La vida es lo más preciado entre los humanos. El don de la racionalidad que nos diferencia de los animales, pensar, disfrutar, soñar, tener amigos, emparejarse o tener descendencia son sustantivos. Tales atributos no admiten demasiados matices, ni réplica. La salud es uno de los activos vitales. Debemos conservarla, prevenirla del mal y recuperarla cuando algún factor la deteriora o la hace peligrar.

La salud es –además– un activo que cuando se tiene no se aprecia lo suficiente. Un mandato humano, cívico, sería apoyar la salud ajena regalando nuestra propia sangre a quien la precisa. Especialmente a congéneres familiares, que apreciamos o con los que compartimos algo.

El 14 de junio se celebra el Día Mundial del Donante de Sangre (World Blood Donor Day). Es una manera de agradecer la donación desinteresada de sangre en todos los rincones del planeta. El tema de la campaña de este 2019 es ‘Sangre segura para todos’ como elemento para lograr la cobertura sanitaria universal. El Día Mundial está instituido por OMS-Organización Mundial de la Salud.

La idea que se persigue es sensibilizar sobre la necesidad universal de sangre segura en la prestación de atención de salud y la función esencial que desempeñan las donaciones voluntarias en la consecución del objetivo de la cobertura sanitaria universal. El eslogan publicitario (Sangre segura paras todos [y todas]) tiene por objeto alentar vivamente a más personas en todo el mundo a convertirse en donantes y a hacerlo regularmente. Estas acciones globales constituyen la piedra angular para crear una base sólida para establecer un suministro de sangre sostenible a nivel internacional que permita atender las necesidades de transfusión de todos los pacientes.

La OMS reitera así tributo póstumo al Premio Nobel de Fisiología en 1930. Nos referimos al biólogo austriaco Karl Landsteiner (1868-1943). Fue quien descubrió y tipificó los distintos grupos sanguíneos. Este descubrimiento posibilitó las primeras trasfusiones hace casi un siglo. Nunca olvidemos que los quirófanos y hospitales cerrarían en todo el mundo si no contasen con reservas mínimas de sangre y hemoderivados.

Cada día se donan en el mundo más de 80 millones de unidades de sangre, pero sólo el 38% de estas unidades son recolectadas en países en desarrollo, donde vive el 82% de la población mundial. Muchos países, los menos desarrollados, dependen aún de la donación de familiares o amigos de pacientes que requieren sangre. En otros debe recurrirse a donaciones pagadas para paliar ese déficit.

La clave española

La importancia de la donación voluntaria de sangre e incentivar a más personas a convertirse en donantes regulares es una pauta en nuestro estado. Tras la donación, algunos componentes sanguíneos no sobreviven más allá de las dos semanas.

Hablamos de un empeño individual escasamente reconocido por nuestras autoridades. Aunque tan generoso acto salva al día la vida de 375 personas y la conserva en casi 2.000 españoles. Los casi 1.000 millones de euros anuales que ahorran los donantes de sangre altruistas a la sanidad pública y privada tienen poco retorno en personas anónimos ante ese ahorro a los que no se les incentiva mínimamente. Queramos o no, ésta es una asignatura pendiente de las autoridades que deben aprobar más pronto que tarde.

De todas formas, tal generosidad tiene algún retorno para los casi 2,2 millones de donantes de sangre españoles, voluntarios y desinteresados ciudadanos. Cuando alcanzan cierto número de donaciones (25, 50, 75, 100 y 125 normalmente) son premiados con un diploma, placa o medalla. Se les entrega en actos que instan colectivos de voluntarios, bancos de sangre y entes sanitarios. Suelen acudir donantes, familiares y jóvenes más o menos sensibilizados con la necesidad de donar sangre regularmente.

No olvidemos que las reservas de sangre flaquean en Navidades, Semana Santa, verano o ante picos de intervenciones quirúrgicas, trasplantes de órganos, partos, accidentes viales, catástrofes y siniestros donde se multiplican heridos, hemorragias, trasplantados y enfermos crónicos.

Buscando algún argumento normativo que justifique un extra de implicación de las autoridades españolas con el donante de sangre sólo encontramos el Decreto 1088/2005 (BOE 20 Septiembre 2005). Esta norma reconoce el deber de la donación. Pero sólo contempla como único privilegio por ser donante obtener permisos laborales remunerados para el ‘tiempo indispensable’ de donar. En la práctica hablamos de una hora, como máximo. El detalle no alcanza, pues, a desempleados o jubilados.

Estas acciones globales constituyen la piedra angular para crear una base sólida para establecer un suministro de sangre sostenible a nivel internacional

Expertos multidisciplinares consultados por Diario16 creen que los españoles somos extremadamente solidarios ante llamamientos masivos de donantes, cuando los bancos de sangre agotan reservas o es imperativo encontrar donantes de grupos sanguíneos minoritarios. Debemos recordar que la sangre no se puede obtener artificialmente. No hay alternativas a la sangre humana tras incontables intentos de la ciencia de sintetizarla artificialmente.

Relativiza, sólo un poco, esa bondad española que escurramos y aplacemos una regularidad en nuestras donaciones. Ahí encontramos una clave para consolidar el espíritu solidario, cuyo tesón -por ejemplo- nos hace líderes mundiales en número de donantes y trasplantes de órganos.

Ese orgullo patrio oscurece la necesidad de la donación sanguínea. Una adversidad que limita voluntades individuales es el miedo que tenemos a los pinchazos y las agujas. Algunos experimentan angustia por el dolor que al cabo no causa. Todo esto parece broma, pero es verdad.

Un estudio de OCU (Organización de Consumidores y Usuarios) sitúa en tal circunstancia lo que más echa atrás y asusta a potenciales donantes. Pero ese temor es absolutamente infundado. La extracción de sangre no duele. Es, además, inocua. La sangre extraída la regenera el cuerpo humano, regenerándose el torrente sanguíneo.

Donar fuera de España

En bastantes países con los que compartimos mercados, moneda y leyes los donantes altruistas tienen privilegios asistenciales, descuentos, ayudas y un largo etcétera. La donación solidaria en los países europeos fluctúa en estadísticas sobre varones y mujeres, edades de los donantes y los grupos sanguíneos más comunes entre quienes regalan ese líquido humano que da vida. No obstante, hay países dentro de la UE que admiten remunerar la donación de sangre. Tal es el caso de Austria.

En Polonia, los donantes de sangre disfrutan de franquicias fiscales y les salen gratis reconocimientos médicos de la sanidad pública. Tales incentivos fomentan la donación sanguínea en un país que se acerca a los números austriacos en cuanto a donante/país. Los expertos sitúan el dato óptimo en el 5% de la población.

En países extracomunitarios encontramos algunos privilegios al donante. En Rusia, por ejemplo, les invitan a una comida y al transporte de ida y vuelta al banco de sangre. Además, tienen descuentos del 50% para prótesis o compra de fármacos y prioridad para acceder a viviendas públicas. En otros países del Este europeo y asiáticos los donantes son considerados ‘ciudadanos ejemplares’, los reverencian las autoridades y son atendidos prioritariamente por los profesionales sanitarios.

Las donaciones de sangre en el mundo

Colombia, Argentina y Brasil tienen números de donaciones que alcanzan sólo al 1,5% de su población. La tradición de donar sangre se reducía, hasta hace muy poco, a transfundirla a algún familiar enfermo, accidentado o parturienta. El sincretismo religioso entre creencias nativas, africanas y católicas europeas que impera en gran parte de los países latinoamericanos creó demonios en el acto de donar sangre en vez de un acto solidario con nuestros congéneres.

En Chile encontramos la ‘Casa del Donante’. Son centros ubicados dentro de complejos hospitalarios donde los voluntarios reciben atención previa y posterior a la donación, les hacen chequeos gratuitos y actos solidarios con frecuencia. El maridaje entre donantes, sanitarios y autoridades que fomentan la solidaridad humana es patente en aquel país hermano.

Llamativo es el caso cubano. En la zona de Santiago y Matanzas son las que más destacan por su solidario aporte. Y es plausible que la sanidad del país caribeño conceda a los donantes determinados privilegios asistenciales sanitarios de los que carecen sus homólogos en otros países de su entorno.

En nuestras antípodas, Nueva Zelanda, al donante seleccionado le costean un chequeo médico completo, le sufragan comida y alojamiento en el centro de donación. En Corea del Sur cada donante convalida 5 horas de voluntariado, descuentos fiscales y un reconocimiento social relevante.

Las antiguas repúblicas soviéticas de Asia ya conceden a los donantes la importancia que merecen con regalos y premios para vencer los recelos que entre musulmanes sunníes, mayoritarios en la zona. Una gran parte de ellos aún recelan donar sangre por razones religiosas y leyendas sobre deidades que perdían el poder guerrero al desangrarse.

El ejemplo sevillano

Regresando a la piel de toro, merece detenernos en la provincia sevillana. Se constata que, año tras año, registran índices de donación y solidaridad colectiva que nos congratulan como españoles.

La Asociación de Donantes de Sangre, Tejidos y Órganos de Sevilla (Adstos) que preside el doctor Rafael S. Hernández Izquierdo desarrolla una labor que sensibiliza y eleva la solidaridad colectiva más allá de lo convencional, tras contrastarlos con las estadísticas españolas.

Adstos ha logrado que se rotulen en la provincia sevillana en 53 pueblos calles, plazas o parques con el nombre del ‘donante de sangre u órganos’. En la capital hispalense hay ya dos vías y un parque que homenajean a los donantes. Y en todos los distritos municipales durante la celebración de actos populares se premia a los mayores donantes zonales, de ambos sexos.

Todo eso incrementó el número de donantes con impagable ayuda del tesón y profesionalidad del Centro Regional de Trasfusión Sanguínea que preside la doctora Jiménez Herrera, hematóloga. Los 44.548 sevillanos que donan regularmente lograron abastecer los hospitales sevillanos con 68.160 bolsas durante 2018. En dichos centros se realizaron además casi 1.500 trasplantes de distintos órganos, gracias a las reservas de sangre pre existentes.

El Saucejo, socio de honor este 2019 de Adstos, es un pueblo sevillano cuya alcaldesa, Antonia Capitán, lidera su entusiasmo solidario. Registró uno de los mayores ratio población-donante españoles. El pálpito generoso de El Saucejo lo referencia también el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, activo donante porque conoció el ejemplo de su padre, afecto a tal causa cívica.

Somos héroes, somos mejores

‘Spain is different’. Las extracciones colectivas fuera de bancos de sangre suponen casi un 70 % de las que se recogen. En el resto de países suelen ser distintos los números. Debemos recalcar que, por donaciones de sangre, somos autosuficientes los españoles. Pero no es así en plasma.

La sangre total donada y sus derivados se reparte de la siguiente manera: oncología 24%, partos 10%, intervenciones quirúrgicas 23%, trasplantes 12% y las patologías hematológicas 31%. Los donantes mayoritariamente lo son de los grupos A+ y O+ en un 71%; el resto se los reparten grupos de escasa presencia en la población (O-, A-, B+/- y AB+/-) además en las estadísticas encontramos un 55% de donantes varones y el 45% de mujeres.

A la igualdad plena en una sociedad de mayoría femenina le queda poco.

Antonio Machado (1875-1939), el inolvidable escritor sevillano cuya tumba está en Collioure (Francia), ya insinuó en sus reflexiones que la solidaridad tapa vergüenzas personales. Añadió, repetidas veces, que ante importantes retos del ser humano no se puede ser neutral.

El acto de ofrecer su brazo al/la donante le convierte en mejor persona al regalar vida a quien le flaquea o debe mejorar su maltrecha salud. Va llegando la hora de fomentar y privilegiar al donante desde los despachos del poder para que el orgullo y el compromiso social de regalar vidas a cambio de nada constituyan algo más que un gesto hacia el prójimo.

El donante de sangre español debe ser considerado más héroe social que regala parte de su cuerpo a un congénere a cambio de saber que ese gesto ayudó sencillamente a alguien. Cualquiera puede ser donante, hombre o mujer, desde los 18 hasta los 65 años. Los varones pueden donar hasta cuatro veces por año. Las mujeres sólo tres. Las razones diferenciadoras son exclusivamente clínicas.

Ningún donante sabe adónde, a qué persona, va su jugo vital. Pero tiene claro que servirá para regalar vida y salud. Esa sensación de utilidad social nos debe convertir, repetimos, en pequeños héroes por una gran acción solidaria que nos hace mejores personas.

Cualquiera, repetimos, puede necesitar sangre. Todos y todas la llevamos dentro, circulando por nuestras venas y arterias. Dársela a quien puede precisar ni duele, ni cuesta, ni entraña riesgo alguno. El flujo sanguíneo se regenera y reactiva. Por ello es fácil para cualquiera ser héroe, inyectar solidaridad, ser más cívico. La cita, varias veces al año, entusiasma: ¡Dona sangre!

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