La propuesta y la posición del presidente del Gobierno español para defender que la Unión Europea mutualice la reconstrucción tras la pandemia del coronavirus y que se aplique un plan en el que todos avancen en la misma dirección, sin que ningún país quede atrás y que no se vuelvan a incrementar las desigualdades, no sólo entre naciones, sino dentro de la propia ciudadanía.

Durante la crisis del euro de 2012 se implantaron una serie de políticas austericidas impuestas por, precisamente, los mismos países que ahora se oponen a la mutualización de la deuda y a la implementación de un plan de reconstrucción de toda la UE, no individualizada. Fue entonces cuando se comprobó que esas políticas, que provocaron importantes recortes en el estado del bienestar de los países del sur de Europa por las condiciones draconianas que se impusieron a quienes tuvieron que pedir ayuda porque la crisis estaba matando literalmente a sus ciudadanías, iban en contra de las necesidades de las víctimas de la crisis, de las clases medias trabajadoras en favor de las clases dominantes. Fue entonces cuando se empezó a hablar de la política económica para las personas y no para los poderosos.

La depauperización de las condiciones sociales provocadas por esa crisis fue un error que la propia UE ha reconocido casi una década después. Sin embargo, cuando ha llegado la hora de que todos los países de la Eurozona afronten la reconstrucción de la pandemia, los viejos vicios de las naciones más ricas se han vuelto a reproducir. No hay más que recordar la actitud de los Países Bajos o de Alemania en las primeras conversaciones: en el caso neerlandés, fue casi una declaración de guerra a España y al resto de países del sur.

Durante los años de gobierno de Mariano Rajoy esto se hubiera traducido en la sumisión sin cuestionamiento a los planteamientos neoliberales y egoístas de estos países. Sin embargo, en esta ocasión, viendo las graves consecuencias del coronavirus que tendrá que afrontar España, el presidente Pedro Sánchez y su Ejecutivo han mantenido una posición firme y, queriendo o sin querer, se ha convertido en el paladín de la política económica para las personas.

La reunión del pasado jueves y sus conclusiones demostraron que el liderazgo de Sánchez, apoyado por Francia, Portugal, Grecia y, sobre todo, Italia, tuvo sus consecuencias positivas para la ciudadanía: nadie discute que Europa debe apoyar a los países más afectados en un esfuerzo común de 1,5 billones de euros. Ya no queda más que decidir el modo en que se gestionará ese dinero, pero el hecho de que el plan presentado por Sánchez haya sido aceptado por las potencias de la Eurozona es un éxito, no sólo del presidente español, sino de todas las ciudadanías del sur de Europa.

Esta anteposición de los intereses del pueblo a los de las élites es un cambio de paradigma que ha liderado Sánchez en coherencia con los principios que deben alumbrar la acción de gobierno de un Ejecutivo progresista.

Las declaraciones de la gran mayoría de los ministros y ministras del gobierno español muestran que ese es el camino a seguir. El ministro Ábalos, por ejemplo, ya recordó, en clave nacional, que el gran pacto que necesita el país debe ser de todos y para todos, sin exclusiones. En una reciente comparecencia el ministro de Transporte lanzó una serie de mensajes de alto calado político y social, ya que hizo una defensa de lo público frente a quienes siguen defendiendo los postulados neoliberales. Para Ábalos, esta pandemia lo que ha demostrado es, precisamente, el valor de lo público porque, una vez que pase esta situación «el dinero que cada uno tenga en sus bolsillos no es suficiente», un mensaje perfectamente aplicable a la situación que se vive en Europa con Países Bajos y Alemania.

Además, reiteró que el Covid19 hará que ya nadie vea el dinero invertido en la sanidad es un gasto. El ministro enfatizó la necesidad de que el Estado debe garantizar las rentas de las familias y que se garanticen los mecanismos para que el crédito llegue a las familias y las empresas cuando más lo necesitan. «La pandemia generará el primar el espacio público compartido a salidas individuales del sálvese quien pueda. Solo no se salva nadie. Esos valores colectivos se ven en el comportamiento de los ciudadanos».

José Luis Ábalos hizo hincapié en que el pacto de reconstrucción debe garantizar que España sale de la crisis de una forma justa. «Cuando se inicie el fin del confinamiento es necesaria la construcción de un escudo social ambicioso por el que nadie se va a quedar atrás. El Pacto de Estado nos compromete con la búsqueda del consenso, el acuerdo y la unidad como andamio para la reconstrucción y la esperanza. Estamos obligados a armar la esperanza. En momentos de dureza, de enfermedad y de crisis, alimentar la esperanza debería ser una obligación ética y un compromiso colectivo. Arrimar el hombro es el patriotismo que necesitamos. Necesitamos el concurso de todos para fortalecernos como país. La primera ayuda que pedimos es para forjar la esperanza, que no contraviene el duelo ni va en contra de la crítica. No es incompatible con las diferencias ideológicas. El duelo sin esperanza sólo queda en dolor. La crítica ciega sólo sirve como elemento para la frustración y el pesimismo. Tenemos responsabilidad en esta crisis. Necesitamos una nueva cultura política y la superación de los esquemas frentistas», un mensaje que, nuevamente, es perfectamente extrapolable a la situación de Europa.

Al hablarse de una salida de esta crisis y de una reconstrucción en igualdad, el papel de la vicepresidenta primera, Carmen Calvo, será fundamental porque esa salida no puede dejarse de enmarcar en los valores de la igualdad real, en todos los ámbitos, que Calvo lleva defendiendo desde hace décadas, incluso cuando nadie creía en ello. Su experiencia será clave.

Progresismo real, liderazgo real enfocado a las personas, patriotismo real en el que la bandera sea cada uno de los ciudadanos y las ciudadanas de España y de Europa. Eso es lo que transciende de la propuesta de Sánchez en el Consejo de Europa y la defensa de los mismos le han convertido, a día de hoy, en el paladín de una salida de esta crisis en la que no haya vencedores ni vencidos, sólo personas que no tengan que renunciar a nada y, mucho menos, a su libertad.

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