La pandemia está en declive. La “nueva normalidad” exige adaptación a pautas “anormales” por supervivencia personal, familiar, colectiva. ¿Es la única “nueva normalidad”?

En Desarrollo Organizacional, y lo que los consultores llamamos “cultura organizacional”,  es clave diagnosticar qué “criterios, pautas, valores” se consideran “normales” porque determinan el éxito o fracaso de cualquier organización, empresa, país,  sistema político, partido,  economía, etc. En España hay “otras situaciones” que serían muy “anormales” en estados serios pero que se asumen como “normales”. Ejemplos…

Monarquía.  Candente actualidad. Objetivamente, la Monarquía no asegura en absoluto que quien la ocupe sea la persona más competente para la Jefatura del Estado. Los Borbones lo demuestran.  ¿Equivale la monarquía española a las europeas? Publicado:  el rey emérito participó activamente en el golpe de estado de 1981. ¿Es normal?  Publicado: protagoniza importantes asuntos de comisiones, evasión de capitales, etc. al margen de la Hacienda española. ¿Es normal?  Se pide que el parlamento lo investigue pero letrados y determinados partidos políticos, uno de ellos ¡republicano!,  lo impiden por la “inviolabilidad permanente” haga lo que haga. ¿Es normal?  ¿Lo es  que exista una constitución con “esa anormalidad” de  inviolabilidad? ¿Es normal que nadie promueva  eliminar esa prerrogativa? ¿Estamos ante una “nueva normalidad” monárquica…?

Partidos políticos. Dicen representar,  defender, los intereses del pueblo. Deberían  consensuar planes para recuperar todo lo mucho que ya hay en quiebra y más tras la pandemia.  Sus decisiones, votaciones, declaraciones, sugieren lo contrario. Defienden sus propias ideologías, posiciones, objetivos, con sesiones broncas, con insultos, descalificaciones… ¿Eso es normal en democracias serias…?

Es ineludible un “proyecto común” para que una organización, ¡un Estado!, pueda prosperar. Ha de estar asumido por “todos” y  que “todos” aporten su máximo esfuerzo. ¿Sucede? No parece. Predomina el  permanente “acoso y derribo” para ocupar el poder por el poder. Muchas denuncias. Ninguna propuesta posibilista. Las sesiones de “reconstrucción”, parlamentarias, ofrecen una imagen penosa. Ausencia total de aportaciones estratégicas y de futuro. Puro tactismo partidista, ideológico. Se defienden modelos puntuales de presente. O peor: de pasado. ¿Es, será,  la dinámica política “normal”? ¿Estamos ante una nueva “normalidad” política…?

Justicia y policía.  Hay contradicción. Investigaciones, juicios y sentencias que se adaptan a lo considerado en democracia auténtica “justicia” con otras totalmente “anormales”. Fiscales acusando a delincuentes, ¡normal!,  y otros defendiendo  o justificando a “acusados”. ¡Anormal!  Absoluciones por organismos de cuestionada composición, afinidad, partidismo, que permiten ser calificadas de escandalosas. Instrucciones tendenciosas. Juicios y sentencias descalificadas por tribunales internacionales europeos (Tribunal alemán de Stevig Holstein),   medios de comunicación prestigiosos. Organismos internacionales (ONU, Amnistía Internacional, etc.) hacen peticiones sobre presos y sentenciados políticos que son desoídas. Sentencias de tribunales de la UE, igual.  Publicado: instrucciones y sentencias sobre informes policiales falsos o manipulados. ¿Es normal?

Se habla de un “estamento” que aplica pautas y criterios muy subjetivos,  “anormales”, en  estados verdaderamente democráticos. Hay mucho publicado. La ley Mordaza sigue vigente y más aplicada que nunca. ¿Es, será,  ésta la dinámica que se instala o mantiene en España? ¿Estamos ante una nueva “normalidad judicial” y policial…?

Cataluña. Considerada el mayor problema del estado. ¿Quién lo  genera?  El crecimiento independentista ha sido reacción a la anulación del segundo Estatuto “constitucionalmente” elaborado y refrendado pero ha visto recortados artículos que siguen vigentes en estatutos de  autonomías españolas. Pérez Royo, Catedrático de Derecho Constitucional, Universidad de Sevilla,  lo califica de “golpe de estado”. ¿Eso es normal?

Regresa la  “mesa de diálogo”. El gobierno español dice que “la solución sólo puede producirse con el diálogo”.

Se dialogó tras el regreso de Josep Tarradellas, “125” presidente de la Generalidad de Catalunya. Se dialogó para la Constitución  que  reconocía a Catalunya como “nacionalidad” histórica. Se dialogó para el primer y segundo Estatutos. ¿Resultado? Incumplimientos. ¿Eso es normal en un Estado serio?

Hoy, Catalunya está fuera de la Constitución. El texto sobreviviente no ha sido refrendado por sus votantes. Catalunya: 16% de la población genera el 20% del PIB, el 25% de las exportaciones pero recibe por debajo de lo que le corresponde y de lo que fijaba su estatuto; el Estado no cumple ni con su obligación en temas sociales según la Ley de Dependencia.  ¿Eso es normal?  Bajo  criterios de Desarrollo Organizacional, ¡no lo es!.

El parlamento catalán pide un referéndum como en Reino Unido, Canadá. Es lo normal en democracia. El estado español lo prohíbe.

Dos preguntas del modelo Harvard para  resolver conflictos:

¿Existe real predisposición al acuerdo por parte del Estado español?. Se dijo: “Sin violencia se puede hablar de todo?  Cuando Cataluña  intentó que hablaran las urnas… se  reaccionó con una violencia policial que generó más de 1.000 heridos y que escandalizó al mundo democrático. ¿Eso es normal y sugiere posibilidad de diálogo?

¿Existe respuesta a las exigencias pacíficas y democráticas del parlamento catalán?  No hay ni una sola propuesta para que el independentismo, voluntaria y satisfactoriamente,  renuncie. Al contrario. Se mantienen todas las limitaciones económicas, políticas, identitarias, lingüísticas; incumplimientos presupuestarios, tácito 155.

¿Cronificar y aumentar el conflicto España/Cataluña será la “nueva normalidad”…? Aunque existe desde hace siglos.

“El futuro depende de lo que hagas hoy” dijo Gandhi.

¿Qué  tipo de “normalidad” monárquica, de jefatura de estado,  política, judicial/policial se acepta? ¿Qué  “normalidad” con Cataluña…?  

¿Se puede calificar de sociedad democrática “normal” la que acepta esas claras “anormalidades” cara a su futuro…?

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