Los últimos años constatan que viajar a cualquier parte del globo está al alcance de todos y todas, de cualquier bolsillo y por tierra, mar y aire. Hoy por hoy, traspasar países y continentes ya no es patrimonio exclusivo de los adinerados. El fenómeno ‘low cost’ en las aerolíneas popularizó el abordar vuelos al destino deseado por lejos que esté.

Además, se abarató la oferta de hospedaje llamémosle estándar (hoteles, hostales, albergues, apartamentos…) pues experimentó vaivenes al alza la competitividad en reservas vía internet, comercio electrónico y redes. También, encontramos plataformas que minimizan costes (airbnb, booking, jetcost…) o propuestas para encontrar guías locales, comidas, alquilar autos o encontrar taxis-VTC económicos. Al cabo, todo esto hace el viaje más apacible, seguro, ágil y cómodo. Quien no viaja ahora es porque no quiere.

Para quienes desechan alojarse en alojamientos fríos e impersonales subsiste una oferta alternativa que segmenta la hospitalidad en el destino elegido bajo diferentes formatos. El pago no se asocia con el hospedaje (Couchsuring, Hospitality exchangue, Warmshowers, Bewelcome, Staydu, Gocambio, Freeloaders…). Ninguno de ellos, repetimos, cobra al huésped.

Los anfitriones de estos colectivos y plataformas son personas de amplias miras, con sofá o habitación disponible y ojos a veces sorprendidos porque sus visitantes sólo cambian de cara y talla o sexo, se repiten. Algunos viajeros coleccionan banderitas en su mapa global de visitas, se mueven de un lugar a otro compulsivamente o coleccionan recuerdos, fotos o contactos dejando la aventura de conocer de lado. Muchos, inclusive, sólo ansían repetir ante otros ‘aquí estuve yo’. Esos viajeros y sus generosos cicerones acaban poseídos por la rutina. O peor aún, pueden cansarse de más de lo mismo con los mismos. Es, también, una forma de entender el viaje.

 

Servas viaja al hogar ajeno

Servas es una forma de entender el viaje pleno, el militante, digamos el más auténtico. El que sólo precisa billete de ida. El que invita a la inmersión alejando prisas y planes siempre incumplidos. Servas, en suma, viaja al hogar de otros y otras, a su cotidiano y a la realidad más cercana del destino.

Hablamos, para no andar con rodeos, de una organización pacifista integrada exclusivamente por voluntarios. Su médula operativa se basa en un dogma que ojalá se haga realidad: si los pueblos y sus gentes se conocieran más no entrarían en guerra. Los conflictos nacen de la ausencia de diálogo y la falta del conocimiento mutuo de personas y entre culturas.

Las dos guerras mundiales del siglo XX, en especial la Segunda (1941-1945), provocaron un clamor universal simbolizado en dos palabras: nunca más. Al concluir la última hubo incontables movimientos para que no se repitiera una nueva conflagración planetaria. La pauta fue compartir Justicia, Comunicación y la Paz con mayúsculas en todo el mundo.

Mahatma Ghandi ya puso el puntal de la no-violencia liberando su India natal -entre 1942 y 1947- del yugo colonial británico. Su filosofía no violenta y huelgas de hambre fueron comprensibles para el fin supremo que logró. Así retrató su plausible lucha: ‘No hay caminos hacia la paz, la paz es el camino’.

En la Vieja Europa, la que se relamía de sus heridas bélicas, surgieron espacios dedicados a fomentar la paz. Los vehicularon colectivos entregados a evitar más guerras entre humanos (Viittakiivi-Finlandia, Freundchaft Shein- Alemania, Hanse School-Noruega y Popular High School de Askov-Dinamarca. En el último se alumbró lo que el tiempo y el tesón de miembros llamaría Servas.

En Askov docentes, estudiantes, voluntarios y profesionales de numerosos países crearon -durante días estivales- una red. Al llegar a sus hogares intercambiaron señas para conocerse mejor en el hogar ajeno. En Askov germinó el movimiento ‘Peace Builders’ (Constructores de la paz).

Este materializó una propuesta que maridaba el triplete viaje-estudio-trabajo que desembocó -desde 1949- en la fundación de Servas. En esperanto, ese soñado idioma universal, Servas es ‘nosotros servimos’. La mayoría de sus miembros hacen buena aquella frase de la Madre Teresa de Calcuta que rezaba así: ‘quien no vive para servir, no sirve para vivir’ u otra de Ghandi: ‘La mejor vía para encontrarse es servir a los demás’

Como toda genialidad tiene un padrino, Servas une su alma fundacional a un californiano insumiso y objetor a la guerra de Vietnam. Bob Luitweiler (1918-2008) es un personaje que merece detalle. Implicado en la lucha pro derechos civiles trabajó de casi todo en su vida. Recorrió el mundo con un mensaje nítido sobre la paz para vencer el uso de las armas.

Luitweiler fue seguidor del Mahatma Ghandi y enamorado de España. La frecuentó cuando se instauró la Constitución, desde 1978. Tuvo particular querencia por la provincia de Almería. Allí, como Juan Goytisolo escribió en ‘Campos de Níjar’, quedó prendado de sus paisajes y sus gentes. La paz que buscó en su vida la encontró en este rincón andaluz imprescindible.

Desde su año de fundación Servas Internacional no dejó de sumar miles de viajeros (travellers), anfitriones (host) y guías (day host). Hoy cuenta con más de 20.000 miembros activos en 167 países de los cinco continentes. Hay muchos miles más de simpatizantes repartidos por el globo. Tiene estatus, país a país acorde normas locales, de ONG e integra órganos de la ONU (Consejo Económico y Social) desde 1973 y UNESCO más otros colectivos globales que fomentan la paz y comprensión internacional.

La fórmula de Servas es, sustantivamente, conectar y alojarse el/la viajero/a durante un máximo de 2/3 días en el hogar del anfitrión. Cada país o miembro de Servas puede ofertar -previa petición- alojamiento más tiempo a cambio de alguna colaboración: arreglos domésticos, enseñanza (idiomas, música, habilidades, crecimiento personal), compartir gastos, etc…

El sistema Servas ayuda a comprender mejor las realidades del lugar visitado. La convivencia en el hogar ajeno sólo al principio, suele ser fecunda. Muchos viajeros acaban siendo anfitriones y bastantes guías ansían tener sitio en casa para ser anfitriones. Resulta difícil de explicarlo en pocas líneas. Es como medir el calor humano del hogar. Pero positiva.

La ’experiencia Servas’ enriquece ese viaje total que recordaremos. Ese que exige naturalización con el lugar adonde se viaja. Normalmente, cuando preguntamos algo en un hotel las respuestas que recibimos suelen estar contaminadas porque el empleado tiene comisión, recomienda lo más común para el turista convencional o se tergiversa lo que nos dicen.

El ’espíritu de Servas’, su mensaje de paz, tolerancia y no-violencia metaboliza lo dicho, obrado y escrito por Ghandi, su seguidor italiano Lanza del Vasto (miembro de Servas y fundador de ‘Comunidades del Arca’, parecidas a los Ashrams hindúes o Kibbutz israelíes) y Martin Luther King sobre derechos de minorías. King expresó la complejidad de su lucha: ‘Volamos hacia las nubes, buceamos los océanos, pero somos incapaces de vivir como hermanos’.

Esta organización aplica un dogma básico: si los pueblos y sus gentes se conocieran más no entrarían en guerra

En Servas no se conoce la casa de alguien extraño. Es la de un vecino más. Comparte costumbres, inquietudes, problemas….. El anfitrión suele acompañar al viajero a lugares donde no van los turistas, ni hay viajeros que compilan fotos, recuerdos y relatos post-viaje que halagan egos.

Además, esa integración sustenta amistades a la postre perennes que trascienden el viaje en sí. Se fortalece, por tanto, ese horizonte de miras difícilmente localizable en internet, foros, chats, blogs, redes sociales, medios informativos o testimonios de otros viajeros sobre el destino o lo que se busca con el viaje que ansiamos. Cada viaje tiene su lugar en nuestros recuerdos, cada destino, cada momento resulta especial.

El intercambio cultural que sustenta Servas es amplio. Conversar sobre determinados temas derriba estereotipos y tópicos que acarreamos a priori. Si esta organización pervive al tiempo es porque pretende abrir las puertas de cada hogar a alguien que viene de fuera y se considera alguien más en ese hogar. Esas ‘puertas abiertas’ de Servas no se cierran con la despedida, es una ‘hasta la próxima’.

Es clave, para que Servas siga palpitando, que sus miembros no aborden temas que se alejan del fomento de la paz e interculturalidad. Crisparse con la política, prejuicios raciales o credos religiosos no son tabú. Pero se busca más lo que une en esa libertad que sustancia el compartir casa unos días.

 

España abre puertas

Nuestro país tiene a una dinámica Servas. Abordó sin complejos los cambios del mundo sin perder las señas de identidad del pacifismo. Unos cursos de español en la Universidad de Salamanca en 1973 conectaron a unos profesores daneses, miembros de Servas, con sus colegas españoles. Uno de ellos, Jaime Lucio Martín, extendió la semilla hasta conformar un grupo de miembros en Madrid, Barcelona y Sevilla.

Los difíciles comienzos de la rama española fueron vigilados por la policía franquista (brigada político-social) allanando pisos y preguntando a vecinos del porqué de tanto trajín de viajeros, mochilas y extranjeros. Cuando se percataron que Servas era pacifista y no integraba una conspiración judeo-másonica que tanto temía el franquismo, aquel germen de valientes pioneros consolidó un colectivo presente en todas las autonomías y que sobrepasa los 600 miembros. La sustentan con una cuota ínfima y una vocación de servicio que trasciende su voluntariado.

Además, Servas España en tiempos impulsó la fortaleza de sus vecinos en Portugal y Marruecos. Como en países de la Europa del Este en la época del ‘Telón de Acero’, dictaduras y monarquías absolutistas algunos países fueron tardíos en recibir el mensaje original de la paz que trasmite Servas, que sólo pretende unir en la diversidad y fraternidad universal.

Tras Martín, Ana Vela, Miguel Ángel Sarralde, Jacinto González, Luis Avendaño, Susana Martínez, Pilar Olea, Víctor Vélez, Florentina Sánchez y Gabriel López sucedieron al pionero español de Servas en los empeños de coordinar una red de héroes anónimos que luchan por la paz desde la hospitalidad y el trabajo de lograr un mundo mejor y más tolerante.

Abrir el hogar a viajeros (se acreditan por ‘carta de presentación’ -LOI, Letter of introduction- aprobada tras entrevista y pago de cuota) no merece otro calificativo como el heroico. Vivimos en un mundo donde predomina el interés, el dinero, consumismo y sacar tajada de lo vulnerable.

La web de Servas España (www.servas.es) explica los pormenores de ésta propuesta del viajero que es invitado a otros hogares no importa dónde. Las puertas se abren y encontramos personas y familias. La hospitalidad patria suma al concepto ‘Servas’ un valor añadido con nuestra cultura, historia, gastronomía, bondades climáticas y calidez de un país muy deseado por viajeros del todo el mundo. España recibe más de los que emite.

El estatus de viajero de quienes usan a Servas para conocer otras realidades no les obligan a inscribirse en este colectivo a su regreso. Es hasta recomendable viajar hasta la médula de este movimiento pacifista antes de optar por ser parte de Servas. En España, además, son especialmente recomendables las experiencias veraniegas en campamentos juveniles (youth camps) encuentros transpirenaicos, rutas de senderismo, hispano-lusos, cenas colaborativas y puntos de encuentro en capitales españolas.

Las últimas ediciones de los campamentos juveniles que se hicieron en diferentes puntos de la costa española tuvieron singular éxito y presencia internacional. El equipo que lo posibilitó lo lidera Susana Martínez Duro e integran -entre tantos- Carmen Balafuy, Mar Ferre y Juan Carlos Nieto.

 

El viaje pleno

Viajar más allá de la ortodoxia de desplazarse de un lugar a otro es parte de la filosofía Servas para conocer lugares, gentes, hogares y formas de entender la vida sin abandonar nuestras credenciales personales. Hoy por hoy detrás del viaje hay una industria que busca el consumismo y gasto masivo para hacer caja. El viajero total, ese que se diferencia del turista, busca integrarse con el destino, empatizarse con los lugares que visita y compartir con las personas su objetivo. No es otro que vivir una experiencia inolvidable que oxigena el alma de un próximo viaje.

El activo más apreciable de Servas es superar las barreras que a los humanos nos imponen para no entendernos y comprendernos adecuadamente. Las diferencias raciales, religiosas, ideológicas o económicas establecen tabúes y perjuicios que nos desigualan.

Cuando el viaje se convierte es visionar monumentos, visitar museos, disfrutar de playas o montañas o admirar paisajes exclusivamente acaba siendo impersonal. Falta ese toque y calor humano local que pisa el lugar donde viajamos. Ahí es donde la fórmula de Servas suma al traslado para convertirlo en viaje pleno. Con guías y anfitriones de Servas no se conocen lugares, ni restaurantes ni espacios que frecuentan los turistas.

Esa es la seña de identidad que anima a voluntarios en los cinco continentes a poner su granito de arena para que el hogar esté cerca cuando viajamos. Es decir, salimos de nuestra casa para entrar en otra por lejos que esté. Nos implicamos y participamos en el cotidiano del anfitrión de quien sabemos a priori qué le gusta, cómo llegar hasta su casa y cuál es su disponibilidad.

Hay muchas, demasiadas alternativas para viajar y ser felices conociendo otros mundos y personas. Hay propuestas para todos los bolsillos y al alcance de cualquiera. Pero Servas está, y estará, ahí. Militando por muy nobles causas. Este año cumple nada menos que 70 como herramienta de mentes y corazones para luchar un mundo mejor.

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