Muchos estudios lo han confirmado ya: los ácidos grasos omega-3 del pescado son muy recomendables para nuestra salud. El motivo es que reducen el riesgo de padecer trastornos mentales como la esquizofrenia, sufrir un segundo infarto, retarda la aparición del alzhéimer y fortalece la capacidad cognitiva en la infancia. De hecho, el número de norteamericanos que consumen suplementos con ácidos grasos omega-3 procedentes del pescado se ha elevado a cerca de 19 millones. Ahora, además, un estudio llevado a cabo por investigadores del Centro Kaiser Permanente de Pasadena (EE.UU.) ha demostrado que el consumo regular de pescado o de suplementos con este tipo de ácidos grasos poliinsaturados podría reducir hasta casi un 50 por ciento el riesgo de desarrollar esclerosis múltiple.

Como asegura Annette Langer-Gould, directora de esta investigación que se presentó en el marco del Congreso Anual 2018 de la Academia Americana de Neurología (AAN) el pasado abril en Los Ángeles (EE.UU.), “el consumo de pescado con ácidos grasos omega-3 ha demostrado asociarse a una variedad de beneficios para la salud, por lo que queríamos ver si esta simple modificación en el estilo de vida, como sería el consumo regular de pescado o la toma de suplementos con ácidos procedentes del pescado, puede reducir el riesgo de esclerosis múltiple”.

Hay que recordar que la esclerosis múltiple es una enfermedad neurodegenerativa caracterizada por la destrucción, a través del sistema inmune, de la capa de mielina que recubre y protege las neuronas. La padecen cerca de 46.000 españoles –y hasta 2,3 millones de personas en todo el mundo–, principalmente mujeres, y cuya evolución depende en gran medida de la dieta.

Por ejemplo, se sabe que el consumo de trigo acrecienta la sintomatología asociada a la esclerosis múltiple, que las verduras previenen la aparición de brotes en niños con la forma ‘recurrente-remitente’ de la enfermedad –es decir, en la que los brotes se alternan con fases sin ningún síntoma–; y que las dietas enriquecidas con frutas, verduras y cereales integrales minimizan los síntomas vinculados a las diferentes clases de esclerosis múltiple. Sin embargo, ahora se ha descubierto que la alimentación no solo influye sobre la evolución de la patología, sino que también reduce el riesgo de su aparición.

En esta investigación los autores analizaron los hábitos alimentarios de 1153 personas, que rondaban los 36 años de edad, y la mitad de ellas con esclerosis múltiple o el llamado ‘síndrome clínicamente aislado’ –o primer episodio de esclerosis múltiple de al menos 24 horas de duración–. Y más concretamente los investigadores se centraron en el consumo de pescado, pudiendo ser éste ‘elevado’ –al menos una ración de pescado o marisco semanal, o entre una y tres raciones mensuales acompañadas de la toma diaria de suplementos conocidos derivados del pescado– o ‘bajo’ –menos de una ración mensual y sin toma de suplementos–.

Las conclusiones del estudio demostraron que, comparado con el ‘bajo’, el consumo ‘elevado’ de pescado se asoció a un riesgo de hasta un 45% inferior de sufrir esclerosis múltiple o el síndrome clínicamente aislado. Además, del análisis de 13 variantes de un grupo de genes implicados en la regulación de los niveles de ácidos grasos, 2 de estas variantes se asociaron a un menor riesgo de padecer la enfermedad –con independencia del consumo de pescado–. Por tanto, y como confirman los autores, “es posible que algunas personas presenten una ventaja genética en lo que se refiere a la regulación de los niveles de ácidos grasos”.

Pero, cuidado, solo se trata de un estudio de tipo observacional, por lo que no puede constatarse fehacientemente que el pescado proteja con seguridad de la esclerosis múltiple. “Nuestros resultados sugieren que los ácidos grasos omega-3 y la forma en la que son procesados por el organismo pueden jugar un papel importante en la reducción del riesgo de esclerosis múltiple. Sin embargo, nuestro trabajo solo puede mostrar una asociación y no una relación del tipo ‘causa y efecto’. Necesitamos más estudios para confirmar nuestros resultados y analizar cómo estos ácidos grasos omega-3 afectan a la inflamación, el metabolismo y la funcionalidad de los nervios”, concluye Annette Langer-Gould.

Apúntate a nuestra newsletter

Dejar respuesta

Comentario
Introduce tu nombre