Lo leo y no me lo creo. Con la cantidad de muertos -auténticos muertos- que sustentan los pilares sobre los que se levanta la F1, ahora van y nos dicen que por que un señor ha dado positivo en coronavirus, un miembro del equipo sin precisar quien, se retiran del Gran Premio de Australia.

Y Hamilton y Raikkonen opinan que no deberían estar allí.

Si el coronavirus no es mucho peor de lo que nos cuentan y no estamos en verdad a las puertas del fin del mundo no tiene sentido que un deporte de máximo riesgo suspenda una prueba por algo tan nimio.

Y si estamos a las puertas del fin del mundo… mejor con espectáculo y circo.

Nos dolerá, en LAS ALMAS Y LA F1, no ver correr a Carlos Sainz.

En infinitos grandes premios con problemas endémicos por virus: diarreas, gripes, desconocidos… se ha corrido. Incluso pilotos enfermos han corrido.

Y ahora esto.

Me hace pensar en los guardias de tráfico antiguos que montaban unos atascos monumentales cuando sin pensar intentaban dirigir el tráfico, hasta que éste se acaba reordenando por sí mismo.

Ojalá no gane Hamilton en Albert Park, y ojalá sí corra McLaren… y ya puestos a pedir, que Sainz suba al podio y le aplauda el mundo entero.

Tigre tigre.

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