El negacionismo se ha convertido en el combustible primordial del nuevo populismo demagógico, el cemento ideológico sobre el que se asienta el nuevo fascismo ultraliberal y tecnológico del siglo XXI. Desde el Estados Unidos de Donald Trump a la Rusia de Putin, esta nueva corriente de pensamiento basada en la superchería anticientífica, el fanatismo, la degradación de la democracia liberal y el irracionalismo se extiende por todo el mundo. Lo hemos visto aquí, en nuestro país, hace solo unos días, cuando centenares de personas seguidoras del negacionismo salían a la calle para manifestarse por las calles de Madrid. No solo gritaban eslóganes descabellados y fuera de todo sentido común como “queremos ver el virus”, sino que lo hacían sin mascarilla y saltándose las medidas de prevención y distanciamiento social. Las imágenes de toda esa gente contagiándose unos a otros, en un aquelarre nihilista y suicida, hablaban por sí solas.

El negacionismo atenta contra el espíritu de lo verdaderamente humano, contra la razón misma, contra la ciencia tal como la conocemos desde que los antiguos presocráticos griegos tuvieran aquella maravillosa intuición de que el ser humano puede llegar a la verdad mediante un método empírico libre de prejuicios, supersticiones e ideas religiosas preconcebidas. La razón científica es la luz; el negacionismo es la oscuridad. La ignorancia afirma o niega rotundamente; la ciencia duda y busca la verdad de todo, como sugería el divino Voltaire. Por eso, porque rompe con una tendencia cultural de más de dos mil años en busca de una explicación lógica para el funcionamiento del cosmos, el negacionismo no deja de ser un comportamiento antinatural, aberrante, mitológico-fantástico, que empuja a quien lo padece a rechazar una realidad empíricamente verificable y demostrable mediante datos fehacientes. El negacionista da la espalda a la realidad (el miedo al universo puede llegar a ser aterrador) para instalarse en una mentira mucho más cómoda, confortable y manejable. Es decir, este tipo de personas prefieren refugiarse en un mundo cómodo y soportable, aunque construido a fuerza de falsedades y engaños, antes que afrontar la terrible y cruda verdad de la existencia humana. Desde ese punto de vista, el negacionismo es una inmadurez, una debilidad, un delirio infantiloide.

Sin embargo, la repercusión en cada individuo no es lo más grave del fenómeno. Desde la perspectiva de lo colectivo, de la historia de la humanidad, nos encontramos ante una singularidad que ha cuajado como movimiento organizado y mundialmente extendido, de tal forma que el negacionismo se ha convertido en una de las ideologías políticas más destructivas, perversas y nocivas de cuantas hayan surgido en el último siglo. La nueva moda ideológica (en realidad una degeneración decadente) ha arraigado en múltiples formas: terraplanistas, antivacunas, creacionistas, cienciólogos, ufólogos, conspiraoinicos, parapsicólogos, naturistas radicales contrarios a la medicina, sectarios de nuevas religiones, satánicos, milenaristas y un sinfín de vanguardias de lo estrafalario y lo sobrenatural. Gente sin escrúpulos como Donald Trump o Jair Bolsonaro se han percatado de la enorme influencia que han adquirido todos estos movimientos irracionalistas en los últimos años y los han utilizado de forma astuta para llegar al poder. Ese ha sido el secreto de su éxito. Los nuevos populistas demagógicos han comprendido que destruyendo el orden establecido y asentado sobre la ciencia y la democracia desde el Siglo de las Luces se puede instaurar un nuevo mundo elitista, esotérico, mágico, un tiempo feudal casi prehistórico en el que las sociedades ya no se articularán en torno a la lógica de la razón y los principios básicos filosóficos sino alrededor del culto al líder, la bandera y el fuego sagrado de la religión. Controlando el voto negacionista tienen media batalla ganada en su conquista del poder. De ahí que la extrema derecha haya recuperado figuras que parecían restos del pasado histórico más lejano como el caudillo, el guerrero, el jefe de la tribu, el monarca absoluto y el chamán. No hay más que recordar la imagen de Trump mostrando la desafiante Biblia al mundo en medio de una batalla campal entre manifestantes antirracistas y policías para entender cuáles son los planes reales del nuevo populismo fascista.  

Esa forma política piramidal y autoritaria, híper personalista y teocrática, es la que promueven partidos como Vox en España. Las últimas manifestaciones negacionistas formadas por centenares de personas han dejado estupefactos y fuera de juego a los sociólogos más instruidos. Pocos son los analistas que se atreven a aventurar un diagnóstico sobre lo que está ocurriendo en las sociedades modernas, sobre esta extraña enfermedad nihilista, conspiranoica y suicida que lleva a quien la padece a lanzarse a la calle para participar en una manifestación sin mascarilla sabiendo que es carne fácil para el coronavirus. Santiago Abascal, al igual que Trump en Estados Unidos, ha sabido agitar esa coctelera de confusión social y lo ha hecho canalizando el miedo de las masas ante el futuro y la pandemia; el odio de una parte de la sociedad contra el sistema democrático; la pérdida de valores humanos; la desconfianza ante una ciencia que avanza siempre despacio mediante el ensayo y el error; el auge de las sectas; la decadencia de las religiones tradicionales; y en general el momento de crisis mundial en todos los aspectos −desde la economía a la política pasando por la peor de todas, la crisis cultural, moral y de pensamiento−. En realidad, lo que hace Abascal es calentar a sus huestes negacionistas, sacarlas a la calle para que caldeen el ambiente de cara a la moción de censura contra Pedro Sánchez que ha anunciado para el próximo otoño y que está abocada al fracaso de antemano. El líder de Vox se mueve como pez en el agua en las nuevas tecnologías, un caldo de cultivo ideal para la proliferación de gente que se asocia en grupos secretos y que se retroalimentan en el bulo y el odio contra el establishment.

La unidad de acción nuevo fascismo/negacionismo anticipa una distopía terrorífica que ni el más avezado novelista de ciencia ficción hubiese soñado. La mezcla explosiva que forma el nacionalismo patriótico, el fanatismo anticultural y por qué no decirlo, la ignorancia en sus nuevas formas, es altamente peligrosa porque corroe los cimientos de una sociedad libre, moderna y democrática hasta devolverla a tiempos atávicos, casi medievales. Tan importante como combatir el fascismo es hacerlo contra el negacionismo y eso exige inversión en educación para que las nuevas generaciones estén cada vez más instruidas, informadas y preparadas; más gasto en cultura para difundir nobles ideales en la sociedad; y más dotación presupuestaria en investigación científica para demostrar que solo la ciencia, y no los prejuicios irracionales, nos librará de la maldita pandemia biológica y también de la sociológica. No hay otro camino que la Educación en libertad y en valores democráticos. Lamentablemente, si nos atenemos a las cifras de inversión en profesores y colegios que presenta España en relación a los demás países europeos, cabe concluir que nuestro país es tierra abonada para los negacionistas de todo signo y condición.

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11 Comentarios

  1. Hay un negacionismo que no cita en su escrito (imagino que será un olvido). El negacionismo político llevado a cabo por sectores de izquierda y nacionalistas, que niega que España sea una democracia.

    Nuestro país España es una «democracia plena» según coinciden todos los índices de evaluación de las democracias. La 19, Por delante de EEUU, Francia, Italia o Bélgica que ocupa el 31.

    Además España forma parte desde hace más de 30 años de la UE, que como es sabido solo admita a países democráticos.

    Tampoco, ningún país, u organismo internacional democrático, niega, cuestiona, o pone en duda que España es una «democracia Plena»

    Pues bien ignorando que todos los países de la UE son democracias, ignorando que los diferentes ranking nos evalúan como «democracias plena», e ignorando que sin excepción la comunidad democrática internacional nos considera una democracia, los negacionistas políticos sostiene lo contrario.

    Su escrito quedaría más completo y enriquecido si incluyera en el mismo a los «negacionistas» nacionalistas y de izquierdas que niegan que España sea una democracia. Que son tan numerosos (y peligrosos para la democracia y la convivencia) como los de Trump, Vox o Bolsonaro.

    • Yo pensaba que fue el PP el que denunció en europa que España no era una democracia.
      Las personas de izquierda pensamos que este gobierno tiene legitimidad porque ha, salido del congreso de los diputados que indirictemante han sido elegido por el pueblo soberano que es donde reside la soberanía nacional.
      Los de izquierdas no somos negacionistas de la democracia.
      Los negacionistas de la democracia de España son los que no reconocen su legitimidad.
      Saludos

      • josechu; lea bien. «El negacionismo político llevado a cabo por -sectores- de izquierda y nacionalistas» En ningún momento afirmo que sea toda la izquierda ni todos los nacionalistas.

        Me refiero a numerosos articulistas y comentaristas de izquierda, especialmente beligerantes, que niegan taxativamente que España es una democracia. Es decir «rechazan aceptar la realidad empíricamente verificable». Es decir son negacionistas.

        Por supuesto que el gobierno de Pedro Sánchez tiene legitimidad, y por supuesto que hay también negacionistas de derechas.

        Saludos

  2. Bueno,quien hace muy poco negaba que en españa hubiera una democracia y un gobierno democratico es la derecha y la extrema derecha..¿Quien ha sacado caceroladas a las calles,manifestaciones en coche en plena pandemia bajo la consigna de que en españa hay un gobierno dictatorial que prohibe derechos fundamentales?Claro,que cuando estas prohibiciones las hace el gobierno de psudoizquierda es una dictadura,cuando ahora lo hacen las comunidades,sobre todo las gobernadas por el PP-vox,es una democracia plena.
    Independientemente de esto,se le llame y se diga lo que se quiera,cuando a la maxima autoridad de un pais no se le elige en las urnas,cuando al jefe de estado no es posible elegirlo,algo falla en la democracia.

  3. El Sr.Ortiz vuelve a la carga con los mismos argumentos y yo le digo con rotundidad,que España es un estado fascista irreformable.

    • FRN y Reig.

      Según el Indice de las democracias de The Economist de 2019, que analiza 167 países, España se consolida como democracia plena, la número 18 del mundo. Mejorando un puesto respecto al año anterior.

      El índice «The Global State of Democracy 2019» que analiza 158 paises, la sitúa mejor todavía en puesto 13.

      El «Rule of Law» de «World Justice Project», nos sitúa en el puesto, 21 en cumplimiento del Estado de Derecho.

      En cuanto a libertades «Freedom in the World 2019» que elabora «Freedom House». nos sitúa en puesto 20. Por delante de Francia, Italia y Reino Unido.

      PD: Negacionismo definición; «rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable.

  4. Ortiz
    Usted puede dar todas las citas que quiera y desee,aunque es curioso que todas a las que usted hace mencion son de medios «anglos»,mas bien norteamericanos,es decir los amos-amigos,los compañeros de la OTAN,de la CEE..Use tambien medios que esten escritos en frances,aleman,ruso,español o arabe,seria mas justo en su organigrama.
    Nadie discute que españa sea una democracia,punto.Pero de democracia plena creaselo usted.
    Se que mi opinion para usted no es valida,mas aun viniendo de alguien que escribe y habla español de españa,pero si un pais no puede elegir a la cupula de la piramide y la cupula de la piramide viene dada por la imposicion de un tirano,esa democracia colea.

  5. Sr.Ortiz,no quiero llevarle la contraria por llevarsela.Le voy a explicar someramente el porque España no es una democracia al uso y en consecuencia un estado fascista:
    1º)En España jamas ha habido un Gobierno provisional democratico encargado de convocar unas elecciones libres a Cortes Constituyentes.
    2º)La Jefatura del supuesto estado democratico jamas se pudo elegir.
    3º)Las instituciones del estado jamas fueron depuradas de elementos fascistas y lo que es peor,al dia de hoy, seguimos en el punto de partida.
    4º)Los llamados»constitucionalitas» solo respetan determinados articulos referentes a la sacra unidad de la Patria,a la economia de mercado(sancta sanctorum del sistema capitalista) y algun que otro articulo mas que convenga,el resto es papel mojado.
    5º)¿Honradamente se puede llamar a esto una DEMOCRACIA?

    • Sr. FRN. Los países anglosajones son dados en utilizar las estadísticas (en lugar de la intuición como hacen algunos) como fuente de conocimiento, y las más fiables suelen provenir de ellos. No obstante si usted tiene datos de otras fuentes de reconocido prestigio le agradecería que las citara.

      Que España sea una «monarquía» tampoco es argumento que reste validez a nuestra democracia. Cinco de las naciones más democráticas del mundo son monarquías; Reino Unido, Dinamarca, Suecia, Noruega o Bélgica son monarquías. Y los cinco países más totalitarios del mundo son repúblicas. (Vean Wikipedia «índices de las democracias»)

      Sr, Reig, no insista en su negacionismo; usted no puede tener razón y la UE, la ONU, The Economist, World Justice Project, Freedom House y el mundo entero estar equivocados. Esa postura es irracional e indefendible.

      Aceptar que España es una democracia plena no implica necesariamente aceptar que todo este bien. Indudablemente que hay cosas que funcional mal, y otras que son manifiestamente mejorables. Pero no son problemas de democracia ni de libertad.

      Si ponemos el foco en la corrupción veremos que España no está tan bien situada. Si lo ponemos en el paro veremos que estamos francamente mal. Y si lo ponemos en el de «igualdad por ingresos» comprobaremos que estamos bastante peor; puesto 61.

      Insisto. Nuestros problemas son de desigualdad, de corrupción y de mala gestión de nuestros gobernantes, de ………… Pero no de falta de democracia ni de falta de libertad.

  6. Plantear dudas u objeciones a las versiones oficiales desde un pensamiento de izquierdas no es negacionismo, demagogo

    • Señor Jose Luís, no son «versiones oficiales». Las fuentes que cito son también diarios, e instituciones internacionales independientes, de reconocido prestigio.

      Tampoco el señor Reig plantea «dudas y objeciones», sino que niega taxativamente que España sea una democracia. El «rechazo a aceptar una realidad empíricamente verificable» es negacionismo.

      La República fue en su día atacada ferozmente, además de por la derecha, por comunistas, socialistas y anarquistas; los mismos que ahora ondean su bandera en las manifestaciones. No volvamos a cometer el mismo error con la democracia.

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