Foto: Agustín Millán

Habrá Elecciones Generales en el mes de noviembre. Esto ya es un hecho al que sólo falta la confirmación definitiva por parte de Felipe de Borbón. El espectáculo que la ciudadanía lleva contemplando desde la constitución de los ayuntamientos tiene culpables en ambos partidos de la izquierda que han sido incapaces de llegar a un acuerdo para la formación de un gobierno. Del PSOE ya hablaremos, pero la actitud de Pablo Iglesias y de los equipos de negociación de Unidas Podemos ha estado totalmente invadida de diferentes aspectos con los que no se puede llegar a un proceso en el que lo que se busca es el consenso: bisoñez, falta de humildad —que en ocasiones ha rozado las ínfulas— y, sobre todo, la incoherencia.

Podemos llegó a la política con un grupo de jóvenes y de conocidos activistas con el objetivo de llevar las reivindicaciones del 15M a las instituciones, el único modo en que sería posible llevar a la legalidad lo que el pueblo reclamó en las plazas y las calles en el año 2011, sobre todo en un mundo en el que las élites no permiten las revoluciones. Podemos intentó trasplantar a su modo de hacer política el asamblearismo, como modelo de decisión que confrontaba con el representativo que, hasta ese momento, había estado sometido a los poderes fácticos gracias a la flexibilidad ideológica del bipartidismo.

Este proyecto ilusionó a mucha gente que había perdido la fe en sus políticos. Ver a Pablo Iglesias Turrión en la televisión hablar de las cosas que todo el mundo esperaba llenó de esperanzas a muchas personas que se sentían excluidas de la propia democracia. Sin embargo, desde el año 2014 en que Podemos entró en la política, su acción se ha caracterizado por una incoherencia que es consecuencia de decir una cosa y hacer la contraria o, lo que es peor, no hacer nada, o seguir haciendo e interpretando «política de plató».

El peor error en que puede caer un partido político y un ser humano, más aún desde un liderazgo, es el de la incoherencia porque el pueblo no lo perdona, sobre todo si es progresista. El mejor ejemplo lo tenemos en la situación en que se encuentra la socialdemocracia europea que en campaña electoral afirmaban una cosa y, cuando alcanzaban el poder, realizaban todo lo contrario. La ciudadanía siempre pasa la factura, sobre todo si se confunden los intereses de las élites con las razones de Estado. Esto es lo que pasará con Podemos en las próximas elecciones con una pérdida de apoyos porque, por más que desde la formación morada pretendan culpar al PSOE del fracaso de las negociaciones, la realidad es que el máximo responsable de la repetición electoral ha sido Podemos, por su actitud incoherente, bisoña y, en ocasiones, con mucha falta de humildad.

Como decíamos antes, Podemos quiso implementar una estructura de partido basada en el asamblearismo, una formación en la que los afiliados, los inscritos, fueran los que determinaran la acción de la dirigencia. Por eso se formaron los círculos. Sin embargo, el tiempo hizo que Pablo Iglesias se convirtiera en el gran líder e impusiera un modelo pseudo-estalinista de gestión del partido. «O conmigo, o contra mí». Las diferencias existentes y lógicas dentro de cualquier formación política se convirtieron en ataques al gran líder. El ambiente se convirtió en algo tan enrarecido que se produjo la escisión e Íñigo Errejón formó su propio partido con la colaboración a destiempo y con menguada ética de Manuela Carmena y Ada Colau. Por otro lado, dirigentes de Podemos que son críticos con Iglesias y que hubieran podido aportar mucho en estas negociaciones, dimitieron de sus cargos orgánicos por, precisamente, el modo autoritario con que funciona en la actualidad. Los inscritos ya no cuentan nada en las decisiones del partido y sólo son utilizados para que los fieles (que apenas suponen un 26% de los inscritos) refrenden las decisiones adoptadas por los órganos ejecutivos, es decir, por Pablo Iglesias.

Podemos llegó a la política con la intención de llevar a la gente los recursos del Estado. Sin embargo, en estos años no han sabido o no han querido influenciar en la política nacional, sobre todo cuando pudieron hacerlo tras la moción de censura a Mariano Rajoy. Incluso, en los ayuntamientos o comunidades autónomas en las que han formado parte de los gobiernos no han tenido mucha influencia en que las cosas cambien y eso fue castigado en las elecciones de 2019, donde los votantes defraudados entregaron su apoyo al PSOE o se quedaron en casa. Los ayuntamientos del cambio desaparecieron…, salvo uno, el de Cádiz.

Cádiz es una ciudad que en los últimos cuatro años ha tenido un alcalde que, al contrario de lo que ha sucedido en otros «ayuntamientos del cambio», ha sido coherente con aquel gesto que tuvo el día en que fue investido y entregó el bastón de mando a la ciudadanía. Además, ha transformado la ciudad con la remunicipalización de servicios básicos, la peatonalización de lugares emblemáticos como el Paseo Marítimo o la construcción de un impresionante carril-bici. Jose María González, Kichi, no ha hecho ninguna revolución, sólo ha sido coherente consigo mismo y con su modo de entender la política como un modo de servicio al pueblo. El alcalde de Cádiz ha cumplido con todo lo que le han dejado, pero, sobre todo, no ha defraudado a las gaditanas ni a los gaditanos porque sigue siendo igual de cercano que antes de ser el primer regidor y, sobre todo, por su coherencia y sabiduría personal y política.

Las incoherencias de Podemos son el reflejo de quién es realmente Pablo Iglesias Turrión: un político de casta y plató.

En los carnets del PSOE hay una frase del fundador del partido, Pablo Iglesias Posse, que dice claramente que «Sois socialistas no para amar en silencio vuestras ideas ni para recrearos con su grandeza y con el espíritu de justicia que las anima, sino para llevarlas a todas partes». Eso es lo que jamás deberá de olvidar Pedro Sanchez, pero es a lo que ni se ha acercado Pablo Iglesias en ningún momento de las negociaciones.

Podemos se presentó en las negociaciones con un mantra innegociable: «gobierno de coalición», una reclamación que pudiera considerase legítima pero que, planteado con la arrogancia de casta intelectual con la que lo han hecho, ha perdido toda su fuerza y, sobre todo, se va a convertir en su propia perdición. Pablo Iglesias parte de una base absolutamente de falta de humildad: sólo se puede aprobar un programa verdaderamente progresista si Podemos está en el gobierno. ¿Acaso el PSOE, con la fuerza que tienen gran parte de ministros y ministras políticas, no es capaz de hacerlo? Sin embargo, a pesar de los hechos, fundamentalmente sociales, igualdad real, políticas fiscales y de inversión demostrados en la gestión del Ejecutivo tras la moción de censura, Iglesias se presenta ante los españoles como un imprescindible. Los desarraigos impropios de una Administración socialista, que también los ha habido y los hay, los podría haber recurrido o corregido la formación morada, el propio Iglesias, desde el poder legislativo. Así podría haber sido más creíble su deseada e imprescindible presencia, pero, desgraciadamente no lo ha hecho y su planteamiento de imprescindible con políticas de casta se acerca peligrosamente a los planteamientos de élites políticas porque, en el servicio al pueblo, cualquiera es prescindible.

El líder de Podemos quiso presentar ante la ciudadanía su renuncia a entrar en ese gobierno de coalición como un acto de humildad. Sin embargo, quien conoce cómo funciona el actual Podemos sabe que, a pesar de que su nombre no apareciera en ninguna de las carteras, los ministros y ministras harían lo que el líder indicara.

Cuando el PSOE le ofreció una vicepresidencia y tres carteras, Podemos lo rechazó y, cuando comprendió su error, se enrocó en la propuesta que despreciaron en el mes de julio. ¿Eso es coherencia? No, eso es bisoñez, falta de conocimiento de la política real, no supo marcar los tiempos y, en su caso, no se entiende desde la lógica política.

En realidad, Podemos se ha convertido en un partido dirigido por una casta intelectual que está demostrando que es absolutamente incapaz de hacer frente a la responsabilidad que conlleva un gobierno sobre todo por la incoherencia entre lo que dicen y lo que hacen. Por eso habrá elecciones y el partido de Pablo Iglesias se habrá inmolado…, desde sus políticas de plató.

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1 Comentario

  1. Este es el tipico articulista palmero del socialiberalismo del PSOE y del regimen del 78,hablando en plata y rapido,al PSOE hay que votarle «por cojones» porque es la izquierda………esa supuesta izquierda que hizo presidente a Rajoy,cambió la constitución para que los recortes fueran ley y que el regimen del 78 siguiera gozando de tanta buena salud.
    PODEMOS ha llegado a ofrecer al PSOE hasta cinco formas de pacto de gobierno,y el PSOE,con su chuleria y prepotencia,e incluso después de que le dió todo el poder PODEMOS con la moción de censura sin pedirle nada a cambio,le quiere pagar con unas elecciones para,supuestamente,terminar con PODEMOS.
    Redondo y los socialiberales,viviendo en su mundo…….
    ¿En que mundo vive este articulista y los socialistos de la secta?¿Cuando lleguen los recortes del PSOE que dirán estos palmeros del PSOE?Ya falta menos para que lo sepamos,la crisis ya está aquí y con ella el fin de un partido que solo ha hecho engañar y hacer politicas de derechas.
    PSOE,tu final está cerca….los socialistas de verdad,votamos a UNIDOS-PODEMOS

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