Ningún ser humano está ahora físicamente en la Luna, sino está en donde está: en cualquier lugar de la Tierra haciendo alguna de las suyas, probablemente creyéndose que sabe más de lo que sabe y creyéndose que es más bueno de lo que parece.

El caso es que está gracias a la REALIDAD, no gracias a un bla-bla muy exitoso o muy bien valorado que solo da lo que da: o racionalidad en decencia de una vez o “payasez” (o mal ejemplo) de maltratarlo todo por mala leche o por mala responsabilidad. Así es.

En verdad pura: mientras tú estás en la Naturaleza, los virus van a por ti; también las bacterias van a por ti; y los insectos, ninguno te va a respetar demasiado; y los vientos o las tormentas o los terremotos o, en definitiva, todas las fuerzas de la Naturaleza. ¡Todo va a ir por ti!, ¡claro!, sin rodeos.  Lo que estúpidamente ocurre es que tú quieres no violencia, sí, tú quieres no violencia, que no te moleste nada (¡qué tontería!) y que te abaniquen además varias sirvientas por la cara.

Sin embargo, la REALIDAD te contestará que estás un poco tocado de la cabeza y mirándote a la cara te dirá: “¡La no violencia no existe!”.  Porque… existe solo lo que realmente existe: lo que quiere dignidad de vivir y lo que no lo va a permitir; y también, lo injusto y lo que a uñas y dientes no quiere estar en lo injusto. Eso, ¡obvio!, es lo que existe.

El patriarcado es netamente violencia; las religiones (desde sus adoctrinamientos de obediencias o consentimientos de injusticias) son netamente violencias; el capitalismo formulado desde del esclavismo (o del esclavizar las riquezas-recursos públicos) es netamente violencia. Quiero decir, el fondo real es que la violencia es fondo de todo lo real, aunque muchas cosas se vistan de seda o de apariencias de no violencia, sí,  para unas intenciones de irrealidad o para esos rollos de indecencia o de falsedad que muchísimos se montan a muy sucia cara.

Pero lo que también ocurre (“sin remedio”) es que los seres humanos han impuesto unas normas, costumbres, leyes, conveniencias, etc. por las cuales “a algo no se debe molestar” bajo sanción, cárcel o linchamiento popular.  ¡Ah!, así sí que una aparente no violencia (entre tantos tipos de violencia) cuela ya en todos como normal, y se prohibe o se castiga siempre en función de tener o de no tener una aprobación por los sectores más dominantes de la sociedad.

La general violencia, en fin,  es utilizada por unos y por otros pero serán por seguro castigadas ésas violencias que no estén edulcoradas por la moda de una época. Por ejemplo, pegarle a un esclavo (aunque fuera niño) era “grato” o bendito unos años atrás y, además, prácticar la lapidación sobre una esposa infiel o que fuera un poco rara era más que bellísimo hacia un gran sentido de un buen hacer o quehacer social.

Ciertamente (y es donde está el quid de tanto error), ésas sobreprotecciones de ciertas violencias daban a entender a todos (en cualquier época, en una o en otra) que eran buenas o no eran violencias. Sí, como el defender la patria a toda arma o con las guerras o con incontables discriminaciones sin cesar. En esto no hay duda, unas violencias eran buenizadas por muchos poderes o por muchos intereses en la sociedad y, además, para mayor inri,  todo lo que producían ésas violencias (aunque fuesen insoportables desigualdades o injusticias) pasaba a ser inesquivable referencia del buen comportamiento de tal o cual sociedad.

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3 Comentarios

  1. Señor Repiso, no haga usted un totum revolutum poniendo todo al mismo nivel o igualando la violencia que pueda sufrir un asalariado actual con la que sufría un esclavo. Ambas son violencias, pero de tan distinta intensidad que no se las puede comparar. Un charco y un lago son básicamente lo mismo, pero a nadie se le escapa la diferencia. Con la violencia sucede otro tanto. La democracia y la nación democrática hay que defenderlas porque reserva el ejercicio de la violencia al estado, pone límites a la violencia y se dota de instituciones y procedimientos para minimizarla.

    La democracia precisas de un marco donde desarrollarse y ese marco es hoy la nación democrática. La nación democrática no es una panacea pero si se la compara con lo que sucede en los territorios donde ha desaparecido la nación y el estado como Libia o Siria o en países con dictaduras, la diferencia es abismal. Por lo demás coincido con usted. La violencia es ley en la naturaleza y forma parte de nuestro ADN. Es por ello que ante un mundo con tanta injusticia, violencia y desigualdad, yo me muestro asombrado por lo mucho que hemos conseguido antes que indignado añorando un paraíso perdido que nunca existió. Valoro que los humanos hayamos llegado tan lejos y defiendo los avances conseguidos; entre otros la nación democrática.

    • Sin comentarios de fondo, pues NO SÉ A QUÉ RESPONDER, en su irrespetuoso no atenerse al equilibrio del tema: el no existir de la no violencia.
      Su respuesta tiene una borrachera o una confusión total; porque aquí no se habla de motivaciones o de justificaciones de violencias, sean legales o no, sean democráticas o sean buenistas-caritativas o no (no se habla de las violencias variadas o con justificaciones que alude), sino se habla ÚNICAMENTE de que todo lo real es violencia (con la sociedad incluida), ¡nada más!, y es eso lo que explico usando únicamente la razón; ¡entérese ya!

  2. Ruego que DESGRACIA u otro pillo «desgraciado de la azotea» me busquen pronto un error gramatical, que yo bien te daré desgracia de las buenas o morcilla dura para varios días.

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