Cuando hablamos de iberismo, lo primero que se nos viene a la mente es esa idea romántica del siglo XIX que pretendía la ansiada e histórica unión de Portugal y España en un sólo país. ¡Qué bonito!

Pero, ya está, sólo es eso. Un bonito recuerdo, como un cuento de los hermanos Grimm, todo folclore y «romanticismo becqueriano”. 

Pero, siento comunicarte que estás equivocado, pues el iberismo resurge. Y no, no es un cuento, es un movimiento que está de moda, aunque aún no lo sabes.

Y es que, hemos crecido a espaldas de nuestro vecino, un hermano de uña y carne, lo decía Saramago. Como si estuviésemos enfadados. Presos de una historia de idas y venidas, de encuentros y desencuentros que nos impiden ver el bosque. 

En este frondoso territorio, es donde los políticos campan a sus anchas. Lodazales, repletos de subvenciones europeas de cooperación, poco democráticas, donde se gastan ingentes cantidades de dinero, para avanzar muy poco en el desarrollo de auténticas políticas iberistas. 

Entonces, ¿Qué es el iberismo?

Pues ya sabemos lo que no es: El anhelo por construir un solo país. Eso ha quedado guardado en una estantería, a la espera de comenzar a construir un futuro mejor. 

Pero sí sabemos lo que es: Un futuro, que ha sabido entender perfectamente la Sociedad Iberista, asociación sociocultural, sin ánimo de lucro y mayoritaria de este movimiento iberista ,que siempre trata de mostrarnos qué es el iberismo. 

Ellos dicen que el iberismo es una navaja suiza. Es un movimiento muy pragmático, que habla de la construcción de estructuras comunes entre los dos países, de eliminación de las diferencias, de construcción de puentes, de políticas energéticas, de aumento neto de biodiversidad, defensa de lo público o del desarrollo de una cohesión y bienestar social, sin límites. 

Muchos, aún no lo entienden. Y cuando se critican acciones o gestiones que afectan directamente a la clase media de ambos países, piensan que aquello no es iberismo. Pero, de hecho, sí que lo es. 

¿Ya sabemos entonces lo que es el iberismo?

Sí, claro. Una OPORTUNIDAD, para crecer juntos, para que las diferencias nos dejen de separar y comiencen a enriquecer. Porque la Sociedad Iberista cree que es el momento de cambiar el chip y, ¿qué queréis qué os diga? Yo estoy harto de que todo siga igual. Quiero cambios estructurales que sé que no llegarán desde el poder ejecutivo o legislativo. 

No tengo nada en contra de esa oligarquía, pero creo que la Sociedad Iberista es la herramienta perfecta para organizarnos, y empezar a reclamar los cambios que necesitamos.

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