El lema de estas últimas semanas es “todo saldrá bien”. Y puede que sí, que para muchas personas sea así, pero para muchas otras no y se verán muy afectadas una vez recuperemos la normalidad.

Mucha gente habrá perdido a familiares, y será cuando retomemos la ansiada normalidad o los primeros pasos hacia ella, cuando se notarán las ausencias y empezará realmente el duelo.

Pero además, tendremos a sanitarios cansados y muy afectados por la situación que están viviendo en sus trabajos, tendremos autónomos con grandes problemas económicos para mantener sus negocios y su economía familiar, tendremos profesores cansados de trabajar reinventándose para impartir clases desde casa, tendremos trabajadores de varios sectores que han seguido trabajando exponiéndose a un posible contagio y el riesgo que eso comporte a sus familias, tendremos trabajadores que han visto reducidos sus ingresos por estar en paro o en situación de ERTE en sus empresas, tendremos a muchos de estos trabajadores que no recuperarán sus trabajos, tendremos niños cansados de estar encerrados y que tendrán que aprender a vivir en una nueva normalidad, tendremos personas mayores que no volverán a la calle con la tranquilidad y libertad que lo hacían hasta ahora y tendremos todos delante un futuro incierto que no sabremos cómo afrontar.

Por estos motivos debemos entender que no todo podrá salir bien, porque será así como podremos encararnos hacia ese futuro y entender la situación que nos espera. Dejemos de pensar en que estamos librando batallas y guerras y que vamos a poder con el enemigo. El enemigo va a estar en nuestras cabezas, será la presión y el peso que tendremos que superar para recuperar nuestras vidas.

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