La crisis de la minería onubense, a finales del pasado siglo, llevó a colar en las proximidades de Nerva al mayor vertedero de residuos tóxicos de Andalucía y uno de los mayores de Europa. Lo que se pretendía como una solución al brutal impacto sobre el empleo por el cierre de las minas se ha convertido en el mayor quebradero de cabeza para una población y una comarca necesitada de empresas productivas, sin que el vertedero haya cumplido las perspectivas mínimas de progreso que se pretendían para Nerva y la cuenca minera. Parece la historia interminable, ya que en más de dos décadas las ampliaciones se han ido sucediendo y nadie ha buscado una alternativa para este controvertido y ponzoñoso basurero y aún se pretenden nuevos usos y nuevas ampliaciones.

El peso de la evidencia se impone. La mierda no la quiere nadie, en Nerva tampoco, pero durante 22 años los habitantes de esta Villa onubense han tenido y tienen a las puertas de sus casas uno de los mayores vertederos de productos tóxicos de Europa, con las molestias, incomodidades y especialmente peligro que ello representa, además de significar un inmenso atentado ecológico en una importante zona protegida. Las poderosas grandes empresas petroquímicas tienen en Nerva la solución a sus desechos más contaminantes, convirtiendo el tóxico vertedero en un pozo sin fondo y sin vislumbrar una ‘fecha de caducidad’, al no existir un plan ordenado para su cierre y la búsqueda de alternativas. La población nervense está cansada de la situación, con prórrogas sucesivas a la insalubre actividad, mientras que las administraciones responsables siguen sin buscar soluciones, apostando por lo más fácil, que es dar continuidad a lo que se consintió en los años noventa. Hoy la empresa Ditecsa y la Junta de Andalucía, en clara y escandalosa connivencia, de espaldas al vecindario, pretenden nuevos usos y la ampliación de las instalaciones, que con el beneplácito administrativo puede hacer que el vertedero continúe, durante muchos años más, con una actividad contestada y rechazada desde el ecologismo y la mayoría del movimiento asociativo civil. Las intervenciones de las asociaciones ciudadanas en las últimas reuniones mantenidas en el Ayuntamiento de Nerva no dejan lugar a las dudas sobre el rechazo generalizado que produce actualmente el vertedero.

La mierda no la quiere nadie, en Nerva tampoco, pero durante 22 años los habitantes de esta Villa onubense han tenido y tienen a las puertas de sus casas uno de los mayores vertederos de productos tóxicos de Europa

La escandalosa maniobra de la Junta de Andalucía, controlada ahora por el Partido Popular y Ciudadanos, de publicar durante el confinamiento por la Covid-19 el obligado trámite de información pública y abrir el periodo de alegaciones para incrementar los usos y utilización del vertedero en los próximos años, significa la pérdida, una vez de más, de hacer lo que el vecindario espera, el anuncio del cierre de la actividad de este vertedero, o al menos establecer planes de desescalada para ello, pero tanto los intereses tóxicos de los poderosos grupos industriales y de la propia Administración autonómica, encubren las finalidades y nuevos usos de las instalaciones, a solo unos centenares de metros de las viviendas de los vecinos nervenses.

El pasado 1 de junio se conoció el inicio del trámite de información pública del proyecto presentado por la empresa Ditecsa Soluciones Medioambientales (DSM) -antes Befesa y antes Complejo Medioambiental de Andalucía-, con el objetivo de ampliar los usos actuales con nuevos rellenos y la construcción de tres plantas nuevas de tratamiento de residuos, lo que generará nuevos elementos contaminantes en la zona, sin considerar que se encuentra en terrenos BIC (Bien de Interés Cultural) y junto a un importante paraje protegido en torno al río Tinto, que va a desembocar donde se encuentra el más importante núcleo poblacional de Huelva, la propia capital.

La primera en la frente ante las intenciones de los grupos políticos que hoy gobiernan en la Junta de Andalucía, Partido Popular y Ciudadanos, con el respaldo de Vox, retratando su mayoría en el Parlamento andaluz, el pasado 24 de junio, a solo dos días de que se cerrara el plazo para presentar alegaciones sobre los planes de la empresa Ditecsa. Ese día, la derecha votó en contra de la Propuesta No de Ley presentada por Adelante Andalucía, que pretendía forzar la posición del Parlamento autonómico rechazando los nuevos proyectos que, tanto la empresa como la Junta de Andalucía, tienen para el vertedero de Nerva.

La sorpresa en esa votación la dio el PSOE andaluz que parcialmente se posicionó junto a Adelante Andalucía, para tratar de evitar los nuevos planes sobre el vertedero, justamente el partido que lo creó y lo apoyó durante más de dos décadas. El vertedero sin la interesada y continua actuación vergonzosa del PSOE-A nunca se hubiera instalado en Nerva y mucho menos se hubieran permitido los permisos en sucesivas ampliaciones.

Las intervenciones de las asociaciones ciudadanas en las últimas reuniones mantenidas en el Ayuntamiento de Nerva no dejan lugar a las dudas sobre el rechazo generalizado que produce actualmente el vertedero

El cambio de posición “parcial” del partido que hoy lidera Susana Díaz ha sido bien acogido por las asociaciones que luchan por el cierre del vertedero, aunque critican la tardanza en hacerlo y el que no haya apoyado claramente su cierre. De hecho, una parte de la propuesta se votó de forma separada, la que hacía referencia a la anterior propuesta aprobada en 2014, “para que la Junta de Andalucía inicie los trámites para la interrupción de residuos en el vertedero” y no fue apoyada por el PSOE. Es decir, el PSOE de Andalucía no se opone -en estos momentos- a la continuidad del vertedero, sino solo a su ampliación y nuevos usos.

Izquierda Unida emitió un comunicado señalando que las iniciativas que se están llevando a cabo “servirán para que las administraciones competentes, como el Ayuntamiento de Nerva y la Junta de Andalucía, asuman que es imposible permitir la ampliación que pretende Ditecsa”. La portavoz de IU-Adelante Nerva, Dolores Cabello, insistía a Diario16 que el proyecto presentado “enmascara de manera administrativa lo que pretenden conste como una modificación del proyecto anterior, cuando no es realmente así, ya que el proyecto inicial se encuentra colmatado, rematado y fuera de vida útil, mientras se siguen acumulando residuos, pretendiéndose ahora un proyecto nuevo y distinto de lo que tenemos; por tanto, los trámites deben ser otros. Nos están engañando y la empresa actúa de manera chantajista”.

Justo durante el debate en el Parlamento de Andalucía, Diario16 también habló con el alcalde socialista de Nerva, José Antonio Ayala, quien públicamente no se había manifestado a favor o en contra de los planes de la empresa pidiendo tiempo y confianza, ya que “pretendo hacerlo cuando tengamos los resultados y cerremos las mesas de diálogo abiertas con asociaciones y movimientos ciudadanos. Es el marco en el que me pronunciaré y adoptaremos la posición que salga mayoritariamente de esas mesas”.  También lo ratificó frente a los vecinos en la primera mesa de dialogo. Sin embargo, los acontecimientos se precipitaron tras la votación en el Parlamento andaluz, por lo que, al día siguiente, 25 de junio, desde el Ayuntamiento de la población minera la alcaldía emitió una carta-comunicado donde por primera vez manifestaba oficialmente su desacuerdo con las modificaciones que pretende la empresa, a la vez que pedía un plan de transición, con un calendario para el cierre del vertedero y una compensación permanente por los residuos que quedarán en Nerva de por vida. Añadía que el Ayuntamiento había cumplido con el trámite de alegaciones, insistiendo en que “el Gobierno municipal no respalda las modificaciones previstas.

La carta-comunicado fue repartida casa a casa, como días antes había hecho Alternativa Ciudadana pidiendo una consulta popular para que las administraciones conozcan sin manipulaciones la opinión real de los ciudadanos. Curiosamente, en la carta remitida por la alcaldía se indicaba que hacía pública esta decisión “para no generar más incertidumbres”, algo que venían solicitando reiteradamente las asociaciones vecinales y agrupaciones más implicadas, además de los partidos de la oposición.

El caso contrario, tras la votación parlamentaria, lo vivió el líder del Partido Popular de Nerva, José Lozano, quien siempre se ha mostrado implicado de forma clara y combativa contra la existencia del vertedero, e incluso su formación local está integrada, junto a Izquierda Unida, en la Alianza contra el Vertedero. Decepcionado por lo ocurrido en el Parlamento autonómico, él mismo emitió una dura nota avergonzándose de su propio partido, que pasó de “la abstención al no, cuando la primera postura estaba más que justificada por el proceso abierto de Autorización Ambiental que todavía no se ha resuelto”. Manifiesta Lozano a Diario16 “el gran sufrimiento de Nerva por este asunto durante tantos años -y señala- que si no se ha buscado una alternativa en otro lugar es porque el vertedero mueve muchos intereses, pero lo lógico es que dialoguemos y se busque una fecha para el cierre”. Sin embargo, el actual Partido Popular andaluz ha cogido el testigo de la anterior administración socialista. No hay una respuesta a un plan de cierre ordenado. El gran perdedor, Nerva. 

La empresa de gestión Dictesa, también ha tenido la oportunidad de exponer su proyecto, al ser invitada por el Ayuntamiento para que explicara a los vecinos los planes sobre el vertedero, lo que ya se conocía a través de un publirreportaje en Huelva Información, desmintiendo que fuera a aumentar la capacidad autorizada y asegurando que su propuesta es realizar una inversión de  más de seis millones de euros para facilitar a las empresas contaminantes cumplir con la llamada Economía Circular,  incidiendo en los actuales depósitos, la gestión irresuelta  (y son 22 años) de las aguas y una planta para recuperar algunos residuos. El director general de Ditecsa (DSM), Manuel Roca, se acercó hasta Nerva para insistir en que el proyecto “no es una ampliación”, ni un aumento de las capacidades. “Un negocio debe avanzar y adaptarse y por eso hemos hecho esta modificación sustancial que se ajuste a una autorización medioambiental, que nos lleve a cinco, diez o veinte años”. Pretende tres modificaciones, “una sobre los vasos, que no implica aumento de capacidad, sino que el vertedero se cierre de la mejor forma posible cuando se complete la capacidad autorizada; otra sobre el tratamiento de aguas, buscamos acciones para que las aguas del vertedero se vayan ‘para afuera solas’ y el tercer punto realizar instalaciones de tratamiento de residuos auxiliares”. Y en este punto quedó claro que la empresa busca dar continuidad, con otros usos, a la instalación del vertedero para cuando ‘oficialmente’ se colmate, para lo que no dio fecha. “Evitar que la actividad y el negocio se acabe”, señaló textualmente Manuel Roca, y explicó las diferentes plantas industriales que quieren hacer para “seguir trabajando en Nerva”. Esto supondrá la construcción de nuevas instalaciones, “para mantener el empleo sin el depósito”. Y sorprendentemente los vecinos escucharon de su voz que la modificación sustancial que proponen “no tendrá un mayor impacto sobre el medio ambiente”. En el publirreportaje, publicado en el más importante medio impreso onubense, se remarca que este vertedero de Nerva “es esencial para el tejido industrial de Andalucía”, ya que da servicio a 800 clientes, que necesitan “contar con un centro de referencia de gestión de residuos y recuerda que da trabajo directo a 42 personas y “colabora económicamente con el Ayuntamiento de Nerva”.

Es decir, claramente se señalan los problemas que generaría el cierre a las empresas que producen esos residuos contaminantes y necesitan este vertedero, pero Ditecsa no responde a ningún plan de desescalada, ni plantea ninguna fecha de cierre, ni siquiera contesta a la necesaria rehabilitación de los terrenos incluidos en los planes iniciales y, sobre todo, no tiene en cuenta la oposición de los vecinos contra la existencia y continuidad del vertedero, chantajeando (recordando) los 42 puestos de trabajo y los algo más de 500.000 euros anuales que entrega al Ayuntamiento de Nerva, necesarios hoy para el pago de nóminas y mantenimiento de servicios municipales. El alcalde, José Antonio Ayala, reconoció la miseria que recibe Nerva por la existencia del vertedero y admitió que su partido “el PSOE (Andalucía) cuando ha gobernado no nos ha solucionado la vida, Nerva necesita un trato distinto, un trato mejor”. La existencia del vertedero supuso, en la última liquidación para el Ayuntamiento de Nerva, 508.000 euros del canon de la empresa y 170.000 euros adicionales por impuestos ambientales de la Junta de Andalucía. Total, 678.000 euros.

Los vecinos recordaron a la empresa que las capacidades de los proyectos iniciales están superadas desde hace más de 15 años, ya que los vasos están rebosados y se sigue vertiendo sobre ellos, por los recrecidos -aumento de cotas- que se han ido produciendo. La empresa sostiene que aún quedan por rellenar 400.000 metros cúbicos para residuos peligrosos y hasta 1,8 millones de metros cúbicos para los no peligrosos y se escuda en las autorizaciones obtenidas por las anteriores administraciones socialistas de la Junta de Andalucía, lo que ahora puede repetirse con la nueva administración PP-Cs. Sin embargo, el representante del PP local, José Lozano, dejó claro su rechazo frontal a los nuevos planes “condenando a Nerva 12 años más, porque parece que el vertedero nunca va a dejar de colmatarse, permiso tras permiso. No queremos una planta de tecnosuelos que tantos problemas ha creado en Galicia, ni una chimenea de diez metros de altura echando humo continuamente a solo 700 metros del pueblo. No lo quiero”.

Sin embargo, los planteamientos de la empresa pasan por esos nuevos usos para el vertedero bajo el eufemístico nombre de “economía circular”, exigiendo nuevas instalaciones. Desde Ecologistas en Acción, se cuestionan las líneas defendidas por Ditecsa, tanto en lo que se refiere al no aumento de capacidad, obviando los recrecidos que se producen, como a la utilidad y fines de las nuevas plantas industriales proyectadas, lo que por sí mismo constituye un incremento de superficie habilitada, ya que se quiere ampliar la capacidad aumentando la cota de coronación para el sellado de los vertidos y montar fábricas para otros usos en los terrenos acotados.

Juan Romero, de Ecologistas en Acción, es claro, y ante Diario16 sostiene que “la empresa sabe que el vertedero está lleno. No se ha cumplido ninguno de los planteamientos por los que nació, ni se ha mantenido el necesario control administrativo en una actividad tan sensible como es el control de residuos tóxicos. La empresa lo que quiere es cobrar dos veces, una por depositar en Nerva los residuos y la otra por vender los que sean sometidos a manipulación para ser reutilizados otra vez en el mercado. Pretende así prolongar en el tiempo el supermercado de residuos haciendo doble negocio”. Preocupa la contaminación y los olores que generarían las nuevas plantas, una de biomasa (caldera) para generar electricidad, otra de tecnosuelos y otra de combustibles sólidos de sustitución.

Los ecologistas están muy preocupados porque nunca se ha resuelto el problema de las aguas. Por el vertedero pasaban dos arroyos, el de El Ventoso y el de El Canario, que crean bolsas de aguas que quedan bajo el vertedero. Ambos arroyos unidos desembocan en el río Tinto. La empresa montó las instalaciones encima del arroyo hasta el punto de que la Confederación Hidrográfica del Guadiana llegó a paralizar la utilización durante un tiempo. Sellaron la salida de las aguas, pero estas buscan escapar y terminan llenando los vasos donde se depositan los residuos. Según Ecologistas en Acción, “ese es el principal problema que sigue teniendo el vertedero, las aguas de lluvias y las subterráneas, lo que les obliga a vertido cero, para que traten las aguas sin que lleguen al río Tinto. Nunca arreglaron el problema, ya que los excedentes de aguas no tratadas -incluso bombeando los vasos- siguen llegando al río Tinto. La Administración andaluza ha sido incapaz en toda la historia del vertedero de actuar eficientemente contra estas irregularidades que significarían un delito penal, gracias a la defensa ejercida por el potente gabinete jurídico del que se ha dotado la empresa”. Ahora quieren instalar una planta nueva para tratar residuos líquidos externos, lo que necesita el permiso de la llamada cuenca Atlántica (Tinto-Odiel-Piedras) y en opinión de Juan Romero, “estaríamos ante un nuevo atentado al verter esos líquidos, junto a las aguas de los vasos, unos 250.000 metros cúbicos, que llegarían al rio Tinto. Es un disparate, que los vertidos afecten al ecosistema de bacterias y microorganismos del río Tinto, con un gran interés científico, actualmente en estudio, estando además el vertedero y el río en una zona calificada como Bien de Interés Cultural (BIC), siendo el río considerado Paisaje Protegido y además se ubica en una zona de especial conservación por la Unión Europea”. Parece que la Junta mira, como siempre para otro lado, gobierne quien gobierne. La palabra clave la tendrá Cultura que puede parar estos proyectos, ya que está también en juego que la zona minera del río Tinto pueda ser declarada Patrimonio de la Humanidad. Con el vertedero plenamente funcionando y sin horizonte de cierre las pretensiones tienen pocas posibilidades de éxito.

La situación es muy crítica ante el peligro que supone que la Junta de Andalucía acceda a autorizar los nuevos planes de Detecsa, lo que ha reavivado a los colectivos ciudadanos de Nerva y la cuenca minera que se oponen a nuevas alteraciones y usos del vertedero y, especialmente, claman por su cierre. El debate público se ha reactivado, no solo por los proyectos de la empresa, sino por la connivencia mostrada por la Junta de Andalucía que ha aprovechado los inconvenientes del confinamiento por la Covid-19 para iniciar los trámites de alegaciones. La ciudadanía ha respondido y prepara nuevas acciones, ya que no se entiende que tras 22 años de actividad de un vertedero de productos tóxicos peligrosos ninguna Administración autonómica, sobre la que recae la responsabilidad, haya sido capaz de elaborar un plan de cierre de un vertedero que ha excedido con mucho los fines para los que fue creado. No recibe solo los residuos andaluces de las provincias limítrofes, sino que llegan residuos de otras zonas de España y hasta de países europeos.

Los vecinos están cansados de padecer, a menos de un kilómetro de sus casas, uno de los mayores basureros de productos tóxicos y peligrosos de Europa. Los accidentes de camiones con productos tóxicos, los incendios, los malos olores, las filtraciones y los vertidos incontrolados al río Tinto son algunas de las incomodidades y peligros que soportan los vecinos de Nerva (algo más de 5.000 habitantes) que quieren plantarse ante unos planes que podrían alargar la venenosa actividad hasta mediados de los próximos años treinta. En esta ocasión, la acción ciudadana unida está decidida a parar el gran despropósito.

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