derechos mujer

El pacto que han firmado PP y Ciudadanos en Andalucía dice apostar por las políticas de igualdad, una retórica declaración de intenciones que se antoja más bien un brindis al sol, ya que mientras proclaman la igualdad, ambas formaciones buscan el apoyo necesario de Vox, un partido abiertamente machista, además de xenófobo. Concretamente, el pacto suscrito establece que se harán efectivos los “derechos contemplados en la nueva Ley Andaluza de Igualdad de Mujeres y Hombres con la finalidad de mejorar la conciliación laboral y familiar de todos los trabajadores andaluces, la corresponsabilidad entre mujeres y hombres y la reducción de la brecha salarial, el desempleo femenino y la precariedad laboral de las mujeres”.

Ambos partidos acuerdan además luchar contra la violencia de género e incluso impulsar “un cambio cultural por el que se eduque a niños y niñas, desde edades tempranas, en los mismos valores”. “Trabajaremos fundamentalmente desde la escuela con el objetivo de evitar las expectativas desiguales en el tipo de educación o en la carrera profesional entre niñas y niños por razones de sexo. Fomentaremos la visibilidad de modelos a seguir femeninos, sobre todo en los ámbitos de la ciencia, el deporte o el mundo empresarial”, suscriben los firmantes.

En principio todos estos puntos suenan bien, grandilocuentes, civilizados, como si hubiesen sido sacados de la mismísima Declaración Universal de los Derechos Humanos. El problema es que una cosa es lo que predican PP y Ciudadanos, lo que queda plasmado en negro sobre blanco en un papel que más pronto que tarde puede terminar mojado, y otra bien distinta la política concreta que practican y los socios de gobiernos que eligen. Garantizar las políticas de igualdad entre mujeres y hombres no es negociable, es un principio reconocido constitucionalmente, por mucho que los ultras de Vox pretendan retorcer nuestra Carta Magna para adaptarla a su siniestra filosofía política. De ahí que buscar la alianza de un partido como Vox suponga, no solo una infamia política, sino un error histórico que Ciudadanos, empeñado en demostrar que es un partido de centro, puede terminar pagando caro. Y si no al tiempo.

Del PP, por su parte, se puede esperar todo. Es un caso perdido. En los últimos años los españoles se han acostumbrado a las mentiras del partido de la gaviota. Basta recordar que Rajoy negaba la corrupción mientras los miembros de su partido entraban por docenas en los juzgados para responder por escándalos políticos de toda índole. Y para qué vamos a hablar de otros engaños mayúsculos como la guerra de Irak, el Prestige, el Yak 42, etcétera. No son gentes de fiar. Pero lo de ahora, que Pablo Casado se haya echado en brazos de esos ultraderechistas que defienden abiertamente el régimen de Franco, no hay mentira que lo sostenga ni montaje que lo enmascare o justifique. El presidente popular se proclama un firme defensor de la igualdad entre mujeres y hombres pero al mismo tiempo es capaz de estrechar la mano de Abascal. Y ahí no caben engaños, artificios, circunloquios ni retóricas vacías. O se está con el feminismo, con las mujeres, con la política igualitaria con todas las de la ley, o no se está. O se es feminista o se es machista. No caben medias tintas en un asunto tan trascendental.

Por esa razón cuando Vox exige a PP y Ciudadanos que retiren sus propuestas de igualdad en el recién suscrito pacto, el mensaje que les está enviando es claro y rotundo: O estáis con nosotros, los machistas, los defensores del bíblico patriarcado, o no estáis. Esa es la prueba de fuego que deben superar Casado y Rivera. Hoy ha muerto otra mujer víctima de la violencia machista. Era el mejor momento para que ambos líderes, que se suponen representantes de una derecha moderna y civilizada, salieran a la palestra para decir que ante la barbarie no cabe dar ni un solo paso atrás. Era el día para decir que todo lo que se ha conseguido en 40 años de democracia, la equiparación de derechos entre ambos sexos, el derecho a la igualdad de todos los españoles sin discriminación, no será puesto en peligro por el gobierno de una comunidad autónoma. Sin embargo, lejos de dar ese do de pecho en defensa de la mujer, Casado ha salido afirmando que no admitirá lecciones de una izquierda que se reúne con terroristas y con golpistas en Cataluña. El mismo discurso de trazo grueso de siempre. La misma demagogia barata. Las mismas palabras huecas que solo sirven para esconder la realidad, tal como hizo el PP en los años sucios de su corrupción (quizá por no haber pedido perdón en su momento hoy estén pagando un precio muy caro en las urnas).

Los argumentos que esgrime Vox para liquidar las políticas de igualdad y contra la violencia de género son falsos. Las estadísticas demuestran que no hay una conspiración del Estado para tapar supuestos crímenes cometidos por mujeres. Tampoco hay tal supremacismo feminista, sino que es todo lo contrario: pese a los grandes avances que se han logrado en las últimas décadas seguimos viviendo en un modelo patriarcal de sociedad. Todas esas “burradas” (no pueden recibir otro calificativo por su pobreza intelectual) son argumentos más que suficientes para que partidos que se dicen demócratas apliquen cuanto antes un cordón sanitario a una formación que solo promueve el odio y la discriminación. Por cierto, en el famoso pacto PP/Ciudadanos de Andalucía se dice que ambos lucharán “para erradicar la homofobia, lesbofobia, bifobia y transfobia en el mundo del deporte” y que diseñarán “una estrategia global de erradicación de la discriminación por razón de orientación sexual, identidad y/o expresión de género en el deporte en Andalucía”. Un nuevo brindis al sol, otra mentira más que se desmontará por sí misma cuando los líderes del “trifachito”, consumado el despropósito y formado ya el nuevo gobierno andaluz, se hagan la foto indigna de San Telmo.

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