Para el PSOE y todo su entorno (el poder económico), la investidura de Pedro Sánchez y la conformación del gobierno de coalición, cosa que cada vez parece estar más cerca, debe convertirse en una herramienta de estabilización y continuidad de un régimen que ha superado con creces las turbulencias acaecidas desde 2008. Sin bien ya sabemos que, para alcanzar esta meta deben neutralizar las perspectivas reformistas de UP y las aspiraciones independentistas en Catalunya, lo que debemos resolver son los motivos que empujan al establishment a permitir esta vía y descartar otras como la propuesta desde Ciudadanos.

El ruido que están montando desde el llamado bloque constitucionalista, bajo un discurso que argumenta estar intentando evitar la segura destrucción de España de la mano de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias, parte de la clásica lucha que los partidos del régimen mantienen por monopolizar el poder político una vez que, visto lo visto, existen suficientes garantías como para dar forma a la reestructuración del régimen hacia el nuevo neoliberalismo.

En ese sentido, dicha reestructuración no va a partir del discurso bronco y apocalíptico del bloque más conservador sino que, como vienen siendo tradición, vendrá por el lado progresista y conciliador que, mayoritariamente, escenifica el PSOE. Porque, como bien dijo Adriana Lastra en el primer debate, es el único partido de ámbito Estatal con posibilidades de gobernar que ha protagonizado de forma activa la Transición y respaldado la Constitución. Es más, es el partido político que más tiempo ha ostentado la presidencia del gobierno y mayor número de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas ha contralado cumplimiento sin falta los preceptos de la Constitución del 78’.

Con estos antecedentes, el PSOE, no puede ser considerado sospechoso de sedición o de querer romper España. Quien dice eso olvida el “sacrificio” que realizaron –con lo que ellos llaman sentido de Estado–, para que Rajoy fuese presidente del gobierno o apoyar la aplicación del Artículo 155. Del mismo modo que pasan de puntillas sobre el hecho de que dicho gobierno no supuso una mayor estabilidad sino, más bien, una fractura socioeconómica y política superior en Catalunya y un posible repunte de la “indignación” popular al conocerse la sentencia condenatoria hacia el PP.

En ese momento de debilidad de Rajoy es cuando el PSOE toma las riendas de la oposición (neutralizando así las posibles embestidas reformistas de UP), para protagonizar una moción de censura con el apoyo del resto de partidos progresistas. Posteriormente, y como bien argumentan desde el partido, fue el rechazo del bloque conservador a la embestidura de Pedro Sánchez lo que llevó a unas nuevas elecciones en noviembre.

El rechazo a dicho político por parte de PP o C’s no partía del peligro para la “integridad” de España, sino de la aritmética parlamentaria que pudiera resultar de un nuevo proceso en el que el principal discurso versaba sobre quién era más español. Este “ajuste de cuentas” entre partidos del régimen terminó con la victoria del PSOE; el hundimiento de C`s; la consolidación de un bloque reformista encabezado por UP; así como la hegemonía política de los partidos independentistas catalanes.

Llegados a este punto, y volviendo a la pregunta inicial, la estrategia tomada por el establishment para cerrar la crisis torna, como no podía ser de otra forma, por permitir un gobierno de coalición entre PSOE y UP. Los motivos parten del hecho de que el primero es el único partido capaz de neutralizar a los críticos y reformistas de Pablo Iglesias, por otra parte, solo un gobierno que contengan dentro de sí elementos dialogantes y de izquierdas como los miembros de UP pueden dar pie, con mayor porcentaje de éxito (puesto que los mensajes de C’S, PP y Vox solo radicalizan más el escenario), a una “pacificación” de los intereses del bloque independentista en Catalunya (monopolizado mediáticamente por ERC y JXCat), con el menor coste socioeconómico y político posible.

En resumidas cuentas, PSOE tiene que ser. Y es que, para el régimen, siempre ha supuesto una garantía de estabilización y continuidad frente a los grandes problemas socioeconómicos. Por ahora, no ha existido un partido mejor capacitado para amortiguar las contradicciones sin sufrir desgaste alguno. Por ello, el poder entiende que, es el momento de pegar carpetazo a la crisis utilizando a UP y su capacidad dialogante para, posteriormente, desgastar su credibilidad en las tediosas tareas del gobierno para encerrarlos bajo llave en la “casa común grande”. El cómo actuarán los de Pablo Iglesias en el desarrollo de esta historia es otra interesante pregunta.

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