Foto: ACN.

Molesta que los mossos no dispersasen a los CDR en una autovía mientras los violentos chacales impedían la cotidianidad de sus conciudadanos, y que se comente que se abrirá una comisión de investigación, bufa a cualquier pupila. Molesta, indigna y exaspera que Torra clame por una independencia a lo Eslovenia, una insurrección popular urbana donde los muertos le ayuden a negociar, maniobra hampona copiada de ETA. Molesta que dos grupos de la oposición pidan la inmediata aplicación del 155, justo lo que los fanáticos independentistas esperan para agitar el panal, aunque menos, pues habrá que implementarlo al cabo y en breve, cuando a Torra se le acabe de ir la olla. Molesta la indefensión de más de la mitad de la ciudadanía de Cataluña con sus gobernantes, y eso que ya marchan. Las bastantes y distintas manifestaciones en Cataluña le exigen al Sr. Torra que se deje de mangoneos, chorradas, estulticias con la independencia, y que se ponga al tajo con los problemas de la autonomía y sus gentes y no haga dejadez de funciones o incompetencia, que viene a ser lo mismo.

Molesta que la ley más necesaria de la legislatura, la laboral, ni se planteé por la presbicia de los tres partidos constitucionalistas de la Cámara Baja. Su terquedad en los argumentos y lo corto de su visión periférica impiden un acuerdo de mínimos que ayude, su obligación, a cientos de miles de familias y a la mayoría de los trabajadores, con contratos en precario.

Molestan los patriotas de estaño, los de cerrado y sacristía, los populistas morados, los derechistas ultramontanos, incluso algunos cargos del gobierno. Todos creen que su idea de España, ojalá la perfilasen, es la mejor a la par que les falta lo principal, comprender la pluralidad que enarbolan. Molesta que no concuerden en lo sustantivo, nuestros valores y nuestra historia, que cada uno manipula conforme soplan los vientos de las encuestas, sin entender encima que el vendaval de los españoles, con el voto, les pueden arrojar al ostracismo, en especial a Podemos.

Molesta la utilización nacionalista de las lenguas históricas mientras existe el mejor de los ejemplos en coexistencia lingüística, que es el del Gobierno Vasco, aunque a tal menester sea necesaria e imprescindible la moderación y la prudencia del PNV, que no se produce en otros lares de nuestra geografía.

Molesta tanto vocifero, tanto discursito vacuo, tanta atrofia intelectual, tanto maniqueísmo, tanto enfrentamiento. Molesta y escuece y mucho.

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