Foto: Casa Real

Hoy se celebra el 90 Aniversario de la proclamación de la II República, uno de los cambios más importantes de la historia de España, tal y como ha reconocido hoy el presidente Pedro Sánchez en el Congreso de los Diputados. Por primera vez en este país se logró un cambio político sin más violencia que la fuerza que dan los votos de la ciudadanía y se instauró una verdadera democracia que, en sólo media década, permitió que gobernaran tanto las izquierdas como las derechas.

Otro de los hitos que se celebran este año fue el gran paso del reconocimiento del voto femenino por parte de las Cortes  republicanas, algo que habría sido imposible con un rey o con un gobierno de las derechas que, como ocurre hoy en día en algunas formaciones, preferían mantener a la mitad de la población sumisa al poder del hombre.

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De izquierda a derecha: Pilar Llop, presidenta del Senado, SM Letizia Ortiz, Meritxel Batet, presidenta del Congreso y Carmen Calvo, vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática. Foto: Congreso de los Diputados

Esta es la razón por la que el Congreso de los Diputados celebró el pasado lunes un homenaje a una de las figuras más determinantes para la II República y para que el voto de la mujer fuera una realidad en España: Clara Campoamor, quien, en una ocasión, dijo con rotundidad que «República, república siempre, la forma de gobierno más conforme con la evolución natural de los pueblos».

El acto fue presidido por la señora Letizia Ortiz, quien seguramente se sintió trasladada a los principios que defendió antes de acceder a las altas cumbres. Vistió de rojo, porque roja es su sangre, no azul, y su origen popular la acercó a quien, desde la legitimidad que da la voz del pueblo, consiguió que las mujeres de este país, todavía muy controladas por los poderes fácticos, sobre todo por el religioso, tuviesen personalidad política.

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SM Letizia Ortiz; la presidenta del Congreso, Meritxell Batet, la presidenta del Senado, Pilar Llop; y la vicepresidenta primera del Gobierno y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática, Carmen Calvo, frente al escritorio de Clara Campoamor. Foto: Congreso de los Diputados

El acto comenzó en el escritorio Clara Campoamor, que ha sido trasladado, junto con otros objetos personales de Campoamor donados al Congreso, a la sala que lleva su nombre, donde también se expusieron la credencial de la diputada, un examen que realizó la parlamentaria el 7 de marzo de 1918 para acceder al Cuerpo de Taquígrafos de las Cortes y dos libros escritos por la homenajeada: El derecho de la mujer y Voto femenino y yo, sobre la situación de la mujer y del sufragio femenino.

Hay quien podría pensar que la ausencia de Irene Montero, en su calidad de ministra de Igualdad, fue un hecho reseñable. Incluso habrá quien haya querido sacarle punta. Sin embargo, creo que lo que sucedió el lunes sólo se puede enmarcar desde la más absoluta normalidad en la que una institución, la parlamentaria (Congreso y Senado) en la que la señora Montero no tiene ningún cargo, realice este homenaje con una representación formada por los miembros de las Mesas y de los portavoces de los diferentes grupos parlamentarios, entre los que se contó con la presencia de Unidas Podemos. Por parte del Gobierno, sólo acudió Carmen Calvo, en su calidad de vicepresidenta primera y ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes y Memoria Democrática. Estaban los que tenían que estar, teniendo en cuenta quién organizaba el homenaje a Clara Campoamor.

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Sofía Fernández Castañón, del Grupo Confederal de Unidas Podemos-En Comú Podem-Galicia en Común, saluda a S.M. la Reina, Doña Letizia, en el homenaje a Clara Campoamor por el 90 aniversario de la aprobación del voto femenino. Foto: Congreso de los Diputados

Por otro lado, la presencia de la señora Montero en dicho acto sería algo, siempre enmarcado dentro de la normalidad institucional, cuanto menos chocante si tenemos en cuenta que la defensa de los derechos de la mujer de Clara Campoamor en nada se asemeja al modo de entender el feminismo y la lucha por la igualdad que defiende Montero a través de la teoría queer que, en general, lo que promueve, en cierto modo, es la destrucción del feminismo. Si en algún momento el Congreso hiciera un homenaje a Judith Butler o a Eve Kosofsky, tal vez sí que resultaría extraño que no se invitara a la actual ministra de Igualdad.

De la normalidad no se puede sacar punta, sólo de lo heterogéneo y creo que nadie se debió sentir menospreciado o menospreciada porque ese acto estaba organizado por el Parlamento. En ese sentido, creo que no hay nada más que decir.

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