Para los amantes de las series históricas, una recomendación. Hořící keř es una miniserie checa de HBO que evoca la corrupción moral y la miseria política y judicial de la antigua Checoslovaquia durante el período de la dictadura comunista. En enero de 1969, Jan Palach, un joven estudiante de historia, se prende fuego en el centro de Praga como protesta ante la ocupación soviética producida meses atrás, y la falta de libertad y perspectivas en un país sin esperanza. Para evitar que el hecho desencadene una protesta generalizada que cuestionara el orden impuesto por los tanques soviéticos meses atrás, algunos dirigentes del régimen se dedican a inundar con mentiras el hecho y las circunstancias que lo rodean. Los tres capítulos del drama se centran entonces en seguir la denuncia que interpone la madre del protagonista, y el juicio posterior, contra los altos cargos del partido que han difamado la memoria de su hijo, y relatan cómo el estado utiliza las más variadas artimañas jurídicas, maniobras políticas, deformación periodística, presión al entorno para hacer fracasar la querella y aprovechar todo ello para reprimir a la disidencia. La serie, dirigida por la cineasta Agnieska Holland muestra con detalle en qué consiste una dictadura. Bajo una apariencia de legalidad, de separación de poderes, de una Constitución que define al estado como “popular”, y “democrático” que presume de retórica de igualdad y valores socialistas, se oculta una camarilla que actúa de manera arbitraria, utilizando todos los mecanismos del estado para mantener unos intereses, más de grupo que de clase.

Mirar Hořící keř puede resultar un buen ejercicio para comprender por qué España, aunque se parapete tras una constitución de grandes principios y escasos resultados, exista una apariencia de separación de poderes o forme parte del club de países europeos, no es una democracia. No es difícil establecer paralelismos entre la dictadura checa de los sesenta y el “estado de derecho” español actual. Convendría releer las obras de Milan Kundera o Václav Havel para comprendernos mejor a nosotros mismos. Los juicios contra el procés parecen filmados por una Agnieska Holland, cineasta polaca, que sabe perfectamente lo que es vivir bajo una dictadura fundamentada en el miedo, la represión, y por encima de todo, la mentira. Pero incluso el propio Pablo Iglesias, una especie de líder de la oposición moderada al régimen, sabe lo que es estar vigilado por la policía política, como lo era Havel, monitorizado por los servicios (no tan) secretos. O basta contemplar la impunidad de una ultraderecha que puede agredir físicamente a ciudadanos sin que ninguno de ellos tenga que pasar ante un juez mientras personas que han participado en protestas pacíficas, han sido perseguidos, difamados, multados, encarcelados, exiliados o confinados, sin pruebas, sino por presiones extrajudiciales (a menudo muy reales), como es el caso de Tamara Carrasco o diversos músicos o activistas sociales.

Pero no nos engañemos. España no ha sido nunca una democracia. Lo que pasa ahora es que van cayendo las máscaras. Lo que llaman “Régimen del 78” fue la continuidad del franquismo por otros medios, aunque probablemente, hace veinte años, incluso trenta, no haríamos esta afirmación. La diferencia es que en estos momentos la disidencia al régimen es mucho más consistente y numerosa, y es por ello que las fuerzas oscuras del estado profundo están abusando de la represión con el objeto de defenderse ante quienes cuestionan un statu quo crecientemente frágil. Simplemente hay que ver cómo han reaccionado desde principio de siglo ante la presión de quienes reivindican la memoria histórica, el interesante (y aún poco y mal analizado), policialmente infiltrado y violentamente reprimido 15-M, la emergencia de una fuerza como Podemos (contrarestado por la operación de estado de Ciudadanos), la enmienda a la totalidad que presenta el independentismo, y la aparición creciente de un nuevo republicanismo. Décadas atrás, la de los ochenta o los noventa, la represión arbitraria era igual de injusta, aunque con menor extensión e impacto que en la actualidad. Para poner un ejemplo, en el año 1981 ponerse tras una pancarta que pusiera “independencia” en Barcelona desató decenas de detenciones y maltratos policiales. Lo mismo sucedió en los días previos a las olimpiadas de 1992, cuando decenas de activistas políticos fueron encarcelados y torturados con cargos inventados. Estos días estoy leyendo el borrador de unas interesantes memorias del intelectual y catedrático de ecología (y opositor antifranquista) Joan Martínez Alier que fue detenido en aquel mismo año por preparar una campaña de denuncia del genodicio indígena durante los fastos del Quinto Centenario.

España no es una democracia. Y voy a exponer algunas razones que así lo refuerzan.

Uno. El régimen actual viene viciado de origen a partir de una monarquía impuesta

No es ningún secreto que la continuidad entre franquismo y Constitución se personalizó en la forma del Borbón. Un Borbón blindado ante la crítica y la ley que disfruta de una impunidad insostenible a partir de las evidencias de comportamientos familiares discutibles, incompetencia profesional, falta de neutralidad, y la evidencia creciente de interferir en el gobierno o a expresar simpatías por la ultraderecha. Se trató de una continuidad legal dictada a partir de la propia ley franquista de sucesión y las voluntades testamentarias del dictador. La propia Constitución sirvió para ordenar la caótica legislación franquista incorporando buena parte del contenido de las Leyes Fundamentales. La monarquía impuesta se aseguró la jefatura perpetua del estado evitando un referéndum, que, a partir de las revelaciones del presidente Suárez, hubiera resultado adverso. Desde un punto legislativo y político se trató de preservar la brutalidad de la dictadura y amparar sus crímenes -especialmente mediante la Ley de (auto)amnistía. En otros términos, respecto al equilibrio de poderes entre vencedores y perdedores de la guerra, el régimen del 78 es la actualización del 39. La no reparación ni el proceso a los crímenes (y criminales) de guerra es muy indicativo de lo que sucedió después. La principal obsesión de la “democracia” fue mantener intacto el poder, influencia y privilegios de aquellos sectores beneficiarios del franquismo. Es por ello que se dejaron intactos los cuerpos represivos, especialmente las fuerzas armadas, del orden y la judicatura, aunque también del eclesiástico o el mediático.

Dos. Existe una clamorosa ausencia de cultura democrática

El daño inflingido a la sociedad española tras cuatro décadas de dictadura fue tan profundo que condicionó la capacidad de regenerarse. La represión hasta los cimientos de la disidencia, el orden a partir del miedo, fabricó generaciones de españoles, como decía la canción de Jarcha, obedientes hasta en la cama. El franquismo sociológico, que acabó creyéndose la propaganda de que el precario bienestar era fruto del desarrollismo del régimen, acabó siendo un freno para enjuiciar los crímenes del franquismo, el “Holocausto español”, en términos del historiador británico Paul Preston. En cierta manera, la sumisión de la población española ante la creciente involución de estos últimos años, y el apoyo, por acción u omisión a la represión en el País Vasco o Cataluña demuestra hasta qué punto está interiorizado el autoritarismo dentro de la propia sociedad, cada vez más parecida a los campesinos miedosos y maltratados en los Santos Inocentes de Miguel Delibes. El comportamiento electoral, apoyando a quienes pretenden más nacionalismo (español, por supuesto), más represión, más involución, a pesar que el paro, la precariedad y la pobreza, correlacionada por las desiguales relaciones de clase, es un buen barómetro que explica hasta qué punto está interiorizada una cosmovisión jerárquica del país. Pero incluso, la idea que la democracia es un mecanismo para que las mayorías se impongan a las minorías también es una muestra de hasta qué punto el autoritarismo está instalado en los subconscientes. La democracia sirve para gestionar los conflictos en base al pacto y compromiso, buscando consensos y realizando cesiones mutuas para llegar a soluciones. Pero esto no parece estar sucediendo.

Tres. Mecanismos nada sutiles de censura y silenciamiento de la disidencia

Como sucedía con la dictadura checoslovaca, intentar disentir ante la represión en Cataluña, el País Vasco, o cuestionar la impundad de los crímenes del franquismo resulta arriesgado. Hay decenas de casos de mecanismos, no siempre sutiles, de represión. Algunos ejemplos. Durante las manifestaciones anticatalanas a raíz del retorno de los documentos de la Generalitat del archivo de Salamanca durante 1995, a los escasos columnistas de la prensa local que comprendían los motivos de los catalanes,… se les cerraron para siempre las páginas de los medios. Muchos de quienes cuestionaban la política represiva en el País Vasco fueron procesados por “apología del terrorismo”. Jueces, como el mismo Garzón, que intentó investigar los crímenes franquistas, fueron expulsados de la judicatura, así como tantos otros que tocaron elementos sensibles. Seis chavales que participaron en una manifestación en Madrid, en apoyo al referéndum del 1 de octubre están siendo procesados. Algunos de los actos organizados en apoyo de los independentistas en el estado, han sido prohibidos (a diferencia de lo que sucede con los actos ultras). Diputados como Joan Tardá, no podían hacer vida normal en Madrid, porque eran habituales los incidentes en el que le increpaban o amenazaban por su condición de republicano. Los militares que se han atrevido a denunciar el franquismo de sus superiores, han sido apartados. Periodistas que han destapado escándalos de corrupción, están siendo asediados por grupos mafiosos o las propias fuerzas policiales. Ser un disidente en España, cuando se atacan los intereses de los herederos franquistas es un ejercicio arriesgado…. como sucedió con aquellos que apoyaron a la madre de Jan Palach en su búsqueda de justicia.

Cuatro. Impunidad del franquismo

El Régimen del 78 se construyó para salvaguardar el viejo orden del 39. Como explicaba el falangista Antonio Labadie en 1974 ante la incertidumbre de los cambios que se avecinaban, “defenderemos con uñas y dientes la legitimidad de una victoria que es hoy patrimonio de todo el pueblo español”. Y, visto lo visto, el búnker se ha salido con la suya. Ni un solo franquista juzgado. A pesar de que España es el país, tras Camboya, con el mayor número de desaparecidos, el estado solamente ha servido para obstaculizar cualquier política de memoria y reparación. El Valle de los Caídos sigue siendo un lugar de peregrinaje ultra, en el que se difunden los valores de la violencia y el fascismo. De hecho, el fascismo es legal, en este país. Ni siquiera la democracia sirvió para extraditar a decenas de criminales nazis buscados internacionalmente, como el belga León Degelle, tras 46 peticiones de Bruselas, quien murió plácidamente en 1994. Pero a todo ello hay que añadir que, tras la ley de autoamnistía de 1977, decenas de crímenes cometidos por la ultraderecha o casos de torturas protagonizadas por fuerzas policiales, o bien se han mantenido en la impunidad, o bien han gozado de indultos sistemáticos. Es evidente que así no puede construirse ninguna democracia. Porque, en el fondo, lo que sucede, es que la vida de los españoles sigue afectada por los crímenes del franquismo que la Transición no pudo corregir. Sin justicia, ni igualdad, no es posible ninguna democracia.

Cinco: una corrupción sistémica y amparada

Ligado a todo ello, debe decirse que el franquismo sirvió, sobre todo, para otorgar impunidad a los beneficiarios de 1939, y ello se concretó en poder robar a manos llenas (todavía está por resolver las incautaciones sistémicas, con ejemplos tan palmarios como el caso del Pazo de Meirás) que hace que toda España sea el botín de guerra de los franquistas. La corrupción, amparada a través de relaciones privilegiadas con el poder, que fue sistemática con el régimen, perduró con lo que llamaron democracia. El enriquecimiento ilícito, a partir de los contactos con las altas esferas, especialmente en una promiscuidad entre poder político, económico, jurídico y administrativo prosiguió sin demasiados problemas. El caso Nóos, sin ir más lejos, resulta muy ejemplificador de cómo el tráfico de influencias en las altas esferas permitía hacer del erario público el cajero automático de determinadas élites blindadas. Pero, sobre todo, la cultura de la impunidad se instaló de tal modo que el nepotismo y la endogamia de espacios com el jurídico, el diplomático, la alta administración, y las puertas giratorias con un IBEX 35 plagado de sagas franquistas hacía del estado el patrimonio de unas pocas familias. Para acabar de rematar, los nietos y biznietos de los franquistas ni siquiera sienten rubor en exhibir másteres y títulos universitarios que todos sabemos que son ficticios. Tal es el nivel de arraigo del “no sabe usted con quien está hablando” en la cotidianidad hispánica.

Seis. Unos medios de comunicación escasamente plurales

España es aquel país en el que los hechos y el relato periodístico no guardan ninguna relación, incluso más allá de las mentiras corrientes, sino que a menudo la prensa española explica cómo los hechos deberían haber ocurrido según las líneas de partido. Esta afirmación, redactada por Georges Orwell durante la guerra civil, podría aplicarse en el momento actual. En una sociedad profundamente dividida y sin tradición democrática, la información es pura trinchera. En las últimas décadas se pasó de un analfabetismo funcional generalizado, fruto de la ausencia de políticas educativas durante el franquismo, a un analfabetismo mediático, propiciado desde las cadenas televisivas generalistas. El franquismo creó un modelo propagandístico fundamentado especialmente en el monopolio informativo en el audiovisual, que no pudo transformarse durante la etapa constitucional. En la actualidad se ha pasado a un oligopolio en el que los grandes medios están vinculados a un poder económico endogámico en el que grandes grupos de comunicación son cadenas transmisoras de los intereses de unas élites autoritarias. Lo hemos podido comprobar en estos últimos años, en los que, por ejemplo, se ha criminalizado no solamente el mundo abertzale -con unas estructuras de debate profundamente asamblearias y deliberativas-, sino al 15M o un independentismo catalán que proviene de una sociedad civil altamente organizada, autogestionada y profundamente democrática y plural, pero que los medios presentan como una mezcla entre Corea del Norte y Leni Riefenstahl, en base a la más burda manipulación mediática, y atizando el odio en términos parecidos a la televisión yugoslava en los meses previos a su dramática desintegración. Precisamente las televisiones y los medios han trabajado en las últimas décadas para ofrecer una imagen de una España uniforme que no se corresponde con la realidad, escondiendo, para poner un ejemplo, a los diez millones de catalanohablantes del estado, confinando el euskera o el gallego a los márgenes del sistema mediático, o inventándose hechos, como decía Orwell, que deberían encajar con los prejuicios propios. Y ya sabemos que sin medios libres y plurales, no puede haber democracia.

Pero incluso, se ha silenciado a aquellas voces incómodas y discrepantes, o se ha sancionado a quienes, mediante rigurosas investigaciones, han puesto sobre la mesa verdades incómodas. El periodista Xavier Vinader fue perseguido y exiliado tras denunciar la guerra sucia en el País Vasco. Las investigaciones recientes sobre los títulos académicos ficticios de dirigentes del PP, sobre el Bar España, redes de corrupción o sobre el robo de niños por parte de instituciones afines al régimen han comportado diversos dolores de cabeza a sus autores, más que necesarios Pulitzer con los que deberían haber sido premiados.

Siete. Una policía política y, peor aún, la incapacidad de reacción de la sociedad española

Las revelaciones sobre la infiltración y seguimiento a Pablo Iglesias por parte de la policía española es la punta del iceberg. Las fuerzas del orden parecen más preocupadas para montar maniobras de descrédito y asedio sobre la oposición y la disidencia que a perseguir los muchos y variados crímenes cometidos por aquellos que poseen un exceso de poder. Antes de hablar de Iglesias, muchos desconocen las diversas maniobras, en base a la fabricación de pruebas falsas para desacreditar al alcalde Xavier Trias, los seguimientos ilegales al independentismo catalán, el inexplicable papel (porque no se permite explicar) de los servicios secretos en los atentado yihadista en Barcelona en agosto de 2017, las maniobras para erosionar la sanidad pública y tantos otros muchos escándalos que no han suscitado la más mínima reacción de la opinión pública española. Que incluso han contado con el boicot televisivo, a pesar de su extraordinaria audiencia y veracidad. En España hay varios watergate cada año, y pocos reaccionan. Y eso es impropio de unas democracias. Es terrible, que como en el caso de Jan Palach, la policía sirva para evitar que la gente reaccione, para preservar un orden que está bastante claro que va en contra del interés común.

Ocho. Control casi absoluto del franquismo en instituciones clave

Cosa evidente en la genealogía de las élites del estado y objetivables en la presencia de la iglesia católica (que, a diferencia de lo que sucede en el mundo, no está siedo investgada ni condenada por abusos, robo de niños, explotación,…) las empresas del IBEX 35, la judicatura (en la que no se duda a apartar a los jueces díscolos que “meten las narices donde no deben”), el alto funcionariado del estado, el ejército, las fuerzas de seguridad, así como la connivencia con una ultraderecha que, a pesar de centenares de actos delictivos, parecen poseer una extraña inmunidad (a diferencia de activistas pacíficos)

Nueve. Hegemonía de sus símbolos

No. La bandera rojigualda, el himno, la monarquía, o determinadas tradiciones, no son los símbolos de todos los españoles, sino la de la España del 39. Ha habido una política de imposición y apropiación de unos símbolos que no buscan el consenso, sino la escenificación de la victoria del franquismo, hasta tal punto que buena parte de una izquierda cobarde y acomplejada los está asumiendo como propios. Lo más lógico sería replantearse una nueva simbología que debería ser debatida y consensuada. Pero ello no es así. Precisamente la incomodidad de sociedades radicalmente antifranquistas como la vasca y la catalana, no las aceptan. Y resulta mucho más simple reivindicar los propios que intentar cambiar aquellos que representan una España poco fraterna, y en cambio tan hostil que no duda de ser el complemento cromático y musical del “a por ellos”. No es ningún secreto que buena parte de la cohesión nacional se fabrica a partir del enemigo exterior o interior. Pero esta es una identidad tóxica, fundamentada en el odio y el desprecio. Y el odio y el desprecio son sentimientos de los que se alimentan las dictaduras. Una democracia busca el acuerdo, el consenso. Nadie debería tener miedo a construir unos símbolos aceptados por todos, pero también estructurar el territorio y la sociedad a partir de nuevos acuerdos. Desgraciadamente la visión uniformista de España, concretada en sus símbolos excluyentes, acabará por disolverla, porque, al fin y al cabo, la exhibición de la rojigualda es una manera de resistirse a una solución pactada, es decir, a una solución democrática.

Diez. Cataluña y el jucio farsa

En sus estudios sobre audiencias y redes sociales, el analista Joe Brew destacaba el escaso interés que está suscitando entre la opinión pública española el juicio contra los independentistas en el supremo. Se ve claro que para la mayoría, la vergüenza de una farsa retransmitida en la que la sentencia ya está redactada, los testimonios de la acusación están abiertamente falseados, se vetan testigos pruebas clave de la defensa están dejando la imagen pública de España a la altura de Arabia Saudí. Pero aún así son pocas las voces que se alzan ante tamaña injusticia. En cierta manera, el juicio contra los independentistas es un acto supremo de prevaricación, no únicamente desde un punto de vista administrativo, sino, sobre todo, moral. En las dictaduras, todos callan ante la injusticia. En las democracias un conflicto tan serio como el de Cataluña estaría tratándose mediante el diálogo, siempre incómodo, siempre difícil, siempre insatisfactorio, pero inmensamente más práctico que producir una ruptura irreparable que acabará volviéndose en contra de quienes detentan el poder.

Conclusión

Seguramente, este artículo generará no poca indignación entre quienes prefieren vivir con los ojos vendados. Como Borrell, muchos se desgañitarán afirmando que España es una democracia ejemplar. Pero como reza el proverbio, “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. Las autoridades de la Checoslovaquia comunista no se cansaban de describir el paraíso en la tierra, el mejor de los mundos posibles que representaba su república democrática y popular. Entonces, ¿por qué tenían que atacar a quienes defendían la honorabilidad del gesto del joven Jan Palach? España no es una democracia. Y no lo será hasta que se sacuda de encima la tóxica herencia franquista; la de las instituciones, pero aún más importante, la que todavía impregna el subconsciente de millones de españoles.

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48 Comentarios

      • Jara ha aportado referencias, por lo menos ha enriquecido el debate con datos. Eso no deberia ser motivo de crítica.

        • Gracias.
          Son PÁGINAS OFICIALES DE ORGANISMO INTERNACIONALES.
          Repito: son enlaces a web oficiales; las originales.
          Es facha la ONU?
          Y The Economist?
          La UE?
          Freedom House?
          Hay docenas de páginas que dicen que España es una democracia. Alguien se atreve a desmentir un solo dato?

          • De todas las páginas que publicas, la única que realmente conozco es la de la ONU, en la que NO se menciona España.
            El resto son, aparentemente, fundaciones auto-proclamadas. O proyectos privados, con su propia línea editorial (como The Economist).

    • Estas instituciones están vendidas. Siempre apoyan a España porque se creen toda falsedad de datos procedentes del grano en el culo. ¡InstituFarsantes!

  1. Ningún país del mundo es una democracia, ni España ni la conchinchina

    Todo gira alrededor del dinero, y así nos va

  2. Tbn se financia a ls catolocos ,
    cuando esto es lo unico qe debneria privatizarse
    como en Alemania dnd cada cual financia si credo
    ya qe la religion toca el ambito personal d cada cual

    Total qe estamos financiando la pederastia, el lujo y la tele reaccionaria d ls abispos,
    tbn ladrones pqe inscriben edificios publicos a su nombre y ad+ no pagan el IBI !!
    A 1º del Siglo 19º tbn se apropiaron d tierras d campesinos y
    estos fueron masacrados por el dictador Primo d RIVERA por protestar…
    Sin contra sus crimenes en el golpe estado del 36 y desp cn robo d bebes explotacion d mujers etc etc
    Son la mafia no mas

      • Felicidades por este artículo que pone juntas tantas y tantas razones que a veces olvidamos. Me tocó de cerca el caso de las torturas del 92 a catalanes independentistas aun que no lo he sabido ni comprendido, si es que se puede, hasta bastantes años después. No es por capricho que tenemos las convicciones que tenemos. Por suerte ahora todo se sabe.

  3. Llevas toda la razón, la derecha insulta, roba agrede impunemente, tenemos una monarquiía impuesta, es el único país del mundo donde se expulsan jueces por cumplir la ley, aquí dos presidentes se han ido de rosiatas cuando en una democracia hubiesen sido encarcelados, Una ley mordaza, la represión ejercida sobre sindicalistas y manifestante y lo peor la falta de libertad de expresión, el juicio al proces es una verguenza, todos los obsevadores internacionales tienen una misma versión, la única violencia de ese dia fue ejercida por la policia nacional y la guardia civil. Lo dicho España es una verguenza para cualquier democracia europea.

  4. Los lobos con piel de cordero de la izquierda y los perros pastores de la derecha, jamas dejaran al rebaño, vivir en paz.
    Todos predicando la verdad, «su verdad»

  5. Xavier Diez :Eres lo más demagogo e inculto políticamente, que uno se puede imaginar. Te veo sectario. Es cierto que hemos pasado una mala racha pero odias y esto no libera la mente. Atentamente.

  6. Que poco sentido común tiened, y para esto has estudiado? Que mal vamos. Recordamos lo que queremos. Seguro que tu Republica era más democrática. Asi nos va.

  7. Para saber cuando las verdades duelen, solo hay que mirar la rabia que se acumula en los comentarios.
    Genial artículo, de principio a fin.
    Ojalá la gente lo leyera sin prejuicios y con sentido crítico.

  8. Es cierto que ningún sistema político es perfecto, básicamente porque los humanos somos falibles. Es por eso que un síntoma de buena salud democrática es la autocrítica. Es la forma de limpiar periódicamente el sistema. Este artículo lo hace. Por tanto el test que diferencia una democracia saludable de otra enferma : .. Venezuela , España… es el grado de aceptación de esta autocrítica primer paso para solventar esas deficiencias.

  9. Todos los pobres incultos, usando la única palabra un poco culta que se saben (demagogo). Y seguramente no saben ni su significado.
    Podeis responder con algún artículo que no sea del blog de la abuela por favor?
    Bravo por el artículo. Muy interesante. Muchas gracias.

  10. Los anónimos dais pena!
    Simplemente se ha de ver y mirar sin venas en los ojos! En este país nada a sido realmente votado por el pueblo!
    Empezando por la nonarquia !
    Preguntarse para que se necesitamos??
    Para que sirve? Y sirven?

  11. Me quito el sombrero ante este artículo, a menudo es difícil sintetizar la histórica y dar las pinceladas adecuadas que pide el relato y tengo que decir que este artículo me lo enmarcaré porque ya pertenece a la historia. Mis respetos señor Diez, gran gran artículo.

  12. Pero que tienes en la cabeza, dictadura dice el genio. Que dictadura en la que puedes escupir tu fanatismo y tu superioridad moral, para dictadura la que una parte de la sociedad catalana intenta imponer a la otra con excusas baratas. O es que Cataluña no era Franquista? iluminao

  13. Bernat los anónimos por favor dejen de escribir oh te identificas oh no tienes crédito a y la opinión de cada uno es su verdad y no sé puede criticar únicamente aceptarlo cada uno es esclavo de sus palabras y cada uno se retrata como quiere

  14. «… Pero como reza el proverbio, “dime de lo que presumes y te diré de lo que careces”. …»

    Javier, pues tú presumes de tener razón, y no te digo más…

  15. Esplendido articulo, solo hay k ver los k viven dl cuento y los k se emporran , beben o solo ven telexafaderias 5 para alienarse en lugar d decir Basta y enfrentars
    e a la realidad y perdiendo la dignidad x el camino. No tengan hijos en Spaña !!! Es un pais Indigno, se podran defender mejor d tanto sinverguenza !!!!

  16. Se le ve el plumero. Soy la persona más crítica con la presunta democracia española. Pero no caigo en sus trampas argumentales: en realidad, la democracia española le importa un pepino. Todo el rollo anterior de los puntos anteriores es para teledirigirnos «racionalmente» al punto 10, el que de verdad le importa. El periodismo está lleno de micro-Goebbels.

  17. Muy buen artículo que comparto al 100%.
    Que España este bien considerada en organismos internacionales se debe a las presiones que ejerce la diplomacia española para que así sea y después esta la enorme deuda exterior con la que España se sirve para presionar a los países que puedan discrepar con la amenaza de no pagar.

  18. me parecen muy bien todas la opiniones. Pero lo que està meridianamente claro, es que el dia 28 VOX, va A DAR la campanada.
    El dia 28 de Abril, en el futuro, quedarà marcado en el calendario como dia Nacional del sarpullido.
    Y al dia siguiente saldrà el iluminado de turno, por no llamrlo otra cosa diciendo , que los millones de espñoles, que han votado VOX, son analfabetos. Por cierto el votante de VOX es el de mayor porcentaje de licenciados universitarios , y el que mas voto jòven se lleva. Ahor los listos d eturno diàn que los jòvenes tambièn son analfasbetos. Yo mas bien diria que analfabeto es aquel que tropieza 1000 veces en la misma piedra, es decir que sigue votando a partidos que llevan 40 años robàndole.

  19. Tiene mucha razón y aporta datos. Y entonces qué hacer?

    Continuar empujando y votando a los partidos no corrompidos con el dinero de los bancos y que quieren más democracia y de calidad.

  20. No suelo leer diario 16 porque no lo considero un medio serio, pero aún así me sorprende que publiquen un artículo que es puro sesgo de confirmación, en el que solo se relatan los aspectos que avalan la premisa inicial y se desdeñan o ignoran las que la anulan o como mínimo la cuestionan. De hecho, el punto 2 es, dicho con tranquilidad, falso.
    La prueba más notoria y evidente de que España sí es una democracia es, precisamente, que este artículo ha podido ser publicado.

  21. el punto intermedio es q España es una democracia en vías d desarrolloylo que no se desarrollara mientras cada uno tire en su dirección, en otras palabras, el país vasco y Cataluña, q a su vez son los legitimos herederos del antiguo reguimen, son precisamente la razón por la que esta democracia no puede evolucionar a un sistema mas justo, tengamos presente que España se arruina en cuanto entra en la comunidad europea y eso se debe a la traición sistémica de los privilegiados.

  22. porque españa es un país que no tiene democracia ni la tendrá nunca. lo que tenemos son gilipollas que van a las romerias de virgenes y los toros.

  23. No soy asiduo de foros. Es curioso como al que no le gusta pone a parir al autor y si puede a su vecino Y aun nos preguntamos si vivimos en democracia.
    La esencia está en cada uno de nosotros y por lo que leo así nos va. Cuanta intolerancia.

    • Estimado Vicenç, no confundamos la libertad de expresión con la demagogia. El artículo es un sesgo ideológico parcial y de razonamientos banales y subjetivos («juício farsa», «monarquía» -a saber como se lo toman en Reino Unido o Tailandia, que adoran sus reyes, que los tratamos de antidemocratas por ser monárquicos!). Si duda de la democracia en España, no entiendo que no se pregunte por qué no se censuran notícias como las que esta comentando en estos momentos, que son fake news, o como se dijo siempre, mentiras. Que existan malas praxis no quita que no estemos en una democracia.

  24. Aunque se solventaran todas las circunstancias que plantea el artículo, todavía faltaría algo más para que España fuera una democracia plena: la separación real de poderes, incluso si siguiera siendo una monarquía. Deberían existir elecciones de ejecutivo, separadas de las legislativas y elecciones jurídicas. Todas ellas basadas en listas abiertas de distrito, como en Gran Bretaña. Si no ganas en tu distrito, no puedes ser representante, por mucho que orgànicamente seas importante en tu partido. Eso, combinado con más referèndums sobre leyes corrientes como en el caso suizo (donde estan acostumbrados a 3 y a 4 referendos anuales) haría avanzar la democracia de forma efectiva.

    Supongo que en el caso (remoto) que hubiese una reforma profunda del estado, esto que acabo de exponer ya pasaría, cómo consecuencia indirecta de dicha reforma.

    PS. Criticar es positivo, pero hacerlo sin argumentos lógicos o incluso insultando no es lícito ni precisamente, democrático.

  25. El problema de España está en el Imperio …y su desmembración ! Fué demasiado fácil para la proto-España (Castilla-Extremadura-Andalucia) ser Conquistadores y generar unos poderes ricos del oro y la plata de las Colonias. Lo de cristianizar era una conveniencia !.

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