Para muchos jóvenes inexpertos entusiastas de las matemáticas, sumar, restar, calcular un logaritmo, o sacar la incógnita de una ecuación es algo de lo más divertido. Es lo que se enseña en clase, y, con poco que sepas como es el proceso, se obtienen unos resultados gratificantes. Pareciera que quién más rápido suma, quién mejor deriva, o quién mejor memoriza la fórmula de la ecuación de segundo grado, mejor matemático es, y hemos llegado al punto de pensar que quién no es así no sirve para las matemáticas. 

Algunos autodidactas se creen que por aprender conceptos de matemáticas pocos años antes que el resto de sus compañeros están dando un paso gigantesco, cuando no es del todo así. Yo les recomendaría que se metan a estudiar ya las ecuaciones de Navier-Stokes, o algo aún más difícil. Ramanujan fue autodidacta, y Galois de no serlo, habría muerto sin hacer nada. La diferencia entre ellos y el resto es que ellos no estudiaron conceptos: observaron diferentes facetas de las matemáticas, y crearon lo que en arte se conocería como una obra pintoresca con conceptos mejorados de lo anterior.

Queda claro que las matemáticas no son solamente saber, que no todo se puede describir por fórmulas. Las matemáticas son producto del razonamiento, de la creación. Cada uno comparte su manera de entender algo, y el resto, por consenso, lo aprueba. A veces, resolver en matemáticas no requiere números, diría que solo se necesitan cuando queremos obtener resultados concretos o de algo cuando no se pierda la generalidad. Contaré el ejemplo de los problemas de Olimpiada Matemática, unos enunciados para jóvenes en los cuales no hace falta saber casi absolutamente nada de lo que se da en clase.

Son sencillos enunciados en donde se pretende dar respuestas a preguntas usando el sentido común, pensando, en definitiva. Preguntas como por ejemplo que se demuestre que en el caso de incendio deberíamos usar un extintor y no un coche. Así de fácil. Entender todo lo que dice el enunciado es importante, tanto como escribir la respuesta.

Tenemos que dejarlo todo claro, y hacer esto requiere de tiempo y trabajo. Pero esto son matemáticas. Con otros enunciados, y usando técnicas que pueden deducirse observando el qué se pide, esto es lo que se llama resolución de problemas en matemáticas. Y es lo que se hace en la Olimpiada Matemática.Aunque los matemáticos no se dedican principalmente a resolver problemas, este es un campo en el que se demuestra con criterio si lo que otro dice es verdad. Las matemáticas están descritas por áreas, por ejemplo la topología. 

A lo que se dedica un matemático depende de muchos factores, quizás un buen matemático se pregunte las posibilidades que tiene un matemático para hacer un día de lluvia, a crear un teorema con ello. Las matemáticas son un campo inmenso, lleno de teorías, de disputas, de compañeros qué te dicen que lo que haces no está bien. Desafortunadamente están también repletas de estereotipos, que, por desconocimiento se difunden sin filtro alguno. 

Los matemáticos crean, entienden, observan cualidades y propiedades de los números, la mayoría que se podría ver en papel, y algunas situaciones son realmente sorprendentes. Quitar el estereotipo que existe en el que se dice que las matemáticas son para que quién mejor opere, es probablemente para un matemático el mayor de sus objetivos, aunque quizá no sea el más importante. Este sesgo que viene provocado por la enseñanza en la Educación Secundaria, debe ratificarse, porque, de no ser así, seguirán accediendo a la Universidad falsos genios que, con su alta nota media, y su interés en tener un trabajo digno, dejan fuera a quién de verdad quiere estudiar matemáticas, y no por las salidas, sino por su dedicación. 

Atendiendo al título de este artículo, quiero decir que las matemáticas no son una competición. Saber sumar, o derivar, me da igual, a los seis años es interesante, gracioso pero no es lo más importante. Los matemáticos no compiten por saber más que el otro, puede que compitan por llevarse la autoría en algo que ha sido fracaso para muchos otros matemáticos previos a él, y por ello, si un niño de seis años supiese demostrar el porqué de esta afirmación creo que sería un verdadero genio, dando igual si aún no sabe sumar. Las cosas llegan a su tiempo, pero el saber demostrar es una cualidad.

Una cualidad que no por usarla bien una vez significa que eres bueno, es una cualidad que puede dar a encontrar la solución a posibles afirmaciones desconocidas por el momento, y eso solo se puede hacer una vez por problema. Y por eso saber matemáticas es tan fascinante. Y creo que saber matemáticas de verdad es incalificable, aunque en las notas se incluya un resultado, un número basado en la cantidad de conceptos que has sido capaz de memorizar. El matemático H. Poincaré, dijo que los matemáticos no estudian objetos, sino las relaciones entre objetos, y por tanto, las matemáticas son infinitas. Cada uno decide qué objetos quiere comparar, cómo y de qué manera. Y esa es la maravilla de las matemáticas. 

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