Perdónenme la expresión de “mercado” político, por las connotaciones de marketing y económicas que puedan derivar de tal manifestación, alejadas de toda la trascendencia ideológica y de lucha de clases que en sí mismas encierran las siglas del partido, pero existe una necesidad imperiosa de adaptar la forma de hacer política a los tiempos que nos son coetáneos para dotar a nuestra ideología de una base y respaldo social que mantenga y potencie nuestro Estado de Bienestar de un modo permanente, pues el mismo está gravemente comprometido.

En los últimos tiempos, la irrupción de nuevos partidos (que no nuevas ideas) ha puesto en relieve el hartazgo de muchos sectores de la sociedad con el modo de hacer política de los partidos tradicionales. Han adoptado un modelo menos identitario y lo han arrastrado a un modelo más superfluo generado por eslóganes y publicidad que regalan piropos al oído, propensos a crear falsas expectativas a quién los compra y yermos en cuanto a la profundidad de su mensaje. Adaptar el modo de hacer política no es imitar prácticas o técnicas de “multinacional” que emplean partidos como Cs, sino adaptar nuestro mensaje a los tiempos que corren colmándolo de profundidad identitaria, ello nos llevaría a ofrecer un mensaje que marque la diferencia con respecto a los demás partidos sin crear falsas expectativas. Un mensaje que pueda ser “comprado” por la ciudadanía con todas las garantías.

Las crisis de identidad que sufren partidos de la derecha, como el Partido Popular, con trasvase de cargos, militancia y votantes a Ciudadanos o partidos de vieja y extrema izquierda, como Izquierda Unida en su conjunción con Podemos y viceversa, pueden favorecer la creación de unos cimientos que nos hagan luchar contra los demás grupos políticos desde una perspectiva posicionada ideológicamente en la izquierda, que marque el devenir de nuestro país con la mirada fijada en el futuro, teniendo el pasado como ejemplo de estudio. Una izquierda con un mensaje moderno, adaptado a las necesidades actuales e incluyente, pero, por encima de cualquier premisa, una izquierda formada y con profundidad, alérgica al tentador populismo.

El papel de las Juventudes Socialistas

Para ello es necesario que esa modernidad empiece desde la más temprana edad militante. Las juventudes socialistas, a menudo, tienden a organizarse como auténticas escuelas de políticos y son muy poco dadas a profundizar en el mensaje, en el estudio de la propia ideología y de la sociedad en la que se desenvuelven, para poder lanzar un mensaje que llegue a las masas sociales de su generación. Las nuevas generaciones del socialismo español yerran al seguir empleando el mismo mensaje que generaciones anteriores, cuando la dinámica política de la última década es muy diferente a la seguida tradicionalmente. El 15M supuso un antes y un después en la forma de entender la política en España, de ahí a que el tradicionalismo cargue con un peso muy acentuado y si no se adapta a los nuevos roles -que la ciudadanía reclama- difícilmente pueda salir a flote.

La izquierda es, por naturaleza, vanguardista y ha de adelantarse a los cambios sociales que puedan producirse en el país, para saber lidiar contra las propias contingencias que puedan surgir o incluso, prevenirlas. Ir a la retaguardia es contrario a los intereses de la izquierda y manifiesta su fracaso, por ello, nuestro Estado de Bienestar está ahora más comprometido que nunca. La izquierda se ha dormido en los laureles en todos sus estamentos y, por ende, hay que establecer los mecanismos necesarios para dar el impulso definitivo, a través del cual, el idealismo de izquierdas siente sus posaderas de una vez por todas en nuestro país sin que el virus propagandístico del populismo -que no hace más que dañar la imagen sensata del movimiento obrero- produzca el harakiri generalizado de todo movimiento socialista que se precie.

Modernización en el mensaje significa ser agresivo contra la corrupción

La corrupción es uno de los problemas que más preocupa a los españoles y, como tal, hay que tratarla en sentido amplio, lo que implica que se ataque la corrupción emanada fuera de las casas socialistas y, con más beligerancia, las que se producen dentro de nuestras estancias. Y ese mensaje debe trascender a todos los espectros de nuestra sociedad, porque luchar contra la corrupción, venga de donde venga, es luchar por los intereses de la ciudadanía, es luchar por la viabilidad de las ayudas sociales, por las becas, por las pensiones… en definitiva, luchar contra la lacra de la corrupción es una lucha social que nos compete y que debemos de abanderar desde el ejemplo.

Modelo territorial federal, atendiendo a las necesidades sociales y económicas de cada uno de los territorios que conforman nuestra nación, con la solidaridad de todos ellos como elemento esencial.

Cuando hablo de emitir un mensaje moderno, implica enviar un mensaje contundente a la ciudadanía. Ese mensaje ha de estar al lado de la democracia, pero al lado de una democracia dinámica, pues la rígida, aquella que no ampara la holgura que puedan tener los momentos sociales, queda desnaturalizada, deviniendo, dicha rigidez, en otro tipo de Estado que se asemeja más a un totalitarismo que a un Estado Social y de Derecho.

El Partido Socialista no puede ser un simple testigo en la problemática territorial, sino que ha de ser quien exponga la solución más eficaz para atajar la cuestión territorial, con la contundencia que le puede ofrecer su ADN de izquierdas que le permite integrar el conjunto de los nacionalismos existentes en nuestro país, favoreciendo el reconocimiento de los derechos de cada uno de los territorios de nuestra nación y su integración en el modelo de Estado Federal a través de la solidaridad de todos ellos, propiciando una España que crezca por igual, teniendo en cuenta todas las sensibilidades y siendo garante de todas ellas.

El Partido Socialista necesita mirar al futuro y debe ocupar la Izquierda futura, pues la Izquierda del pasado ya la ocupó propiciando nuestro modelo de Estado actual. Dejemos que otros intenten encuadrarse en su posición ideológica del pasado, nosotros debemos proteger el futuro de nuestro país.

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Soy de Pegalajar, un pueblo de Sierra Mágina en la provincia de Jaén, donde la cultura del agua y el AOVE se funden en un mar frías aguas que descienden por tierras centenarias excavadas en la roca. Millennial porque mi nacimiento pilló en esas primeras fechas del año 87 del siglo pasado y Abogado por absoluta vocación de servicio a la Justicia. Escribo artículos de opinión en varios medios por el simple hecho de disfrutar de un derecho que antaño tan caro fue pagado. Me gusta escribir y disfrutar el regalo de la vida, acompañado siempre de una buena música y una gran sonrisa.

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