Ingmar Bergman entre dos de sus musas, Andersson y Liv Ullman.

Es imposible imaginar el cine de Ingmar Bergman sin la presencia de Bibi Andersson. La actriz sueca fue en la pantalla el alter ego femenino del cineasta, con quien empezó a trabajar a los quince años, y juntos forjaron ese perfil de mujer dura y firme sin perder sensibilidad, independiente, de eterna herida abierta y esperanza latente, reflejada en agradable y sempiterno rostro infantil; el nuevo prototipo de mujer de los 70. Andersson nació en Estocolmo (Suecia), el 11 de noviembre de 1935, y en esa misma ciudad ha fallecido esta madrugada, 83 años después.

Aunque participó en un centenar de películas, siempre se declaró más enamorada del teatro. Hacía gala de un fino sentido del humor, y echando mano de este no se cansaba de repetir en las entrevistas que la culpa de que nunca llegase a convertirse en un ‘sex-symbol’ la había tenido Ingmar Bergman. Este la descubrió cuando rodaron juntos unos anuncios para la marca de jabón Bris. Después vendrían once películas juntos a lo largo de los años, todas brillantes, y algunas de ellas, por derecho propio, en lo más alto de las listas de las obras maestras del cine, como ‘El séptimo sello’ (1957), ‘Fresas salvajes’ (1957) o ‘Persona’ (1966).

Lo curioso es que sus personajes con el director sueco solían ser bastante simples, en ocasiones apenas un par de notas en el guion de trabajo, pero la actriz conseguía siempre humanizarlos y dotarlos de un fondo y unos sentimientos que terminaban por empatizar con el espectador. Por otro lado, Andersson lamentaba que debido a que todos la relacionaban con el universo dramático de Bergman, nunca llegaron a ofrecer papeles en comedias o películas más ligeras, trabajos que le hubiera apetecido probar.

“La actriz lamentaba que no le ofrecieran nunca papeles en comedias debido a su identificación con el universo dramático de Bergman”

Compartió cartel en varias ocasiones con el otro actor fetiche de Bergman, Max von Sydow, desarrollando entre ambos una química muy especial. También trabajó para otros directores internacionales, como John Huston y Robert Altman, y recibió varios premios a lo largo de su dilatada carrera, entre ellos el Oso de Plata a la mejor actriz en el Festival internacional de cine de Berlín, en 1963, por su papel en La amante, de Vilgot Sjoman (1962).

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