Desde Narcóticos Anónimos se ofrece apoyo presencial y virtual a las personas que quieren dejar de consumir drogas. Foto: Freepik.

En el momento actual, en el que la emergencia sanitaria parece que obligue a priorizar unos problemas sobre otros, son muchos los colectivos que parecen haber quedado relegados a un segundo plano. Es el caso de las personas adictas a las drogas que luchan por dejar atrás su adicción. Narcóticos Anónimos (NA) es una asociación de ayuda mutua reconocida de utilidad pública por el el Plan Nacional sobre Drogas y el Ministerio del Interior que ofrece terapias de grupo como principal herramienta para dejar de consumir drogas. Ante las medidas sanitarias desplegadas en todo el país, NA ha tenido que adaptarse y buscar una manera de seguir ofreciendo un servicio indispensable para un usuario al que el abandono de la terapia le puede arruinar la vida. En una conferencia ofrecida esta semana para presentar este recurso, que cuenta con más de medio siglo de existencia y que tiene presencia en más de 140 países en todo el mundo, miembros de la asociación han explicado con detalle que representa para ellos lo que llaman “El programa de NA” y como se están adaptando a la situación actual.

El contacto humano

Desde NA explican la relevancia del problema en unos términos alarmantes: “El drama de las personas adictas a las drogas suele acabar en la cárcel, el hospital o la muerte”. Es el caso de Enric, de 51 años, que explica el difícil momento que vivía antes de dejar las drogas: “El consumo de drogas me había obturado la carótida y sufrí un infarto que casi me mata”. En esos momentos de crisis son muchos los que no tienen recursos y necesitan ayuda instantánea: “Salí del Hospital y me hablaron de unas reuniones de libre asistencia y gratuitas” continúa Enric. Y así da comienzo un periplo que tiene en el contacto humano uno de sus puntos fuertes: “Cuando llegué me dieron un abrazo y me ofrecieron un té; me dieron sus teléfonos y me dijeron que en cualquier momento y a cualquier hora les podía llamar” afirma Enric.

Adaptarse a la situación

“Uno de los principales alicientes que ofrece NA es la compañía, el afecto y la cercanía que se transmiten mediante un abrazo” explica Fabian, que después de llevar años sin consumir drogas ayuda a dar a conocer la asociación. El abrazo, que ayuda a muchos a dejar de sentirse solos, se convirtió de repente en algo prohibido y peligroso: “La pandemia nos impedía continuar con nuestras reuniones de una manera habitual” continúa Fabian. Esta asociación que no cuenta con ayuda profesional se adaptó en un tiempo récord a una situación compleja: “La mayoría de los grupos de NA comenzaron a abrir reuniones en diferentes plataformas y esto permitió que los miembros pudiesen continuar su recuperación“ señala Fabian. La cobertura que ofrece en estos momentos NA es impresionante: “Hay 15 reuniones virtuales al día lo que permite una cobertura terapéutica desde las 8 de la mañana a las 10 de la noche todos los días de la semana” cuenta Emmanuel, otro miembro de la asociación encargado de moderar la conferencia.

Un universo inmenso

El límite físico que suponen las reuniones presenciales parece quedar atrás: “Estábamos acostumbrados a nuestro pequeño grupo; a conocernos. Y de repente se abre un universo inmenso y contactamos con personas de todo el mundo” señala Fabian, para quien pertenecer a una asociación que tiene presencia a nivel mundial es toda una ventaja: “El programa de NA es uno solo; puede cambiar el idioma, el acento o el color de la piel, pero funciona tanto aquí como en Ecuador, en Brasil o en Estados Unidos”. Fabian habla satisfecho cuando explica cómo la actividad de la asociación se mantiene en pleno funcionamiento a pesar de la crisis sanitaria: “Hay  mucha gente que ha empezado su proceso de recuperación en NA asistiendo a reuniones virtuales, esto demuestra que, aun sin tener contacto físico, nuestra manera ilusiona y funciona”. A pesar de todo, hay algunos que siguen prefiriendo las reuniones presenciales y esperan que el efecto de la vacuna les permita, cuanto antes, abrazarse de nuevo.

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