La RAE define la ilusión como aquella “esperanza cuyo cumplimiento parece especialmente atractivo”. Es decir, nace de la fe de conseguir aquello que deseamos y se materializa cuando empezamos a conseguirlo. Es en si misma un motor para conseguir lo que queremos y una consecuencia cuando el resultado es positivo. Es un sentimiento que nos lleva a disfrutar, incluso por adelantado, de un deseo cumplido.

Entendida así, la ilusión genera felicidad. Está ligada a pensamientos y creencias positivas y también a la acción por las conductas que realizamos para conseguir nuestro propósito.

Quizás el mejor ejemplo de ilusión lo tenemos en los niños. Personalmente es una de las características de la infancia que más me gusta. Los más pequeños piensan que todo es posible y esto les permite vivir muy intensamente cada momento.

Sin embargo, cuando crecemos nos damos cuenta de que no todo podemos conseguirlo. Así, en los adultos, la ilusión tiene más que ver con la forma en la que hacemos las cosas.

Al final se trata de tener metas y deseos retadores pero alcanzables y ponerle ganas para conseguirlo, tratando de disfrutarlo desde el principio.

Pero en la vida hay momentos en los que parece difícil mantener la ilusión. Quizás ahora muchas personas, en situaciones difíciles, están justamente en esa fase.

Desde el punto de vista psicológico es una catástrofe emocional perder la ilusión porque nos lleva directamente a la angustia y la negatividad y precisamente por esto, merece la pena que pongamos en práctica estos consejos para mantener la ilusión:

  1. Busca el origen de tu desilusión. Conocer la causa que nos lleva a esa sensación y dejar brotar la emoción que subyace es el inicio para ponerle remedio.

No nos conformemos en ese vacío que nos genera la falta de ilusión y encontremos el motivo por el que hemos caído en ese pozo, para así establecer las estrategias necesarias para cambiar la situación. Y por supuesto, dejemos salir nuestras emociones más profundas (el miedo, el enfado, la tristeza… ) ante el descubrimiento.

  • Rompe con las rutinas. Es difícil mantener la ilusión en la monotonía así que es fundamental introducir en nuestra vida variantes diferentes (conocer personas nuevas, experiencias novedosas, aprendizajes distintos… atrevernos a…).
  • Deja que fluya el niño que habita en ti, ese que años atrás disfrutaba con las pequeñas cosas. A veces caemos en el error de racionalizar todo en exceso o de vivir en las responsabilidades.
  • Ponte metas, propósitos y enfócate para conseguirlos. No dejes de soñar y persigue tus sueños.
  • La felicidad está en el camino, disfruta y busca el lado positivo de cada situación. Es un error dejar todo lo bueno para el final, para cuando llegue el resultado. Generalmente la mayor parte del tiempo se nos va en el tiempo que dedicamos a conseguirlo.
  • Agradece por todo lo que tienes y deja de enfocarte en aquello que te falta. Es fácil sentirse desafortunado ante lo que no nos gusta pero es más adaptativo verse como afortunado por los regalos que nos da la vida (y que todos tenemos muchas cosas).

Son muchas las cosas que pueden entusiasmarnos… una nueva amistad especial, un viaje soñado, un proyecto profesional… ¿Tú estás ilusionado?

Siempre es un buen momento para recuperar la ilusión. La vida tiene mucho por ofrecernos y sólo hace falta un poquito de ganas para conseguirlo.

A veces podemos empezar por disfrutar de las pequeñas cosas, recuperar nuestros deseos, proyectos que abandonamos por el qué dirán o por miedo al fracaso y sobre todo, enfocarnos para conseguir resultados.

Solo puedo decirte para acabar que “no dejes de soñar”.

Y como siempre, no estás sólo. Si necesitas ayuda, busca ayuda profesional.

Si tienes alguna duda y quieres contactar conmigo, puedes hacerlo enviando un email a pbellot.coach@gmail.com

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