Recientemente ha saltado la noticia de lo bien consolidada que está la asignatura “Unión Europea” en las aulas de la Comunidad de Madrid. Pronto, muy pronto, los alumnos sabrán más sobre este engendro antidemocrático que es la UE que de su propio país: historia, legado cultural y patrimonio. Se ha acelerado un proceso de descomposición nacional que, no nos llevemos a engaño, va a terminar también fragmentando la plataforma estatal sobre la que se asienta. Y es que, a las élites globales, las fronteras y las leyes les estorban en tanto que frenan el advenimiento de su paraíso neoliberal, donde mano de obra, capital y mercancía circulan libremente, para su beneficio, sin injerencias de ningún tipo.

Bruselas nos prometió pleno empleo y prosperidad a cambio de renunciar a nuestra soberanía nacional y a “reconvertir” nuestro modelo productivo (véase reconvertir como eufemismo para desindustrializar). Sin embargo, en 2020 y tras el Brexit, España continúa con unos índices de desempleo altos (a la cabeza en desempleo juvenil: casi un 44%), abandonará su papel de país subsidiado y pasará a ser país contribuyente, esto es, empezará a dar más de lo que recibe. Para que este reajuste sea factible, la Unión Europea nos exige –otra vez- llevar a cabo “reformas estructurales” (otro eufemismo para recortes): esto significa que, mientras los países frugales nos arrojan sus migajas con condescendencia y paternalismo, las condiciones laborales de los currantes españoles, así como su bienestar y condiciones de vida, se verán de nuevo perjudicadas por los intereses del capitalismo global.

Mientras tanto, los agentes del europeísmo en España nos sermonean con el beneficio que nos aporta desinteresadamente la Unión Europea, y nos avisan de la catástrofe que supondría abandonar la zona euro, ante el incremento del anti-europeísmo en otros países miembros como Francia, Italia o Países Bajos. Tan hegemónico es este discurso que muy pocos somos los que nos planteamos, a día de hoy, la necesidad de un Spexit invocando el artículo 50 del Tratado de la Unión Europea, que prevé los mecanismos para “la retirada voluntaria y unilateral de un país de la UE”.

Las razones que esgrimimos los anti-europeístas de izquierda en España para el Spexit son, en suma, las siguientes:

  1. La Unión Europea es un frankenstein antidemocrático, donde las decisiones de mayor calado en materia política, económica y social se toman en Bruselas/Frankfurt por una Comisión Europea que los ciudadanos europeos no han votado. El Parlamento Europeo se limita a decir “Sí, Bwana” a lo que se acuerde en la Comisión Europea, por lo que las elecciones al parlamento vienen a ser, básicamente, un paripé.
  2. La Unión Europea impide el desarrollo económico de los países no frugales del arco mediterráneo. En el caso de España, además de la desindustrialización forzosa y las privatizaciones de empresas públicas, los acuerdos comerciales de la UE con otros países no miembros perjudican a los productos españoles, como el del arroz vietnamita o el de las naranjas sudafricanas. Tampoco podemos olvidarnos de la economía de turismo, ocio nocturno y restauración a los que nos vemos abocados por la propia UE, actividades éstas de bajo valor añadido.

Al contrario de lo que los catastrofistas nos venden, salir de la zona euro no implicaría la ruina para España ni el cese de los acuerdos comerciales con los países miembros, sino la recuperación de la soberanía perdida para tomar todo tipo de decisiones en materia económica-financiera-comercial-diplomática por un gobierno elegido por los españoles desde Madrid, y no por un consejo de administración de tecnócratas apátridas. Además, la devaluación de la divisa española impulsaría las exportaciones nacionales, lo que a su vez redundaría en el mercado laboral interno y, por ende, beneficiaría a la clase trabajadora española.

Como veis, la izquierda española tiene motivos de sobra para decirle a la Unión Europea que sí, que nos vamos, pero que –no obstante- nos vemos y nos seguiremos viendo. Así que, por favor, menos drama.

Por Luis Carlos Nogués (@LCNogues),
fundador y secretario general de SOMOS España (@fuimosYsomos).

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