En este paréntesis a la vida he podido disfrutar de puzles imposibles con mi hija pequeña, gimnasia sobre la alfombra con la mayor y de ir viendo cómo se va acercando ese momento que te da la patada en el culo, ese punto de inflexión cuando tu chiquitina se va acercando a tu altura como si en una competición  tu seguidora te pisa las canas en la siguiente vuelta.

Mientras iba cayendo la bola de nieve, fue llevándose por delante proyectos e ilusiones que quedarían aparcados, algunos para siempre. Estupefacta, incrédula ante una realidad que seguía su trayecto cual tren en marcha del que no te puedes bajar. En estos días hubiera deseado ser una milenial islandesa o  una niña noruega , incluso, imagino que me hubiera pillado “la nevada” en Nueva Zelanda para seguir con mis crónicas… pero no, me tocó vivirla en el país que me vio nacer y que me brindó , previa oposición, la mejor formación para dedicarme al bello mundo de la medicina, tan idealizado como machacado, tanto por parte de dirigentes,  como de personas que sólo reconocen sus derechos y olvidan demasiado rápido a quienes siguen dando la cara por ellos. Y nos faltaban los medios que mienten acerca de las condiciones laborales, o del miserable sueldo si lo comparamos con el de otros quehaceres mucho menos dignos, a mi parecer, que lo único que hacen es dar audiencia. Imposible zapear sin sentir náuseas ante determinados espectáculos que demuestran lo peor de cada casa y mientras tanto, profesionales anónimos equipándose con bolsas de basura y con una vocación que les impide coger la baja.

Creíamos que todo esto sacudiría idioteces pero ya en fase 0, las estupideces han vuelto a las urgencias que aún no se habían recuperado del varapalo.

Espero que los aplausos se conviertan en sensatez, con un uso racional de los servicios sanitarios,  sin olvidar la educación y el respeto que todos merecemos.

En mi caso me considero una privilegiada, durante todo este tiempo mi trabajo ha sido (y sigue siendo) fundamentalmente telefónico  solucionando todas las consultas posibles de una agenda casi llena hasta el verano. Que se sepa, por el cable no se transmite la infección, así que mi exposición al riesgo se ha reducido a las visitas que llegaron sin protección y a todo el tiempo en el que no hemos tenido los equipos necesarios. Por supuesto, nada que ver con quienes en la UCI podían “oler el virus”.

Entrar en casa supone poner “modo avión” para evitar la sobredosis de webinars, protocolos, memes y videos de quienes en su aburrimiento no sabían cómo rellenar el tiempo. Algunos con la mejor intención, desconocían el nivel de saturación al que un móvil y una cabeza pueden llegar. Agradezco todas las sonrisas y apoyos aunque no haya podido contestarles.

Ahora que parece que el primer gran tsunami ya pasó, acabaré el segundo puzle con mis hijas, retomaré mi curso de piano on line y seguiré con el libro que me espera en la mesita.

Este artículo puede quedar almacenado en sus dispositivos hasta que llegue el momento de vaciarlos y agradezco el tiempo invertido en leerlo. Para finalizar, unas recomendaciones de una sanitaria para los tiempos de transición:

Apaguen la TV, pongan la radio, abran libros, bailen, mediten, rían, hagan ejercicio y sobretodo… no se crean todo lo que vean (escuchen) ahí fuera, confíen en su instinto.

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