Se hace publicidad de una cosa que se sabe que es mentira. Por ejemplo: una gran parte de la masa que conforma el independentismo es violenta, y a continuación se cambia la realidad, es decir, si es mentira que los independentistas catalanes son unos violentos, no os preocupéis, que ya les convertiremos en violentos, si hace falta, a porrazos.

En toda propaganda política, hay un momento en el cual se miente, la gente sabe la verdad y le es indiferente. Como si las verdades y las opiniones fueran la misma cosa y las opiniones y los hechos fueran la misma cosa. Hay quien piensa realmente que la democracia es esto, que cada uno tenga una opinión, la que sea, da igual. Lo que prevalece es la literalidad de la propaganda: si los hechos no se adhieren al discurso, cambiamos los hechos.

Quien miente hace un gesto de imaginación política. Quien miente hace el gesto de pensar de otra manera, y eso de pensar de otro modo, tiene efectos políticos. Estamos dispuestos a enredarlo todo mientras lo que enunciamos acabe pasando y sin saber qué ha pasado, ni quién es el responsable.

La mentira está emparentada con la acción. Para mentir hay que tener un poco de imaginación, se tiene que pensar que las cosas pueden ser de otra manera de cómo son y por lo tanto hay un juego donde la mentira podría tener una función política. La misma imaginación que cuando pensamos que las cosas se pueden cambiar. Quien miente hace un gesto de imaginación política, no le interesa la moral, sólo que este pensar de otra manera tenga efectos políticos

La mentira no es nunca inocente, tiene que ver con una acción, con un gesto, y la mentira si tiene que ver con una acción, con un gesto debemos recordar que buena parte de las acciones de los gestos en política tienen que ver con palabras pronunciadas en público y debido a ello, las palabras pronunciadas en público, tienen como efecto que producen una acción. Cuando el político dice, arreglare tal cosa, no está enunciando una cosa que hará, se está comprometiendo.

Las palabras en política son acciones, por lo tanto, veamos como veamos la mentira, podemos decir que es una acción y en consecuencia no es inocente. Tenemos responsabilidades por las acciones.

Se trata de hacer lo poco que uno puede hacer, es decir, buscar los lugares desde donde descubrir lo que se acerque más a la verdad y hacerla pública. Es probable que no sean los grandes medios de comunicación quienes denuncien los abusos de poder, pero cada día vemos felizmente muestras de buen periodismo ¿Os acordáis de Rajoy y los hilitos y los medios de comunicación dando valor a sus chorradas? Van dos periodistas de un medio local, se acercan a las playas, fotografían el chapapote y se acabó todas las mentiras destinadas a salvar al gobierno. Hay que trabajar por una cierta unión de España ¿quizás?, mas prevaleciendo la verdad.

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