Miguel Ángel Rodríguez, antiguo secretario de Estado de Comunicación de Aznar, es desde el pasado mes de enero asesor de Isabel Díaz Ayuso, la recientemente investida presidenta de la Comunidad de Madrid. Hacía tiempo que Rodríguez no se dejaba ver por los escenarios del poder pero por lo visto ha vuelto. Al final, toda cabra tira al monte y como ningún político puede estar dos semanas seguidas metido en su casa sin hacer nada, pasando el mono del anonimato, el bueno de Miguel Ángel ha decidido regresar a las trincheras, esta vez en el frente de Madrid.

Por lo visto MÁR, uno de los muchos restos del aznarismo que se perdieron en las procelosas aguas del tiempo, debe haber pensado que el mundo no puede seguir girando sin sus brillantes e imprescindibles ideas. Y al final Pablo Casado le ha dado el carguete de ayudante de cámara de la reina castiza. Según publica la prensa, todo el discurso ultraliberal de Ayuso sale de la cabeza de Rodríguez. Ahora se entiende todo.

Casado ha rescatado el traje viejo de MÁR del armario de la historia, lo ha desempolvado convenientemente, lo ha aireado un poco para quitarle las polillas y lo ha presentado como el hombre que necesitan Madrid y su presidenta, sobre todo su presidenta, que no es Margaret Thatcher precisamente y está falta de un tutor. Rodríguez es la mente pensante de Díaz Ayuso, el demiurgo barbudo en la sombra, el gran hacedor del pensamiento político que ella va repitiendo después, de pe a pa, como una buena catequista que lee la Carta de San Pablo a los Corintios en misa de doce. Sin embargo, pese a que Rodríguez llegaba con la vitola de extriunfador, de hombre victorioso de Aznar, Ayuso no ha conseguido ganar las elecciones autonómicas. De hecho, Ángel Gabilondo pasó por encima de ella y el PP dejó de ser el partido más votado por los madrileños por primera vez en 28 años. Solo el pacto infame del trifachito, sumando los votos de populares, Ciudadanos y Vox, la han aupado a la Presidencia de la Comunidad de Madrid.

Rodríguez siempre ha sido un provocador incorregible que ha vivido de la polémica, del cinismo y la demagogia. Tras la caída del imperio español aznarista y su salida de la política se hizo tertuliano de televisión. Y ahí empezó su temporada en el infierno, que diría Rimbaud. En 2011 fue condenado por un juzgado de Madrid como autor de un “delito continuado de injurias grave realizado con publicidad” contra el médico Luis Montes, a quien MÁR llamó “nazi” por el caso de las supuestas sedaciones irregulares en el Hospital de Leganés. Dos años después, en 2013, fue arrestado por conducir borracho. Al parecer la lio parda tras provocar un choque contra tres vehículos que estaban estacionados en el distrito de Retiro −cuadruplicaba la tasa de alcohol permitida− y aunque pidió perdón por su “mal ejemplo al volante” su imagen quedó seriamente dañada y ya nunca más fue el mismo.

Hoy Rodríguez es uno de los políticos más activos en las redes sociales (lo cual no es decir demasiado en su favor) y bajo su nombre de guerra “MÁR” son sonadas sus trifulcas tuiteras con trols, haters y otras peligrosas especies digitales, haciendo bueno aquello de “que hablen de uno, aunque sea mal”. El gran gurú de la comunicación de Aznar se dedica, entre otras cosas, a perder el tiempo enviando mensajes al mundo con el pajarito azul. “Creo que Telemadrid está ya preparando el reportaje de los niños famélicos, hambrientos, abandonados y desnutridos que deambulan solos por las calles de Madrid desde que gobierna el PP”, ha sido su última grosera boutade. Poco antes ya la había tenido con un periodista al que dijo: “¿Es usted sindicalista de CC.OO a sueldo de Telemadrid por no hacer nada cada día, ni cada semana, ni cada mes? Oiga, no moleste”.

MÁR se resiste a pensar que su momento ya pasó, que se ha quedado antiguo en un par de años, y que hoy otros ultras mucho más jóvenes y duros que él (la muchachada escuadrista de Vox) son las estrellas del circo. Sin embargo, el hombre ha conseguido sobrevivir, sacar la cabeza tras su naufragio personal y político, lo cual tiene su mérito, y ahora, como asesor, le escribe los sermones del domingo a la discreta presidenta. Ya se notó la mano de un negro en el discurso de investidura que Díaz Ayuso impartió en la Asamblea regional. Aquello tan grandilocuente y chirriante de que “con el PP Madrid seguirá siendo una región con altas cotas de libertad y progreso social” no pudo haber salido de ella, sino de alguien con el colesterol de la demagogia delirante muy disparado. Algo nos dijo entonces que detrás de la muñeca bien vestida estaba el ventrílocuo. Ahora ya sabemos quién es el tramoyista de Isabel.

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