En un escrito público que Pablo Iglesias acaba de compartir, señala la situación a la que él y su familia se están viendo sometidos. El acoso y la persecución que han tenido que sufrir el pasado fin de semana cuando se alojaron en casa de Enrique Santiago, en un pueblo asturiano han sido motivo para ocupar titulares.

Pablo Iglesias e Irene Montero vienen sufriendo acoso diario en su domicilio. Este fin de semana, también lo han vivido cuando han intentando pasar unos días fuera, en casa de unos amigos de la familia, junto a sus hijos.

Los mensajes que se han publicado en redes sociales estos días son prácticamente irreproducibles: odio y sinsentido señalando a una familia con menores. Incluso, también han acosado a los locales en los que han comido Irene y Pablo: el restaurante que les preparó la comida tuvo que llevarla al domicilio donde se encontraban, debido a la presencia de periodistas y acosadores allí. Además, el propio restaurante ha sido objeto de un acoso sin precedentes: insultos y agravios contra el negocio por el simple hecho de atender a dos personas.

El texto que ha publicado Iglesias dice lo siguiente:

«Lo que hace a nuestra familia la extrema derecha y ciertos medios es grave, pero hay que poner cada cosa en su contexto. Hay gente que ha pagado con su libertad, con su vida o con torturas defender sus ideas y hacer política. No es nuestro caso. No hay derecho a que mis hijos tengan sufrir las consecuencias del compromiso y las tareas políticas de sus padres, pero hay millares de niños en situaciones mucho más vulnerables. No va conmigo el victimismo.

Quería escribir simplemente unas líneas para dar las gracias a todas las personas que nos están apoyando. Gracias a Enrique y a su familia por ser los mejores anfitriones, gracias a Ramón, minero jubilado y rojo que está orgulloso de que su hijo sirva en la Guardia Civil y que hizo que mis hijos vieran por primera vez gallinas, patos, ocas y caballos.

Gracias a Casa María por traernos a casa la mejor fabada que hemos comido nunca. Gracias a la gente de Felgueres. Gracias a todos los compañeros y no compañeros que nos han escrito y se han solidarizado. Gracias a los policías que nos acompañan cumpliendo su labor con la mayor profesionalidad y el mejor trato humano. Gracias a toda la gente que nos ha ofrecido su casa. Gracias a todos los que no se dejan intimidar por la ultraderecha y sus medios.

Su odio y sus amenazas no frenarán nuestro trabajo. El ejemplo de la gente corriente, honesta y valiente que no tiene miedo al fascismo, es para nosotros la mayor motivación para continuar.

Seguimos». 

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