Durante la campaña electoral, Albert Rivera puso un cordón sanitario a Sánchez, ese hombre que según él quiere romper España. La estrategia no le sirvió para llegar a la Moncloa, solo para que su partido subiera 25 raquíticos escaños, colocándose, eso sí, a tiro de piedra del PP tras la debacle pepera. Tal resultado, al líder de Ciudadanos le parece una fantástica victoria y ya se ve como líder de la derecha española. Rivera tiene una propensión especial para ver el mundo teñido de un optimismo efervescente naranja, una realidad energética como un trago de refresco burbujeante que solo percibe él.

En C’s creen que la táctica de vetar al presidente del Gobierno fue un gran acierto, solo que ahora tienen que trazar el nuevo rumbo de cara a las elecciones locales y europeas y quizá sea necesario levantarle la cuarentena a ese Sánchez desgraciadamente contagiado por Torra. ¿Pactará Ciudadanos con el PSOE sanchista en aquellos municipios y comunidades donde, esta vez sí, tiene posibilidades reales de gobernar? Ahí es donde la cosa cambia. Por lo visto el apestado, peligroso y poco fiable Sánchez ya no lo es tanto, y en la formación naranja ya se plantean pactos de gobierno con los socialistas en Aragón, Extremadura y Castilla-La Mancha. Es decir, el amor a España, la batalla por mantener la unidad del país, cede cuando de lo que se trata es de tocar poltrona en alcaldías y comunidades autónomas.

Si Pablo Casado ha sido capaz de pasar de la extrema derecha más recalcitrante al centro moderado en un abrir y cerrar de ojos, Rivera puede pasar de ponerle un cordón sanitario a Sánchez a levantar el profiláctico y a no tener miedo a contraer el virus del sanchismo. Parece mentira lo rápido que estos patriotas de medio pelo contemporáneos cambian de chaqueta y estrechan manos que hasta hace un momento parecían sucias por el hedor de separatistas, etarras y otras especies invasoras no deseadas. En política se trata de llegar al poder a costa de lo que sea y si hay que olvidar el pasado de un hombre que anteayer era el gran villano de la nación, el enemigo público número 1 del país, el gran felón de España, uno se tapa la nariz, le da el abrazo del oso y santas pascuas. Aquí de lo que se trata es de pillar concejalías y consejerías, de convertirse en el líder de la derecha española y de darle el sorpasso/descabello final al PP.

Para salvar la contradicción entre lo dicho en campaña y el nuevo discurso, Rivera ya ha comunicado cuál va a ser el manual urgente de contorsionismo ideológico. El mensaje a partir de ahora será: nada con el PSOE botánico de la Comunidad Valenciana o de Baleares, donde el expansionismo catalanista avanza, según Rivera, y firmar acuerdos con los socialistas allí donde el separatismo no sea un problema o donde los líderes de la izquierda se hayan comportado como buenos españoles.

En cualquier caso, C’s está loco por pactar con quien sea con tal de gobernar. En Navarra, ha firmado una coalición electoral con Unión del Pueblo Navarro (UPN). En la Comunidad de Madrid y en el Ayuntamiento de la capital, los naranjas quieren plantar batalla a la candidatura de Ángel Gabilondo y a Manuela Carmena para liquidar al PP tras décadas de hegemonía popular. Ya le han robado a Ángel Garrido a los populares en un caso de transfuguismo agudo y descarado sin precedentes. No sería de extrañar que otros líderes del PP siguieran el mismo camino de baldosas naranjas que conduce el maravilloso reino de Oz de Rivera, donde hay una España onírica, irreal, de fábula. El país que sueña el líder de C’s es un país donde no hay separatistas catalanes porque han sido borrados del mapa ni bilduetarras porque se han evaporado de la noche a la mañana. Ya se sabe que Rivera no ve madrileños, ni vascos, ni catalanes, él solo ve españoles y autónomos, muchos autónomos… O sea patriotas fetén y gente explotada laboralmente hablando.

Un político es una persona distinta ya estemos antes o después de unas elecciones y Rivera empieza a modular su discurso del blanco y negro, del pedigrí patriota, pasando al mestizaje del pacto, a los matices, es decir a aquello de que “cada comunidad y cada municipio tiene unos problemas y unas políticas distintas”, que es un circunloquio fantástico para decir que harán lo que más convenga a Ciudadanos. Por lo visto con Emiliano García-Page y Guillermo Fernández Vara Rivera va a entenderse a las mil maravillas porque tienen el pasaporte patriótico en vigor, que es lo que importa. Otra cosa es que coincidan en cómo resolver los grandes asuntos de Estado.

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