“Hoy nos damos cuenta de que hasta qué punto ha fracasado el régimen del 78, completamente.” “En la actualidad es evidente que la democracia española tiene un defecto de origen: no ha roto con el régimen franquista ni con su cultura política.” Lo escrito por Carles Puigdemont en su libro La crisis catalana, son posiblemente un fruto de la experiencia y la reflexión de todo lo sucedido en Cataluña, un cambio de paradigma que ha convulsionado las que parecían inamovibles estructuras del estado y el régimen político españoles.

Desde los inicios de la transición la vida política en España ha venido marcada por una orfandad de las opciones rupturistas desde que las élites mayoritarias de las fuerzas de izquierda, y también las catalanas y vascas, optaron por abandonar la ruptura democrática con el régimen franquista y optaron por la llamada reforma, que suponía en lo básico un cambio lampedusiano. Eso ha supuesto un empobrecimiento no sólo en lo político, sino también en lo social y cultural, en la medida que no había alternativas reales de cambio, y se impuso una visión uniformadora y homogenizante. Los sectores críticos, invisibilizados y silenciados, cuando no criminalizados, ocupaban un papel marginal. El régimen del 78 ha sido siempre muy de pensamiento único.

Por activa o por pasiva, de forma mayoritaria, la sociedad aceptó conformista una democracia vaciada de contenido. La no victoria sobre el fascismo y la muerte biológica del dictador, tuvo mucho que ver con esa situación. No ya porque no se produjese la ruptura, sino que la dialéctica movimiento contra-hegemónico frente a la hegemonía política y social dominante apenas ha existido. Tuvo que llegar la crisis económica para que la supremacía dominante se quebrase parcialmente; fue el “lo llaman democracia y no lo es”, o “el no nos representan” del 15-M. Fue ante todo una rebelión ciudadana, que no una revolución, tal y como las define Albert Camus. Ni siquiera cuando posteriormente surgió una nueva fuerza política, Podemos, que se ha quedado a medio camino, sin atreverse a asumir hasta el momento, un papel rupturista. Y en esto llegó la Revolución Democrática Catalana. El llamado consenso del 78 rompía sus costuras por la parte catalana con un importante movimiento soberanista y republicano. Lo contra-hegemónico se convertía en hegemonía social, tal y como la señalaba Gramsci. El régimen del 78 abandonaba su protocolo democrático, para mostrarse como la anocracia que es, ganando terreno su parte más autoritaria. Los hechos son de sobra conocidos, estamos insertos en ellos y con un escenario incierto.

Cuando al autoritarismo solapado se le cuestiona su autoridad se quita su careta y muestra su autentico rostro: el de los dueños del cortijo que defienden a la fuerza lo que consideran sus dominios. Como cuenta el escritor Ismail Kadaré en varios de sus libros, el Imperio Otomano frente a los bajas que se le rebelaban, les cortaba la cabeza y las exponía en público. Era venganza, una muestra de fuerza y un elemento ejemplarizador para que nadie se atreviese a cuestionar el poder del imperio. Así el régimen del 78 está empeñado en cortar la cabeza de quien ha convertido en su enemigo number one: Carles Puigdemont. El fusilamiento de un muñeco representando su figura en un pueblo sevillano representa simbólicamente lo que es el deseo del establishment. Lo último ha sido el intentar por todos los medios el fracaso de la candidatura a las elecciones europeas que encabeza.

Como el propio Puigdemont escribe en su libro “no me atrae en absoluto la idea del líder mesiánico”, y creo ante todo en proyectos colectivos. Pero hoy, aparte de la República Catalana, no existe en el conjunto del estado una alternativa real al marco político-jurídico del 78; seguimos en la orfandad del rupturismo.

Más allá de lo que se pueda opinar de la candidatura de Junts per Catalunya, de su programa y contenido, sus votos representan la mayor bofetada que se puede llevar el régimen del 78. Y teniendo en cuenta que las elecciones europeas son de circunscripción única, se les puede votar también fuera de Cataluña. No entro en cuestiones partidistas, sino que como dijo Maquiavelo y aunque no sea siempre cierto: el enemigo de mi enemigo es mi amigo.

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Escritor. Colaborador del periódico El Comercio y otros medios digitales. Autor de los libros, la novela El tango de la ciudad herida, el libro de relatos Los viajes de Eros, las novelas Los amantes del hotel Tirana (premio Ciudad Ducal de Loeches) y Decir deseo (premio Incontinentes de novela erótica). Premio Internacional de periodismo Miguel Hernández 2010. Más de una docena de premios y distinciones de relatos. Autor de diversos prólogos-ensayo de autores como Robert Arlt y Jack London, así como partiipante en varias antologías literarias, la última “Rulfo, cien años después”.

6 Comentarios

  1. Si la Ñ profunda pudiera leer y entender,otro gallo nos cantaría, no solo en CAT,Ñ no sabe o entiende qué lo más revolucionario contra el Franquismo es el movimiento Catalán, no es contra ellos, como les bombardea Atresmedia y Mediaset,putas del régimen.

    Allá ellos, esto no lo para ni el PPSOECsVox ni sus zorras togadas, a por ellos oe ….

  2. Que pena que no halláis nacido en Venezuela, lo mismo seríais capaces de hablar de un régimen con propiedad. Estos balbuceos ideológicos los hacéis gracias a una democracia, y me alegro. Siempre es bueno oír disparates, que nos recuerda las libertades que tenemos. Y sino que se lo digan al cobarde de waterloo, que puede presentarse a europeas, gracias al régimen.

  3. ¿Realmente es una alternativa rupturista al régimen del 78? ¿Qué hay de más democracia en la Constitución republicana catalana que en la española? ¿No será, como tantas otras veces, el cambio de unas élites por otras?

  4. Fue colocado a dedo por Artur Más como lo ha sido ahora Quim Torra por Puigdemont. Artur Más empezó a inventarse el slogan de la Independencia para hacer una cortina de humo sobre su pésima gestión socioeconómica cuando presidía la Generalitat de Cataluña. Y ahora los partidos nacionalistas vitoreando el independentismo porque queda «fashion» y pseudo patriótico a más no poder» como si fuera un «Y yo más…» o «Maricón el último». El borreguismo está a la orden del día en Cataluña.
    Puigdemont ha sido una marioneta como lo es en la actualidad Joaquim Torra. Es una pena ver que desde Artur Más, el verdadero leader no está situado en la Presidencia sino que quien mueve los hilos, se sitúa en el segundo plano.

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