Torra es un cadáver político. Su inhabilitación judicial por no retirar los lazos amarillos lo deja en una situación de interinidad casi absoluta. Con las manos atadas y sin margen de maniobra. Pese a ello se sigue comportando como un líder fuerte y con futuro, ofrece unos presupuestos que quizá no pueda aprobar y se guarda el as en la manga de convocar elecciones en Cataluña, manipulando el calendario a su antojo. El president insiste en mantener la estrategia de la tensión y confrontación con el Estado cuando el viento no sopla a su favor, ya que ERC, gran favorita para ganar los próximos comicios, lleva la mano ganadora. No extraña por tanto que en Junts per Catalunya estén inquietos, por no decir al borde de un ataque de nervios. La batalla de Europa ha embarrancado después de que ningún grupo político del Parlamento de Bruselas haya querido aceptar a Carles Puigdemont y Toni Comín en su seno y la más que probable reforma del delito de sedición pondrá a los líderes encarcelados en la calle más pronto que tarde. El entendimiento es la puerta de salida. La táctica del “apreteu, apreteu”, del contenedor quemado y la pedrada al antidisturbios que promovió Torra parece cosa del pasado. Se impone un nuevo tiempo.

En ese escenario de reconfiguración del problema catalán estalló la primera gran crisis entre el Gobierno de coalición y ERC. De forma unilateral, Moncloa decidió aplazar la mesa de diálogo con los republicanos para abordar el futuro de Cataluña mientras no se produzca la reunión previa con el todavía president de la Generalitat, una entrevista en la que por lo visto Torra no tiene ninguna prisa y hasta podría estar sopesando esperar a que pasen las elecciones (para él un plebiscito sobre su gestión), con la esperanza de que gane Junts Per Catalunya y retomar así las riendas del poder. Como era de esperar, la decisión de retrasar la mesa con Esquerra, probablemente tomada por Pedro Sánchez con el consejo de su gran gurú estratega en la sombra, Iván Redondo, no ha gustado al partido de Oriol Junqueras. Gabriel Rufián, que se vio ayer jueves con Sánchez con carácter de urgencia, asegura que ERC se ha enterado de la decisión del Gobierno por la prensa (una frase nefasta que suele ser preludio de un gran problema) y por momentos la mesa de negociación, piedra angular del Ejecutivo de coalición, ha estado a punto de saltar por los aires.

Parece evidente que las alarmas sonaron ayer en Moncloa, de forma que a las pocas horas el presidente socialista rectificaba su decisión inicial y aceptaba la mesa de diálogo antes de las catalanas, sin duda una medida acertada, ya que la negociación que debe abordar la solución al grave “conflicto político” territorial no puede esperar más. Es evidente que el enfado monumental de los republicanos ha surtido efecto hasta hacer rectificar a Sánchez. Las tensiones han sido máximas, por mucho que Rufián trate de transmitir una imagen de serenidad de cara a la opinión pública. El final de la estabilidad y gobernabilidad de España, que depende en buena medida de ERC, ha estado en grave riesgo. Como también lo ha estado el futuro inmediato del frágil Gobierno de coalición PSOE/Unidas Podemos. “Mucho de lo que ocurrió ayer no nace de la mala fe. Moncloa hace un diagnóstico equivocado, entiende que la mesa se tiene que posponer a después de las elecciones. Le faltaba información”, concluye Rufián. La cuestión aquí es saber si los republicanos han amenazado al Gobierno central con no apoyar los Presupuestos, algo para lo que se hace imprescindible el apoyo de todas las fuerzas minoritarias que votaron sí a la investidura de Pedro Sánchez. Rufián niega que haya ejercido presiones, sin embargo resulta obvio que sin ERC no hay Presupuestos y la sombra de una crisis de Gobierno a las primeras de cambio era una amenaza demasiado peligrosa. A Moncloa le tocaba reaccionar. El presidente socialista ha movido ficha y las cosas han vuelto a su cauce. “En cualquier caso se ha hecho política. Yo no amenacé, hay unos acuerdos que hay que respetar y si no se respetan las relaciones se enturbian. Hay gente que no confía en esa mesa de diálogo y no cumplir los acuerdos es darle oxígeno a los extremos”, asegura el líder catalanista.

¿Quién llamó a quién para reconducir una situación que se iba de las manos? “No importa quién lo hizo. Lo importante es que se ha rectificado. No hay elecciones convocadas en Cataluña, igual estamos hablando de julio o de octubre, no podemos seguir manteniendo eso porque si no, la situación se enquista”, explica el portavoz de ERC en el Congreso de los Diputados. “Poner plazos a la mesa de negociación es ponerse una soga al cuello. Han estado hablando Sánchez y Torra y me parece perfecto que ambos mandatarios hablen antes de esa mesa; sería irresponsable por nuestra parte oponernos”, matiza.

Tras los momentos de zozobra en los que parecía que todo lo que se había construido durante meses de negociación se iba a pique, ha llegado la calma. La pregunta ahora es si Torra toma la iniciativa como interlocutor con el Gobierno de coalición o se dará prioridad a la mesa con Esquerra Republicana. Es decir: negociar con un fantasma que sigue intentando destruirlo todo o hacerlo cuanto antes con el partido más proclive a tender puentes de diálogo y entendimiento. De ello dependerá el futuro inmediato de Cataluña.

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