Patricia Ramírez es la madre de Gabriel, el pequeño que fue asesinado en 2018 por Ana Julia Quezada en Níjar (Almería). Desde el año 2015 sufre acoso por parte de un hombre que le ha perseguido continuamente: un aficionado al atletismo que se obsesionó con ella al conocerla mientras Patricia trabajaba como «speaker» de carreras de atletismo. Desde que la vio por primera vez haciendo su trabajo, acudía a todas las carreras donde Patricia trabajaba, la seguía por la calle, acudía a las cafeterías donde Patricia salía e incluso, llegó a dormir en las inmediaciones del domicilio de la mujer, pernoctando en el interior de un coche. 

Este acosador ha sido denunciado en varias ocasiones, y también condenado. Ha incumplido la condena, llegando incluso a desactivar la pulsera que avisaba de su ubicación en el momento en que se estaba buscando a Gabriel Cruz, el hijo de Patricia que fue asesinado por Ana Julia Quezada en 2018.

Hoy sale de prisión, con un permiso penitenciario de tres días y sin pulsera. Evidentemente, Patricia está asustada y pide que se tomen medidas en circunstancias como la suya.

Patricia ha explicado a través de un comunicado del que se han hecho eco los medios de comunicación que no sabe en qué estado se encuentra el condenado, desconoce si puede estar enfadado con ella, y con qué intenciones saldrá a la calle. Precisamente el motivo del supuesto enfado del condenado (que tiene problemas de salud mental), podría encontrarse en el hecho de haber sido expuesto públicamente por la que ha sido condenada por el asesinato de Gabriel. Y es que Ana Julia Quezada, mientras se buscaba al niño, intentó desviar la atención señalando al acosador.

Patricia ha expresado sus temores, ha pedido que se tomen medidas y al mismo tiempo, también ha explicado que no ha sido informada del estado en el que se encuentra el acosador.

«La debería PROTEGERME a mi y otras tantas mujeres que sufren acoso, y no tenemos derecho a ser contempladas como víctimas de violencia de género. Necesito protección e información para no tener miedo» ha manifestado Patricia a través de sus redes sociales.

 

Antecedentes

Son cinco las condenas en firme que tiene el acosador, y la primera tuvo lugar en 2016. Patricia desconoce si se encuentra en tratamiento, si está siendo medicado y cómo ha evolucionado.

El 7 de noviembre de 2016 D.F.F.A., vecino de Antas (Almería), fue condenado por acosar a Patricia Ramírez por el Juzgado de Instrucción número 6 de Almería. Se estableció una orden de alejamiento de 200 metros, que no respetó, y por lo que se tuvo que dictar otra sentencia. El condenado por acoso fue detenido el 28 de febrero de 2018 por manipular la pulsera que indicaba precisamente su ubicación: la manipuló para que no mostrase sus movimientos durante días, además de ignorar las llamadas que le hicieron cuando entró en la zona donde no tenía permitido entrar. 

Ahora, el condenado goza de tres días de permiso para salir en libertad, y precisamente hoy comienzan. La víctima, Patricia Ramírez pide que se active la pulsera de control, pues manifiesta sentir miedo. Y es que, el acosador, que se obsesionó con ella desde el año 2015, ha llegado incluso a dormir en el interior de un coche para estar cerca de Patricia Ramírez, a la que perseguía continuamente y con quien no mantuvo en ningún momento relación íntima. 

Comunicado de Patricia 

En el comunicado del que se han hecho eco los medios de comunicación, Patricia considera que: el condenado «debe de salir controlado y con las medidas de evaluación necesarias».

Recuerda así los dos años en los que vivió «una situación de miedo difícil de sobrellevar que en estos momentos podría volver a reproducirse».

«Me enteré hace aproximadamente tres días y estoy intentando protegerme con las herramientas que tengo a mi alcance luchando para sentirme algo más segura, creo que hay que proteger a las víctimas y en este caso no se está haciendo lo suficiente»,

No se aplica la ley de violencia de género, porque no han tenido nunca una relación sentimental: «Al no haber tenido relación sentimental con él, no me corresponden las medidas de protección de la Ley de violencia de género a pesar de tener ya cinco condenas en firme por la obsesión que mantiene conmigo. La medida de la pulsera se la pusieron de forma excepcional como medida de libertad vigilada, por la gravedad de la situación».

Explica la víctima que desconoce el estado de su acosador, si se encuentra en tratamiento, si ha evolucionado positivamente. «No sé si es así, no hay informe forense que se haya practicado recientemente que así lo determine, ni se me ha informado de nada».

Patricia se muestra, como siempre lo ha hecho, con una templanza y objetividad que son dignas de reconocer, pues a pesar de las durísimas situaciones en las que esta mujer está viviendo, mantiene criterios que jamás han caído en rencor ni rabia. De esta manera, en su comunicado ha sido clara: «No me opongo a que salga si le corresponde el permiso, son sus derechos. Ni quiero que se le exponga públicamente otra vez, pues tiene sus derechos y entiendo que hay que respetarlos. No fue justo para él que se contase toda su vida durante días en televisión y ser sospechoso de la terrible pérdida de Gabriel».

«Cada vida tiene sus cosas y todos llevamos nuestra lucha. En la mía ahora está protegerme y asegurar que se haga justicia con la muerte de Gabriel tal como me comprometí con él y el resto de la sociedad comprometida a hacerlo con la mejor voluntad y trabajo necesario».

La pulsera, caducada

El abogado de Patricia, Miguel Ángel Torres ha explicado que se está solicitado que la pulsera de localización sea activada, pues «parece ser que ha caducado por un problema de comunicación entre el juzgado y prisiones». El dispositivo, según explica el abogado, fue entregado para ser utilizado durante un año: desde su entrada en prisión, solamente la habría utilizado durante cuatro meses, por lo que aún restan ocho para el cumplimiento de la condena. Sin embargo, hoy sale sin la pulsera activada.

La pulsera no sólo la lleva el condenado, sino que para que funcione y pueda saberse a qué distancia está de su víctima, ésta también ha de llevar otra. En este sentido, Patricia ha explicado que para ella «supuso un martirio los cuatro meses que la llevó puesta» porque no paraba de sonar de madrugada, cada vez que el acosador se acercaba al domicilio de Patricia. «Al menos me permitía saber cuándo estaba mal y así estar alerta», ha señalado la mujer en el comunicado.

Respuesta desde el centro penitenciario

El director del centro penitenciario, Miguel Angel de la Cruz, donde se encuentra cumpliendo condena el acosador ha explicado que se han extremado las cautelas todo lo posible a la hora de conceder el permiso de salida. «En ningún caso se hubiese concedido un permiso si la Junta de Tratamiento hubiese apreciado un riesgo, aunque fuese mínimo, de comisión de un nuevo delito o de quebrantamiento de condena. No se hubiera hecho aunque se hubiese apreciado el más mínimo peligro» ha señalado para el Diario de Almería.

Ha explicado también que la evolución del condenado ha sido «bastante favorable en todos los ámbitos de la intervención penitenciaria» y que, «los permisos son un derecho de cualquier interno que reúna una serie de requisitos, que en este caso concurren».

Se han reforzado los vínculos familiares del preso, que es una de las condiciones imprescindibles para que pueda salir de permiso. La recogida por parte de la familia y la tutela son también elementos clave para permitir que salga de prisión. Además, el interno ha de presentarse ante las fuerzas de seguridad durante el primer y segundo día de permiso.

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