, encañonado entre grandes montañas. Tomé algunas fotos de recuerdo.

También me paré a pedir “sopitas” a un motero joven que veía recorriendo Galicia, tuvo la amabilidad de pasarme algunas onzas de chocolate y algo de Bebida para hidratarme. Me pregunté donde estaba mi previsión de alimentos. Fue el buen samaritano.

Pues bien, llega lo peor, llegé a Chaves y sufro el primer mareo con un cierto desfallecimiento, lo que me preocupa y altera mi marcha. He visto un coche patrulla portugués y por un momento he pensado en dirigirme a ellos, pero también he pensado “creo que las condiciones sanitarias de nuestro País me dan una seguridad que prefiero”. Me vuelvo.

Retomo la ruta unos 25 kilómetros y retorno hasta Verín con una cierta confusión por la  nueva situación desconcertante. Relleno a tope mi depósito de gasolina que no da para más y después de otra breve parada opto por cancelar mi aventura. Fue una dura decisión, tanto esfuerzo de preparación ya y ahora iniciando la Nacional II portuguesa me arrugo.

Mi primera decisión fue volverme a Verín en España , coger el mismo hotel donde he estado y si es preciso pasar un día de descanso para reiniciar el reto. En la vuelta se repiten los mareos, comienzo a preocuparme seriamente, tomo una rápida decisión, debo volver a mi casa después de haber hecho unos 1.000 km. Se había convertido en algo psicológico que me dominaba por momentos. Volver, volver y volver.

Me dirijo ahora desde Verín hacia Benavente por la autopista de las Rías Baixas, también llamada “la de Madrid” en el intento de buscar una seguridad y medir el grado de mareo y la constancia con la que se esta produciendo. Quizás haya pasado y puedo volver. Pararé en cuanto pueda en algún hotelito de carretera.

Uno en una situación así, busca esa seguridad que necesita montado sobre dos ruedas, pero lo preocupante es que los mareos no cesan, recorro 40 kilómetros y observo que estoy a punto de coronar el alto de la Gudiña, a lo lejos observo una gasolinera de Repsol. Mi situación de tensión va aumentando, también mis mareos, veo que no puedo proseguir en esas condiciones a riesgo de hacerlo y tener un grave accidente. También es el momento de acordarse lo bueno que hubiera sido encontrarte otro u otros compañeros de viaje, pero el reto lo busqué yo solo y así decidí que fuera. La duda es que hacer en estos momentos.

Localizo una instalación hotelera Mesón Eresa, un hotelito de 15 habitaciones. Es la salida 103 de la autovía a MADRID.

Desde el primer momento todo el personal se puso a mi disposición, desde su dirección Silvia García, hasta su personal, llegué en condiciones bastante lamentables, el cuadro de mareos era repetitivo. Como pude me bajé de la moto y me dirigí a mi habitación, después de hacer una breve parada para en recepción. Mi objetivo era descansar durante los dos próximos días e iniciar nuevamente bien la vuelta a casa o el retorno a mi reto personal en función de como me encontrase. Esperaba proseguir hacia Faro en Portugal. En esta historia también deseo destacar a una persona Silvia García directora del Hotel Mesón Eresa, otra buena samaritana, el mundo está lleno de ciudadanos que van de incógnito, ayudar a los demás lo practican de forma natural.

Foto: Ribadeo, una ciudad preciosa.

Cuando uno permanece tres días descansando en un hotel en un complejo hostelero que dispone de una estación de Repsol para grandes transportes equipado para todo tipo de usos, con un buen restaurante asador, preparado para grandes celebraciones, pero rodeado de nada es decir en medio de una  naturaleza brutal y al mismo tiempo páramo verdoso porque indudablemente llueve, un sitio donde una repartidora de correos hace todos los días 100 km entre sitios muy dispersos para hacer llegar las noticias escritas a  gente que habita en pequeñas aldeas, uno tiene tiempo para todo y para pensar que no hay recuperación posible -aunque ello sea solo un efecto psicológico- para intentar proseguir con este reto humano y deportivo. Así he conocido a Silvia y su historia que deseo brevemente relatar a mis lectores, muchos de ellos también moteros/as.

Su establecimiento está situado en la Autovía de las Rias Baixas que arranca en Vigo, llamado también la autopista de Madrid, pues termina en la capital del Estado. Es la A52 y en la salida 132 se encuentra este establecimiento, salvador para mi, pues llegue en muy precaria condición física. No se puede conducir una moto con dos ruedas invadido de mareos y cuasi desmayos. Las atenciones al verme fueron fantásticas y al poco tiempo dispuse de una ambulancia que me traslado a un centro ambulatorio del 061 gallego, donde me hicieron un electro y vieron mis constantes vitales, determinándose que mi situación era de stress y cierta angustia. Me dieron la medicación adecuada al caso para que pasara la primera noche tranquila. El complejo se completa con una magnífica instalación de combustible REPSOL, al frente del cual se allá también otra mujer valiente y decidida Lidia Campos, sus dos hijas licenciadas hoy tendrán que agradecer los esfuerzos y sacrificios de su madre por sacarlas adelante. Me presentó a algunos camioneros habituales que me contaron historias muy jugosas de la carretera.

Silvia García es una persona luchadora, de origen catalán, ella y su marido – natural de un pueblito QUERIGAS a 2 KM de Verín- regentaron algunos negocios de hostelería en Barcelona, – le conoció allí hace unos 19 años -entre ellos un japones  SUMUM en Paseo de Gracia y otro MIROBELLO pero un buen día, su marido que es de Verín, decidieron venirse por estos lares y reubicarse pensando en escapar del excesivo urbanismo y crear algún establecimiento hostelero en la tierra de él, en Galicia, en el ámbito en el que ya tenían buenas experiencias. Pero es paradójico, a veces la vida no es justa, cuando su marido, una persona muy alegre, profesional, que ya ha cumplido 49 años, contrae una severa enfermedad de la médula espinal, que le va restando funcionalidad a su organismo. Anteriormente a declararse esta enfermedad, ellos compran una casa para definitivamente decir, aquí nos quedamos. Tenemos una casa en Albarellos a 30 KM de Orense – me dice-.

Deciden montar su futuro en Galicia, concretamente en Verín. Pero parece ser el futuro que les resta es bastante incierto. A ella le fichan en Mesón Erosa por sus condiciones gerenciales para llevar una plantilla de unos 30 empleados y sacar el complejo hotelero y de restauración de la profunda crisis del COVID. Admite que aquí tiene más limitaciones que en Barcelona a la hora de resolver pues la oferta que tiene es más limitada, su carácter le habilita para desarrollar el negocio con un personal ajustado con algunas limitaciones derivadas de la ubicación del propio Hotel a 40 KM de la ciudad. Pero ha sabido trasmitir a su gente el perfil de equipo necesario para que las cosas sean exitosas. Todos necesitan un coche, pues la mayoría vive en Verín, el AVE parará aquí en breve, lo que revolucionará las comunicaciones de la zona. Ama a Galicia, la tierra de su marido como su propia tierra. Su madre estuvo muchísimos años enferma del corazón y su padre murió mucho antes que ella, no se imagina que su marido pueda fallecer por su enfermedad. Siempre mira la botella medio llena. Lo que tenga que ocurrir vendrá. Sin más. Ahora deben afrontar un nuevo futuro, lejos del objetivo de crear un breakbesfast en el que el pueda cocinar para los huéspedes y ella encargarse de crear satisfacción en sus clientes como hubiera sido su deseo.

Mi problema de salud se achicaba a medida que me iba trasladando retazos de su vida, estas son las historias que uno se encuentra en cualquier lugar del mapa. Por eso aprender a relativizar es bueno y es una lección que vuelvo a aprender.

El viaje me ha procurado nuevas experiencias y nuevas lecciones de vida. Es una pena solo fueran 1.300 km frente a los 5000 previstos, ha sido frustrante, también he visto muchos peregrinos/as en busca de algo, cada uno es una historia que cont. Todos llevan su objetivo, el mío defender a esa tercera edad que sigue luchando y trabajando, ya un poco encorvados pero con mirada firme y comprensiva a pesar de las injusticias que reciben.

Amigos/as os dejo y disculparme por la largura de estas historias. Ahora toca mi recuperación y conocer el origen de mis mareos. Seguiré escribiendo las historias que me cuentan, hoy la actualidad es la Isla de La Palma con su grandísima tragedia humana.

Solo intentarlo no sirve, por ello volveré el próximo año con mi moto Honda roja y negra.

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1 Comentario

  1. Bueno Félix menuda faena los mareos, espero que pronto te den con la solución, para que puedas seguir con tu sueño y con tu viaje y hagas una crónica tan buena y tan interesante, de verdad me has enganchado con tu relato. Me da ganas de seguir tu ruta aunque yo no soy tan valiente como tú, yo en coche

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