La empresa donde trabajaba Boris Pérez como médico investigador, había realizado unas pruebas de selección de personal para un puesto de trabajo. Quedaba la última prueba: la entrevista personal. El entrevistador no podía ir ese día y se lo encomendaron a Boris. “No es para tu departamento, Boris, pero encárgate de las entrevistas”.

Boris estableció una separación suficiente de tiempo entre las personas candidatas para que no coincidieran. Pero en lo que sí iban coincidiendo tras cada entrevista era en quejarse. Decían que nadie les advirtió de que debían hablar ruso para trabajar allí. Además, protestaban de que la entrevista era muy corta, y cuando no sabían responder, les invitaban a marcharse.

El jefe de personal estaba cansado de tantas quejas. Dejó de atenderlas. Fue a ver a Boris justo cuando terminaba la última entrevista. Otra persona que se iba protestando. “Pero si yo no sé ruso” decía a la vez que se marchaba.

El jefe entró en el despacho. “¿Qué has hecho, Boris?, la que has liado, ¿a qué viene lo del ruso?”. No obstante, Boris estaba muy contento con el proceso de selección. Estaba convencido de haber elegido a la persona adecuada para el trabajo.

Boris explicó que había preguntado a todas las personas candidatas si sabían decir cincuenta y cinco en ruso, o algún color, o una palabra concreta. Cuando le respondían que no sabían ruso, él contestaba: “no le he preguntado si sabe ruso; le he preguntado como se dice treinta y seis en ruso”.

El jefe de personal escuchaba entre atento y desesperado. Las quejas eran ciertas. Pero Boris siguió explicando. Aquellas personas que se quedaban calladas, o no respondían, o decían no saber ruso, o se enfadaban y cuestionaban la pegunta, las invitaba a marcharse.

Sin embargo, hubo una persona que dijo que no sabía la respuesta pero que desde su móvil podía conectarse con un diccionario español-ruso. No solo contestó cómo se decía la palabra, sino que puso un audio para mostrar cómo se pronunciaba. Era la persona que había seleccionado.

“Las empresas”, concluía Boris, “necesitan personas que sepan enfrentarse a un problema nuevo, porque los tiempos nuevos traerán nuevos problemas. Quienes se callan o se quejan, no ayudan a encontrar una solución”. La única persona que se enfrentó al problema, fue la que Boris propuso contratar. Con eso se despidió del jefe de personal, que no sabía qué decir, y regresó a su trabajo.

“Por cierto”, dijo Boris que había regresado al despacho, “esta persona me ha dicho que ha estudiado en la mejor facultad del mundo. Sería conveniente indagar el tema y contratar a más trabajadores de allí”.

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Profesor Titular de Universidad de la Universidad de Cádiz, en el Departamento de Estadística e Investigación Operativa, adscrito a la Facultad de Ciencias del Trabajo. Ha sido Vicerrector de Alumnos de la Universidad de Cádiz (desde el año 2003 hasta el 2013) y Vicerrector de Responsabilidad Social y Servicios Universitarios de la Universidad de Cádiz (desde 2013 hasta 2015). Durante estos doce años, ininterrumpidamente, ha tenido entre sus competencias el Área de Deportes de la Universidad de Cádiz. Ha promovido la creación del Aula Universitaria de Fútbol de la Universidad de Cádiz, y en estos momentos ocupa el cargo de Director del Aula de Fútbol. Tiene el título de Entrenador Nacional de Fútbol con Licencia UEFA-PRO. Ha entrenado en las categorías Infantil y Cadete del Cádiz C.F. desde el año 2010 hasta la actualidad. Además, en el Cádiz C.F. ocupa el cargo de Coordinador de Delegados y Auxiliares de Fútbol Base desde el año 2014.

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