Acabado este larguísimo ciclo electoral, sabidos los resultados, y adentrándonos en la, a veces farsa y a veces tragicomedia, política de los pactos, toca sin embargo fijarse en la realidad. Y la realidad, que nadie lo dude, es dura. Y me temo que lo será más.

En primer lugar, conviene recordar que España tiene el tercer precio de la luz más caro de Europa, sólo por detrás de Portugal y Alemania. El precio de la luz no ha dejado de subir desde hace trece años, y en el último año, sólo en el último año, ha subido un 13,8 %, mientras que los salarios apenas lo han hecho en un 2 %. Esto se traduce en cifras escalofriantes, como las más de cinco millones de personas que padecen pobreza energética en nuestro país o los 7.000 conciudadanos que mueren cada año por no poder calentar adecuadamente sus hogares, según datos de la ACA. Se dice pronto.

En segundo lugar tenemos el run run creciente, los tambores de guerra cada vez más cercanos, que buscan desmantelar uno de los más fuertes pilares de nuestro Estado de Bienestar y de nuestra sociedad; la protección a los ancianos y el sistema público de pensiones. Así tenemos a la dichosa AIREF pidiendo eliminar las medicinas gratis para los pensionistas y establecer un sistema de copago para los mismos. O al Banco de España, sí, el mismo que no supo prever la gran Crisis, clamando por rebajar las futuras pensiones y apostando por la hipoteca inversa como medio para que los futuros pensionistas no se mueran de hambre. Es decir, en castellano claro, calcular la pensión por toda la vida laboral, lo que supondría una rebaja del 30 o el 40 %, y vender tu casa, esa que has estado pagando toda tu vida, para completar unas pensiones que serían de miseria.

También tenemos, en un listado que podría ser infinito, la lamentable realidad de que sólo el 10 % de los universitarios españoles, según un estudio realizado por Xarxa Vives, proviene de las clases populares, mientras que el 55 % de los mismos provienen de las clases altas. Es decir, la Universidad no revierte la desigualdad social, y el famoso ascensor social hace tiempo que no funciona. Algo que tal vez tenga que ver con que las tasas universitarias españolas estén entre las más caras de Europa, y más si las ponemos en relación con los salarios de nuestro país. Además, resulta, según la propia OCDE, que España es el país de dicha organización que peor paga a sus jóvenes. En el 2006 ocupábamos el puesto 19, hoy somos los primeros en esa clasificación. Así, la mitad de los trabajadores menores de 30 años cobran salarios inferiores al 66 % del sueldo mediano del país. Pura marca España. Como también es marca España que estemos a la cabeza de Europa en el porcentaje de trabajadores pobres; de esta forma, un 15 % de los hogares de nuestro país con trabajadores vive bajo el umbral de la pobreza.

Paro, precariedad, salarios bajos, y además la realidad creciente e innegable, y ante la que nadie hace nada, de que las empresas, sobre todo las grandes, activan los despidos de las personas mayores de 50 años y su sustitución por trabajadores con salarios mucho más bajos.

Podríamos seguir Ad Nauseam, pero para acabar este breve esbozo, con sólo unas pinceladas, del paisaje de nuestro país, tenemos también que mencionar un fraude fiscal que supone 70.000 millones de euros al año según Funcas y que se centra, como señala GESTHA, en un 72 % en grandes empresas y grandes fortunas. De hecho, si redujésemos el fraude a la media europea, el Estado ingresaría más de 35.000 millones más al año.

La cuestión es; ¿después de las batallas electorales, estas cuestiones le importan a alguno de los contendientes? Pues eso.

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