Del fondo Europeo de Recuperación por la Covid19, a España van a ser destinados 140.000.000.000 euros. Sí, has leído bien, ciento cuarenta mil millones de euros, que se dice pronto. Aunque sea una cifra mareante, los Presupuestos Generales del Estado del 2019 contaron con 472.660.000.0000 euros, para que puedas comparar.

Lo curioso del asunto es que la ayuda de la Unión Europea se destinará, sobre todo, a reorientar el modelo de negocio para digitalizar la economía y descarbonizar la industria. Es decir, que los que no estén acostumbrados a cambiar de sector y profesión van a sufrir bastante, perdiéndonos como sociedad, en un pis pas, la enorme experiencia en gestión de equipos de los profesionales con medio siglo de vida a las espaldas.

De hecho, la mitad de ese dinero llegará en forma de subvenciones y la otra mitad como préstamos durante los próximos tres años. Habrá que crear nuevos instrumentos, porque los actuales son poco eficaces. Te pongo un ejemplo: en mayo de este año, España tenía 12.084 millones de euros pendientes de ejecución asignados de Fondos Estructurales de la Unión Europea.

Las causas son varias: la elevada cuantía, el hecho de que las autonomías y los ayuntamientos tengan que cofinanciar de un 20% a un 50% de la ayuda y la enorme burocracia existente para la gestión de estos programas. Y lo digo con conocimiento de causa, ya que trabajo en programas del Fondo Social Europeo.

Por otro lado, durante la crisis desatada en 2008, los españoles rescatamos a las entidades bancarias y éstas, a pesar de haber remontado el préstamo que les hicimos, se han marcado un “donde dije digo,digo Diego”. Una década después, según el Banco de España, continuaban debiendo al erario público 42.561 millones de euros.

Pese a haber sobrevivido gracias a los impuestos de los ciudadanos, los únicos préstamos que dan ahora las entidades financieras van con el aval del ICO (Instituto de Crédito Oficial), dependiente del Ministerio de Asuntos Económicos y Transformación Digital, y conozco un par de casos que se han retrasado durante meses. Es curioso que mi banco de toda la vida no pueda adelantarnos 5.000 eurillos para la startup que he montado con mi socio, de lo que deduzco que más que parte de la solución, los bancos son parte del problema. Y, por otra parte, se me escapa por qué razón la Empresa Nacional de Innovación Sociedad Anónima (ENISA) solo da el primer nivel de préstamo a las startups cuyo socio mayoritario es menor de 40 años, cuando la mayoría que emprendemos superamos esa edad.

Mi conclusión de todo lo anterior es que canalizar las subvenciones a través de los instrumentos institucionales es laborioso y, lo que es peor, a través de los bancos significa tirar el dinero porque te lo revenden para sacar tajada y cubrirse las espaldas.

Ahora bien, puede haber una tercera posibilidad más económica y que llegue directamente a todos los ciudadanos, motores de la economía y garantes del cumplimiento de las normas de distancia social frente a la covid: ¿y si nos dan un millón de euros a cada persona que resida en España y, por extensión, al ser dinero de la Unión Europea, a cada europeo? 450 millones en total, ¿es posible?

Me centro en el caso de España para no perderme entre cifras. En nuestro país puede haber, redondeando a lo alto, 50 millones de personas, incluidos los niños que van a nacer  a partir de diciembre como resultado del confinamiento de sus padres, así como los inmigrantes no registrados todavía, que también deberían cobrar para evitar la imaginaria inseguridad ciudadana que injustamente les atribuyen (aunque fuéramos, en 2019, el 32º país más seguro del mundo, según el Índice de Paz Global).

Teniendo en cuenta que, en la declaración de la renta de la primavera de 2021, tributaríamos todos por el tipo máximo (49%) para que nos quede limpio casi un millón por persona tras impuestos (1.020.000 €), nos tendrían que dar dos millones por cabeza, esto es, 100 millones en total.

Sigamos con la hipótesis: si nos ponemos una paga mensual de 3.000 euros, a 14 pagas, salen 42.000 euros al año. Por 20 años, serían 840.000 euros y los 180.000 euros restantes servirían para equiparar el IPC anual, o mejor aún, para tapar agujeros y posibilitar que las familias que comparten piso puedan acceder a una vivienda o alquilar una para limitar el contagio por Covid19, reactivando el ladrillo, otro motor de nuestra economía. Aunque también es verdad que, en una década, el coste de la vida quizás haya subido tanto que nos hayamos fundido ese millón.

En otras palabras: ¿por qué no se hace populismo de verdad y se nos entrega a cada europeo 1.020.000 euros netos el próximo 1 de diciembre? Y que cada uno se lo gestione como quiera. Sin que tenga que estar papá Estado dándonos la renta mínima mensual.

De esa manera se podría reactivar la economía, y destinar tiempo laboral para formarnos en lo digital y en la economía SOStenible que requiere la agenda 2030. A la par que, si se hiciera en toda Europa, en España podríamos pasar del turismo barato de sol, playa y borrachera a ser la residencia de invierno de los teletrabajadores europeos que, lógicamente, pagarían su IBI entre otros impuestos.

Además, los muchos miles de millones restantes servirían para rescatar los presupuestos del Estado, comunidades, diputaciones, ayuntamientos y asociaciones vecinales que están velando por nuestro bienestar. De la misma manera que se podría regenerar un sistema público de salud que ha sido desmantelado durante décadas bajo la ilusa creencia de que jamás iba a pasar lo que ha pasado… y puede seguir pasando.

Apúntate a nuestra newsletter

Artículo anteriorGresca nacional
Artículo siguienteMal de muchos/as consuelo de tontos/as
Soy abre puertas, se me da bien conectar necesidades con soluciones. Me rijo por tres frases: la de mi madre “la vergüenza pasa y el provecho queda en casa”; la de mi padre, “la persona más feliz es la que menos necesidades tiene”; y la mía, “para crear valor hay que tener valor”. En plan profesional, soy FEO (Facilito Estrategias Operativas), conecto innovación con el mercado, mentor y docente en @eoi y @SEK_lab. Emprendedor con mi startup de comida rápida saludable. Autor libro “abre puertas, cómo vender a empresas”. Miembro de @Covidwarriors. En otras décadas organicé en IFEMA la feria Casa Pasarela y fui gerente de un concesionario oficial en Madrid de motos Honda. Licenciado en Dirección y Administración de empresas por CEU San Pablo, diplomado en diseño industrial por IED (Instituto Europeo Di Design), master de comunicación aplicada en Instituto HUNE.

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre