El sábado pasado presenté No apto para fanáticos, publicado por la Editorial Letrame, en Madrid, obra en la que describo mi trayectoria vital y política, desde mis inicios en los movimientos sociales que se enfrentaron a ETA y al nacionalismo obligatorio hasta el proyecto actual en el que estoy embarcado, Plataforma Ahora, pasando por mis ocho años de trabajo en el Parlamento Vasco (2009-2016) y mi experiencia en la dirección de UPYD. Durante la presentación en la que me acompañó David Ortega (quien fuera magnífico concejal en el Ayuntamiento de Madrid (2011-2015) y miembro destacado de la dirección del partido), Fernando Savater tomó la palabra para preguntar en voz alta si, después de nuestra experiencia, hemos aprendido, ya que esto es lo verdaderamente importante. Y, efectivamente, tras una experiencia tan apasionante (y en ocasiones tan extrema), la cuestión es si hemos aprendido y qué hemos aprendido (qué he aprendido, en mi caso). Y de eso trata mi libro realmente: de los acontecimientos vividos durante toda esa época y, sobre todo, de las enseñanzas que me llevo.

Y es que en la obra, además de describir todo el trabajo político que desarrollamos en UPYD y de describir los sucesos que protagonizamos, nos ocurrieron, disfrutamos y sufrimos (la creación del partido, la ilusión de los inicios, los éxitos y los fracasos, los aciertos y los errores, los ataques externos, los enfrentamientos internos, las luchas de poder, los celos, los egos, las crisis, las fracturas, los engaños o los desengaños), explico sobre todo lo que yo he aprendido en ese proceso, hasta dar forma a un libro que, tal y como explico en la contraportada, “no pretende ser una guía de actuación para nadie”, aunque sí “una humilde aportación a quien pudiera servirle”.

Así que, además de para dar a conocer la historia y la intrahistoria de UPYD, sirve para, de todo ello, más allá de lo que cada lector pueda concluir, señalar aquello que he ratificado o he aprendido.

Entre otras, que el ejercicio de la política exige no solo un riguroso trabajo institucional para implementar medidas que ayuden a mejorar la vida de los ciudadanos, sino una política de comunicación que la acompañe para una adecuada difusión de esas ideas y de ese trabajo en la sociedad; que es imprescindible atender a la realidad política del momento y ser oportunista en el buen sentido del término (oportunismo es “la actitud que consiste en aprovechar al máximo las circunstancias que se ofrecen y sacar de ellas el mayor beneficio posible”); que es esencial conocer los límites o las limitaciones propias (a una batalla se va para ganar) y conocer igualmente las amenazas y las oportunidades de los adversarios políticos (para saber a qué nos enfrentamos y cómo hacerlo con las mejores garantías); que hay que ser trabajador incansable y, a la vez, saber centrar los esfuerzos en lo que para cada cual es más sustancial, orillando cuestiones irrelevantes o menos relevantes o cuya bandera ya la enarbolan otros; que conviene ser flexible en lo accesorio y firme en lo esencial (y, desde luego, dialogante con quienes piensan distinto, tanto dentro como fuera del partido); que hay que entender que el programa político es la guía de actuación a tener siempre en cuenta, pero no la Biblia a salvaguardar letra a letra al margen de cualquier otra circunstancia; que deben mantenerse a salvo los principios políticos y cumplir las promesas realizadas y, en caso contrario, dar las debidas explicaciones a los electores; que hay que actuar con rigor y conocimiento de causas, contando con la opinión de técnicos y profesionales en las distintas tareas que se trabajen o en las diferentes propuestas que se defiendan; que debemos reconocer los aciertos ajenos y los errores propios, y actuar con humildad, honestidad y cierta prudencia, y comprender que la razón no te acompaña siempre y que el adversario político puede perfectamente disponer de ella (y así se evitarán comportamientos prepotentes, ególatras o fanáticos); que hay que ser contundente pero respetuoso con los adversarios políticos, distinguiendo a los enemigos de la democracia de los que simplemente piensan distinto; que es recomendable perfeccionar la democracia interna de la organización a la que uno pertenece, de modo que sus miembros se sientan representados y sus opiniones tenidas en cuenta, sin atajos de ningún tipo que pretendan marginar a la oposición interna (lo contrario será pan para hoy y hambre para mañana); que se debe repartir el liderazgo, las responsabilidades, las tareas y las portavocías, de modo que coexistan diferentes perfiles y ninguno sea tan exclusivo que haga depender la supervivencia de la organización de su omnipresencia; que hay que rodearse de personas capaces de analizar, debatir y argumentar y, llegado el caso, llevarte la contraria, es decir, que hay que romper el círculo de los que te dan la razón y escuchar y mezclarse con los que piensan diferente (“frotar nuestras seseras con las de otros”, en palabras de Montaigne); que hay que huir de cualquier tipo de fanatismo o sectarismo, estar cerca de los movimientos sociales, estar dispuesto a convencer pero también a dejarse convencer, evitar declaraciones que denoten prepotencia, altivez o arrogancia, ser natural e ingenioso, imaginativo y valiente, radical en el buen sentido del término, idealista y pragmático, e incluso ingenuo hasta cierto punto.

Nada de esto por si solo garantizará el éxito, pero mi experiencia me dice que son cualidades y aptitudes al menos dignas de tener en cuenta. Si se tienen en cuenta, los adversarios y los poderes fácticos lo tendrán más difícil para impedir que logres tus objetivos políticos. Y si no se tienen en cuenta, no podrás decir que hiciste todo lo posible.

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Nací el 11 de noviembre de 1974: tengo, por tanto, 42 años. Soy Diplomado en Ciencias Empresariales, Técnico en Gestión Fiscal y Técnico Especialista en Administración y Dirección de Empresas. Milité desde muy joven en diversos movimientos sociales que se enfrentaron al terrorismo de ETA, como Denon Arten-Paz y Reconciliación (durante los primeros años de los años 90) y Basta Ya (desde finales de los años 90). Milité posteriormente y durante unos tres años en el PSE, partido político que abandoné en 2006 al comprobar que dejaba de ser un partido nacional y de defender la igualdad y por su política en relación a ETA. Me afilié a UPYD el 29 de setiembre de 2007, el mismo día en que se presentó públicamente en Madrid. Desde el 1 de marzo de 2009 hasta el 20 de octubre de 2016 fui parlamentario vasco por UPYD. He estado en la Dirección de UPYD desde 2009 y soy exportavoz nacional del partido. Portavoz de la Plataforma Ahora

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