Abro el periódico provincial del Grupo Joly (en Andalucía) en el que, hasta hace poco, escribía yo mismo una columna los lunes; dedica diez páginas diez a las primarias del PSOE, fotos por todas partes de Susana Díaz, titulares con el nombre de Susana Díaz, se repite esta técnica (y no sólo aquí) de nombrar a quien pierde y no a quien gana, artículos agoreros que hablan del fin de la unidad de España, de la ruina del socialismo o del hundimiento en las expectativas de voto, y cuando por fin aparece el vencedor de las primarias Pedro Sánchez lo hace al lado de sendas fotos con titulares de demolición de Pablo Iglesias, el totalitario, y Puigdemont, el independentista.

Leo el editorial de El País y encuentro la misma idea de riesgo y ruptura, y me confirmo a mí mismo que la democracia oficial ya es literalmente tutelada, despótica (pero sin ilustrar), porque dice hacer todo para el pueblo pero sin el pueblo, que molesta cuando vota lo que no se espera o conviene.

La gracia de toda esta historia, porque reconozco haberme reído tanto como cuando Aznar perdió (yo nunca tuve esperanzas en un Zapatero sobrepasado desde los comienzos por una responsabilidad a la que parecía no poder hacer frente), rueda por las redes sociales donde los susaneros ahora callan como lobas y los lobos gritan que siempre ha defendido la democracia interna, que ya no se llama podemización. En esas redes alguien abundaba en cómo debe sentirse quien apoyada por la gestora del partido, el aparato oficial, dos Expresidentes del Gobierno, el ABC, El País, La Razón, El Mundo, 13TV, Intereconomía, RTVE, los mercados famosos… va y pierde. Y no lo leo, en realidad, como una broma porque es la verdad. Los militantes socialistas han votado contra toda la cúpula (casi al completo) de sus dirigentes, y aunque ahora nos vendan unidad: es un bofetón desafiante en toda la cara; si tuvieran dignidad política, y por el bien de ese partido que dicen llevar en sus entretelas, los oficialistas con cargo deberían dimitir todas, todos, y llenar las oficinas de los servicios de empleo que la mayoría han pisado sólo para inauguraciones, o estudiarse unas oposiciones libres… que eso curte mucho la disciplina.

Yo no tendría prisas. Dejad a Mariano con lo suyo, si se pudiera ir antes: mejor, pero no olvidemos que la democracia es democracia y que tuvo votos por millones y no pocos. Pero eso sí: este proceso sólo puede terminar con una confluencia de Podemos, IU, las mareas, sindicatos, movimientos sociales o lo que sea… y el PSOE, este PSOE si es que ha aprendido la lección y renace de sus cenizas. Y si no quieren peleas antes de empezar, que haga cada cual su campaña electoral y que pacten a posteriori y hagan un Gobierno de independientes con una presidencia colegiada, rotatoria, abogados tienen para estudiar el asunto y que todos los partidos tuvieran su parcela de control, pero que pacten un Gobierno de regeneración democrática que devuelva la democracia a su lugar: el equilibrio y la igualdad de oportunidades contra Europa, la Merkel, los mercados o el Sursum Corda.

El papel de los intelectuales (huelgo hablar de tecnócratas porque buscamos ideólogos y políticos sin compromiso de partido ni aspiraciones profesionalizantes) debería ser fundamental, porque necesitamos primero defendernos de la conculcación de nuestros derechos y después ver por dónde vamos, y todo eso hay que explicarlo. No es momento de candidaturas-figurines, hace falta pensamiento, densidad, más ideas y menos disciplina de partido, porque se trataría de reformar el Estado para que no vuelva a ocurrir esta ruina calculada en la que vivimos, nada más y nada menos.

Es triste, siguen, siguen, las presiones continúan aventando el miedo, pero algo huele a podrido en esta Iberia casi raptada… no creen de verdad en la democracia.

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