El 20 de noviembre de 1975, volvió a brillar el sol en las casas de la mayoría de españoles que veían con esperanza, lo que podía ser el final de una de las dictaduras más largas de todo el continente europeo, sólo precedida por la dictadura de Salazar en nuestro vecino Portugal; aquella  que finalizó con la “Revolución de los Claveles”.

¿Por qué es necesario que la Ley de Memoria Histórica se ponga en marcha aunque sea en un momento como este? Pues porque la generación que se está llevando por delante esta pandemia son los hijos, esposas, hermanos de los que murieron asesinados a manos de los que ganaron la guerra. La única ilusión que les queda, es poder enterrar dignamente a sus familiares antes de morir. ¿No merecen morir en paz?

Los que buscan en la Ley de Memoria Histórica, una ley de venganza o revanchismo, están muy equivocados y desconocen su propia esencia. Siempre hemos escuchado por parte de la derecha de este país, que es tiempo de olvidar, de hacer borrón y cuenta nueva. Ahí radica su gran desconocimiento del problema. ¿Cómo se puede hacer borrón, de algo tan doloroso como sería olvidarte de un padre, una madre, un hermano que ha fallecido? El principal interés de los familiares, de los que están enterrados en fosas comunes o en cunetas, es poder enterrarles de forma digna y que se haga justicia con ellos, que se les reconozca como lo que fueron, víctimas de una guerra cruel y de una dictadura muy larga ejercida con mano de hierro, casi hasta el último momento, no podemos olvidar que los últimos condenados a muerte fueron fusilados pocos meses antes de morir Franco, el 27 de septiembre de 1975.

Para colmo de males, mientras  que en el resto de Europa, los herederos de los dictadores se esconden, o se van a vivir a otros países, pasando inadvertidos, aquí tenemos a los nietos del dictador, sacando pecho, saliendo en las cadenas de televisión y en los medios de comunicación dándoles publicidad, previo pago. Parece una broma macabra de pésimo gusto. Por si fuera poco, en estos días hemos tenido que ver cómo quieren seguir expoliándonos, intentando llevarse más de 50 camiones con obras de arte que en su mayor parte pertenecen al Patrimonio Nacional, como son, entre otras obras, las dos figuras que pertenecen al Pórtico de la Gloria de la Catedral de Santiago de Compostela, y que la esposa del dictador hizo llevar al “Pazo”.  Pazo pagado con cuotas “voluntarias” de todo el pueblo de Sada, que la Justicia ¡por fin le devuelve al pueblo gallego!

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