Superada la Razón, una vez que los últimos vestigios de prudencia han sido borrados por la imperturbable virulencia de la que los vientos se sirven a la hora de resquebrajar cualquier muro erigido con el cauto fin de preservar el sentido común; es cuando hemos de considerar llegado el momento de decir basta, se acabó.

Sumidos en tiempos convulsos, la perplejidad ocupa espacios y genera procederes otrora desconocidos, cuyo único denominador común es el de tratar de convencernos de que lo nuevo, lo moderno, o incluso lo innovador ha de ser tenido siempre como la mejor opción; y lo peor es que para llevar a cabo tal designación, para erigirse en tan enorme consideración, el único aval al que esperan nos aferremos es la propia consideración ya mentada. Ser hijo o cuando menos resultado de la postmodernidad, parece conceder el crédito suficiente no sólo para ser, sino que incluso se nos exige que partiendo de tal procedamos con la demolición de todo lo previo, de todo lo que es anterior, convencidos de manera supuestamente evidente de que la desaparición de todo lo que estaba antes, de todo lo llamado a cimentar nuestra Historia, ha de ser definitiva a la par que inexorablemente destruido.

Es entonces cuando definitivamente hemos de considerar superados todos los límites. La nebulosa de romanticismo que hasta ese momento se tornaba en torno a conceptos como el de revolución se desprende, dejando tras de sí una capa de óxido, y esos mismos términos, pulidos de forma artificiosa por ese mismo romanticismo dejan paso a otros como trasgresión, revuelta; y sus previsibles consecuencias a saber: sedición, desobediencia.

Antes de poner rumbo hacia lo desconocido, parece necesario aunque sólo sea para honrar a quienes no hace mucho tornaron todos sus esfuerzos y ambiciones para desencadenar tanto el concepto como el procedimiento sobre el que hoy descansa nuestra crítica; llevar a cabo un ejercicio si no de autocrítica sí cuando menos de reconocimiento, fruto del cual surja el reconocimiento no tanto de una debilidad, que sí más bien de una virtud. Y a esa virtud habremos de aferrarnos a la hora de considerar seriamente la certeza de que uno de los motivos por el que en la actualidad resulta tan dificultoso encontrar puerto para nuestra nave se encuentra no tanto en los problemas estructurales que la propia nave presenta, como sí más bien en el escaso bagaje de la oficialidad a la que hemos conferido su guarda.

Condenado Newton por la tensión propia de aquel al que su saber le lleva no tanto a hacer gala de lo que conoce, que sí más bien a lamentar todo lo que le queda por aprender; es por lo que se embarcará en una de las misiones a saber más complicadas de cuantas el ya por entonces llamado Hombre Moderno podía aspirar, a saber, la de emitir una suerte de juicio o sentencia científica llamada a integrar en la medida de lo posible las respuestas conceptuales propias de toda la Realidad. 

Buscaba Newton lo que luego otros como Einstein describirán como La Teoría del Todo. A saber, una suerte de conglomerado en el que tanto conceptos como procedimientos que hasta ese momento habían sido inferidos por separado, pasaran de manera genial a conformar un todo coherente del que no sólo emanaría una nueva percepción de la realidad, sino que conceptos y procedimientos hasta ese momento estériles o infrautilizados emergerían dotados de un nuevo brillo capaz de hacernos ver las cosas de otro modo, iluminando con ello un nuevo escenario, prodigando una nueva realidad.

Pero haciendo buena una de las grandes certezas de la ciencia, nada de todo ello resultó sencillo, ni por supuesto habría de resultan a la primera.

De hecho Newton fracasó, o al menos lo hizo en lo que concierne a su proceder en la búsqueda de la integración absoluta.

Y sin embargo, su genialidad fue de tal calibre, que basta con vislumbrar la genialidad que se esconde tras lo que bien podríamos denominar sus procedimientos de aproximación, para comprender hasta qué punto basta con acceder a sus consideraciones previas, para constatar lo eficaces que las mismas se vuelven a la hora de, por ejemplo, llevar a cabo un esquema destinado a implementar nuestra realidad, o cuando menos de la idea que de la misma tenemos.

Basta pues con aproximarnos al Tercer Principio, ese que todo el mundo conoce como el de acción-reacción, para comprender lo eficaz que el mismo resulta a la hora no tanto de alcanzar una solución al problema que hoy nos aflige, sí de emplazar la naturaleza de muchos de los elementos integrantes de los mismos.

Es el de la acción un concepto complicado. Sin ir más lejos, el mismo parece hacer alusión de manera implícita más a un procedimiento que a un concepto propiamente dicho. Superada esa primera impresión, otros conceptos tales como motivación e iniciativa; acuden para dibujar un escenario netamente constructivo, dentro del cual todo resultado podrá ser criticado, mas el análisis preceptivo destinado a la superación de cualquier error podrá ser fácilmente llevado a cabo, ya que cada paso está perfectamente descrito.

Por el contrario, si sometemos al campo semántico de la reacción todo nuestro repertorio, constataremos desde un primer momento la ineficacia de tal si el menester al que verdaderamente hemos confiado nuestros designios se alienta de verdad en un ánimo constructivo.

Todo esfuerzo que encomiende a la reacción su única procedencia, estará de facto condenado, pues no es la fuerza reactiva un ente original, sino que la misma surge como hecho contestatario, careciendo por ello de originalidad y lo que es más peligroso, poniendo de manifiesto el alto grade de toxicidad que desde su génesis posee.

Como fuerza espejo, en la misma se observan los coeficientes de simetría que a la hora de poner de manifiesto las diferencias entre una realidad y el reflejo de ésta en un espejo, se hacen palpables. Desde un punto de vista metafórico (o tal vez no), la simetría da lugar a ilusiones ¿ópticas? Según las cuales cabría otorgar a consideraciones propias del eje derecho, consecuencias atribuibles al quehacer propio del eje izquierdo. 

Observaciones aparte, la complejidad de los procederes que hoy por hoy son imprescindibles en vista siquiera de la magnitud de los acontecimientos que nos envuelven, habría de resultar suficiente para hacer buena la tesis según la cual aquello que fuera hecho por tu mano izquierda, no ha de ser sabido por la derecha. 

Efectivamente, hay cuestiones tan perentorias, que al respecto de las mismas una posibilidad de centro, no tiene ni siquiera formulación.

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Natural de La Adrada, Villa abulense cuya mera cita debería ser suficiente para despertar en el lector la certeza de un inapelable respeto histórico; los casi cuarenta años que en principio enmarcan las vivencias de Jonás VEGAS transcurren inexorablemente vinculados al que en definitiva es su pueblo. Prueba de ello es el escaso tiempo que ha pasado fuera del mismo. Así, el periodo definido en el intervalo que enmarca su proceso formativo todo él bajo los auspicios de la que ha sido su segundo hogar, la Universidad de Salamanca; vienen tan solo a suponer una breve pausa en tanto que el retorno a aquello que en definitiva le es conocido parece obligado una vez finalizada, si es que tal cosa es posible, la pausa formativa que objetivamente conduce sus pasos a través de la Pedagogía, especialmente en materias como la Filosofía y la Historia. Retornado en cuanto le es posible, la presencia de aquello que le es propio se muestra de manera indiscutible. En consecuencia, decide dar el salto desde la Política Orgánica. Se presenta a las elecciones municipales, obteniendo la satisfacción de saberse digno de la confianza de sus vecinos, los cuales expresan esta confianza promoviéndole para que forme parte del Gobierno de su Villa de La Adrada. En la actualidad, compagina su profesión en el marco de la empresa privada, con sus aportaciones en el terreno de la investigación y la documentación, los cuales le proporcionan grandes satisfacciones, como prueba la gran acogida que en general tienen las aportaciones que como analista y articulista son periódicamente recogidas por publicaciones de la más diversa índole. Hoy por hoy, compagina varias actividades, destacando entre ellas su clara apuesta en el campo del análisis político, dentro del cual podemos definir como muestra más interesante la participación que en Radio Gredos Sur lleva a cabo. Así, como director del programa “Ecos de la Caverna”, ha protagonizado algunos momentos dignos de mención al conversar con personas de la talla de Dª Pilar MANJÓN. Conversaciones como ésta, y otras sin duda de parecido nivel o prestigio, justifican la marcada longevidad del programa, que va ya por su noveno año de emisión continuada. Además, dentro de ese mismo medio, dirige y presenta CONTRAPUNTO, espacio de referencia para todo melómano que esté especialmente interesado no solo en la música, sino en todos los componentes que conforman la Musicología. La labor pedagógica, y la conformación de diversos blogs especializados, consolidan finalmente la actividad de nuestro protagonista.

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