“Por lo que nos dicen podrían comunicarnos esta mañana la suspensión del tercer grado y el regreso a prisión inmediata (…), deberías tener pensado un ‘plan b’ por si a las 5 no me puedo conectar”.

Este simple mensaje a eso de las 10.45 de la mañana de un 30 de julio te dice mucho de la persona a la que vas a entrevistar. A punto de entrar en prisión por una suspensión del tercer grado sin precedentes y Jordi Turull se preocupa por si te deja colgado en tu programa. Ante una situación como esta se buscan siempre soluciones alternativas y se activan muchas llamadas de última hora, pero esta entrevista tenía un valor muy especial. La voz de uno de los protagonistas del “Procès” horas antes de tener que regresar a prisión tenía que poder ser escuchada.  

“Jordi, la otra opción es hacer la entrevista ahora y la emitimos por la tarde grabada”, es la primera vez que hemos hecho esto en #Debate16. Al igual que es la primera vez que hacemos una entrevista de casi una hora.

Y así fue. A las 17h, cuando empezábamos a emitir la entrevista grabada en el programa, él estaba recogiendo sus cosas para dirigirse a Lledoners.

No conocía de nada a Jordi Turull salvo lo leído por la prensa.  Lo único que tenía eran unas pocas referencias de la propia Bea Talegón, que realizó conmigo la entrevista, sobre su calidad humana, sobre su familia, sobre sus amigos que opinan que todo lo que le está pasando les podría haber pasado a cualquiera de ellos, pero que le tocó a Jordi porque era el mejor de todos, por eso lo eligieron de consejero.

Y, con todo esto, comienzas una entrevista y lo primero que dice es “Es una sensación muy extraña, te despides y te vuelves a despedir, y así ya dos días. Es como una tortura”.

En una suspensión del tercer grado en primera instancia se suele dar voz a las partes para que presenten alegaciones y hay, finalmente, una resolución judicial. Sin embargo, para los reos del juicio del “Procès” no está siendo así, a ellos no les permiten hacer alegaciones como no son de la manera habitual tantas otras cosas durante este proceso judicial tan anormal. Es lo que tiene que se esté haciendo una justicia “Ad hoc” en este caso porque tiene que haber “un escarmiento por sacar las urnas”.

Y es que parece que todo da igual, que les retiren el tercer grado en base a contradicciones sin sentido como que “cuando sales, para volver a entrar, tienes que reincidir, pero nosotros estamos inhabilitados, por lo que es imposible que yo pueda reincidir por haber hecho unas determinadas cosas siendo un cargo público”.  

Jordi Turull es abogado, y conoce bien la naturaleza de la justicia, “en cada momento nos aplican aquello que nos puede perjudicar más, cuando la naturaleza del derecho penitenciario es aplicar lo que beneficie más al reo”, esta simple frase es la enésima demostración de que las cosas, en este caso, no son como siempre.

Pero es que… ¿qué podemos esperar de esta extraña justicia española? Turull nos recuerda “la frase del fiscal Zaragoza que dijo que el referéndum, aunque se había despenalizado, seguía siendo delito”. La cúpula judicial española prima a fiscales que dicen esa clase de incongruencias que cualquier alumno de primero de derecho sabría detectar. Creo que en este punto tanto Bea como Jordi estuvieron a punto de tirar su licenciatura de derecho por el retrete.

Me llamó la atención que, tras llevar más de novecientos días en prisión, con año y medio en Lledoners, Jordi se lo tomara en ciertos momentos con humor, o ironía, o filosofía; “Nos suspenden el tercer grado porque nos dicen que las labores que hacemos no sirven para la reinserción, pero tampoco nos dicen qué tenemos que hacer para reinsertarnos. ¿Quizá hacer cursos de formación del espíritu nacional? Pero es que tampoco pueden cambiar nuestros sentimientos ni nuestras ideas”. Vamos, lo normal. Los técnicos que se dedican a valorar la actitud de los reos, que no la Generalitat como se ha leído en algún sitio, han aprobado que estas nueve personas puedan salir ya a la calle, aportar a la sociedad, reincorporarse porque ni son un peligro ni pueden volver a reincidir, pero otros deciden que no, que a la jaula y vuelven a repetir eso de que no se persiguen las ideas. Turull lo dijo claro, “Cuando un tribunal escribe tantas veces que no se persiguen las ideas… a mi no me hace falta decir cada cinco minutos que soy independentista”. Es desalentador y aterra que la prensa española blanquee una vez tras otra las actuaciones irregulares de la justicia en este caso.  

Bea Talegón hizo una pregunta, retórica, sobre una contestación que hizo el Tribunal Constitucional a Carme Forcadell que le negaban su solicitud por ser un agravio contra las víctimas. ¿Qué víctimas? ¿Quiénes son las víctimas? A lo que añado, ¿en qué o quién está pensando el Tribunal Constitucional, en mayúsculas, cuando habla de las víctimas de este proceso? Turull en este sentido lo tiene claro, “hay un Deep State que es herencia de aquello de lo atado y bien atado, que no está preparado para actos de radicalidad democrática”. La verdad es que en este sentido miras con envidia a otros países que han vivido procesos de referéndum con una normalidad abrumadora y aquí preguntar al pueblo cualquier cosa parece un drama.    

Me dejó impactado el grado de responsabilidad que Jordi Turull asume sobre las generaciones venideras, “si queremos que los jóvenes no tengan miedo para acudir a una manifestación, hacer la letra de una canción o poner un tuit, tenemos que ser fuertes, hay que persistir y no podemos doblegarnos. No podemos pedir perdón ni nada de eso. Esta vez nos ha tocado a nosotros al igual que en otras generaciones se aguantó mucho más en circunstancias mucho más difíciles para que la gente tuviera la oportunidad de tener hoy una democracia consolidada”. Cuando estás hablando con alguien que se lo cree hasta tal punto que acepta esa prisión, que considera flagrantemente injusta, como una lección para las próximas generaciones te causa admiración, por muy lejos que estés de su pensamiento ideológico.

Turull también tuvo palabras para el PSOE del que habla con lejanía ya que “plantean la mesa de diálogo como una herramienta para anestesiar el movimiento independentista”. Está claro que su confianza hacia el estado y hacia la justicia española es baja, o muy baja. Pero también es, en cierto modo, escéptico con otros independentistas a los que invita a hacer la reflexión de “hasta dónde están dispuestos a llegar, porque el miedo es muy personal y es humano y no hay nada más honesto a que alguien te diga ‘yo hasta aquí’ pero tenemos que saber con qué contamos”. Y ante eso yo me quedé pensando… ¿y con qué cuentan? Pero no me atreví a hacer esa pregunta.

Cuando le pregunté sobre la diferencia entre los que padecen este proceso entre rejas y los que lo viven desde Bélgica me esperaba, aunque fuera un poco, algo de resquemor. Me encontré con todo lo contrario. Turull vive este proceso como una herramienta más para conseguir los objetivos del movimiento independentista, “los presos políticos ponemos en relieve las flagrantes injusticias que se cometen y los que están en el exilio en Bélgica son un altavoz que permite poner en evidencia la justicia del estado español”.

Llegó un momento en el que la entrevista se llenó de pesimismo, se habló del estado, de la remota posibilidad del referéndum, de cómo la Constitución se había convertido en un instrumento para frenar las posibilidades de autogobierno de Cataluña e incluso se habló de aquel fatídico 3 de octubre en el que el Rey Felipe VI, vestido de civil y lanzando un mensaje militar, bendice el “A por ellos”. Yo viví esas jornadas en Barcelona y entiendo perfectamente ese sentir, esa desazón, ese pesimismo. Compartí el clamor de la calle porque ante todo la gente tiene que ser demócrata y rechaza la violencia. 

Y súbitamente la entrevista se llenó de esperanza, cuando habló de su pasión por la política y porque “estás ahí y haces política para hacer la vida más fácil y feliz a la gente y que el discurso de derecha y de izquierda es muy antiguo. Cuando quieres la independencia de Catalunya es para todos, intentando entender a todos y a beneficio de todos. Y que es un movimiento transversal que en los últimos 10 años ha conseguido las movilizaciones pacíficas más impresionantes de Europa consiguiendo una mayoría tras otra en las urnas. Lo que no se puede hacer es despreciar todo esto por parte del Estado Español”. Sobre el movimiento independentista se puede decir que ha logrado unir y tener acuerdos entre derechas e izquierdas completamente antagónicas. Jamás imaginé ver a la CUP apoyando la investidura de un ex CiU, la verdad. Creo que en Catalunya hemos vivido cosas de una madurez democrática brutal. Y esto nos debería hacer reflexionar a todos.  

Durante la entrevista Jordi Turull dijo en varias ocasiones la frase “Por los actos los conocerás” que da título a este artículo, resumen, crónica.

Por los actos conoceremos a la justicia española con todas las irregularidades del proceso.

Por los actos conoceremos a los políticos nacionales, que no levantan la voz al ver lo que está sucediendo y que lejos de tender puentes siguen poniendo barreras.

Por los actos conoceremos a la monarquía que en su primer gran reto en vez de conciliar y unir a todo su supuesto pueblo se posiciona en el rupturismo.

Por los actos conoceremos…   

No puedo decir que conozco a Jordi Turull, pero sí puedo decir, tras entrevistarle, que es un hombre con unas firmes convicciones, que está dispuesto a defender sus ideas y la democracia por encima de todo, que está muy orgulloso de lo que ha hecho y que el día de mañana podrá mirar a la cara a cualquier persona sin ruborizarse ni un ápice. Y que además se preocupó de no dejarme tirado en el programa porque, cáspita, igual lo metían en prisión. “Por los actos lo conocerás”.

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1 Comentario

  1. El trato de privilegio dispensado por la Generalidad a los delincuentes del procés no se habrá consentido en algunas repúblicas bananeras.

    Estos delincuentes (RAE el que comete un delito) no se han arrepentido y además van diciendo que lo volverán a hacer. Es decir que volverán, en cuanto puedan, a poner contra las cuerdas la democracia y en peligro el bien más preciado de cualquier sociedad; la Paz.

    Esta «buena persona» lleva décadas enfrentando a la población catalana entre sí y enfrentado a la mitad de los catalanes con el estado y con el resto de los españoles. Estas fanáticas «buenas personas» son las que siembran las semillas del odio (España nos roba) de las que después nacen las guerras, como la que azotó Yugoslavia.

    Las consecuencias de su ensoñaciones son más dañinas que las de cualquier delincuente común. Dada su peligrosidad, y en ausencia de arrepentimiento, deberían cumplir sus condenas en la más estricta vigilancia, y con la mayor rigurosidad.

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